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60º Festival de Berlín: el turco Semih Kaplanoglu da una lección de cine y humildad

60º Festival de Berlín: el turco Semih Kaplanoglu da una lección de cine y humildad
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Pasado ya el ecuador del festival, en esta sexta jornada hemos tenido cine de estilos, nacionalidades y calidades estéticas muy dispares. Ha empezado muy bien todo, con el inesperado golpe de talento de ‘Bal’ (‘Honey’, de Semih Kaplanoglu), ha seguido regular o mal, con la memez de película norteamericana ‘Please Give’ (de Nicole Holofcener), y ha concluido de manera extraña con la dura, aunque balbuciente, ‘Shekarchi’ (‘The Hunter’, de Rafi Pitts). No hay un solo día en que podamos terminar de manera totalmente satisfactoria, pero también es cierto que no hay un solo día en que no programen alguna película realmente interesante.

De todas formas, observando la desidia de los medios de comunicación, que sólo prestan atención a los grandes títulos de las grandes estrellas, e ignoran de manera abierta y descarada a autores pequeños, que son la razón por la que estos festivales existen, no sé si algunos se merecen otra cosa. Ayer tuvimos dos películas estupendas (la alemana ‘The Robber’ y la noruega ‘A Somewhat gentle man’), pero muchos hablaban de día desperdiciado, y en ciertos periódicos de total nadería. Pero no se puede esperar algo diferente cuando vemos una obra de arte, ‘A woman, a gun and a noodleshop’, y pasa por aquí de puntillas.

Conmovedora ‘Bal’ (‘Honey’)

A las nueve de la mañana, que es cuando el respetable más tiene que luchar contra el frío, el sueño, y el cansancio que provoca un festival tan grande y exigente como este, pudimos ver la película turca ‘Bal’, que es un dechado de coraje, audacia, humildad y amor por la naturaleza. Supongo que muchos periodistas tienen mejores cosas que hacer que ir a ver esta pequeña gran película, o que son demasiado “exigentes” y sólo “saben” apreciar las grandes películas de Scorsese, Polanski y nombres grandes como esos. Lo digo porque la sala del Palast no estaba llena ni mucho menos, y sólo hay un pase de prensa para los periodistas, pero supongo que el talento que a mí me hizo despertar de mi cansancio y quedarme con la retina pegada a la pantalla, a ellos, que tanto saben, no les produce ni frío ni calor.

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‘Bal’ está protagonizada por un asombroso niño de cinco años llamado Bora Altas, el cual interpreta a Yusuf, un crío que vive en las montañas de Anatolia con su padre y su madre. Es un niño tímido, introvertido, con un inmenso, profundo y oscuro mundo interior, que apenas se relaciona con nadie, más que un poco con su madre, y sobre todo con su padre, al que habla en susurros, porque para él hablar en voz alta es impensable. Es un niño inteligente, pero ensimismado, al que aburre su entorno, pero que siente un inmenso amor por la figura paterna, un apicultor que se dedica a colocar colmenas en lo alto de altísimos árboles.

Es posible que para muchos esta película resulte pesada, pero el director Kaplanoglu se ha marcado un camino, y lo va a seguir hasta el final, olvidándose de entretener al espectador, y preocupándose ante todo por una verdad que para él es importante. Esto, para muchos no significa nada, para mí lo es todo. Hay una desolada belleza en este relato, y mucha ternura. Pero sobre todo me conmueve la imagen del pequeño, al que está dedicada la labor del director por entero. Porque es la historia del viaje iniciático de un niño: el choque brutal entre su mundo interior y la crueldad del mundo exterior. Y no se puede contar eso con alardes y énfasis, si no con paciencia, con sensiblidad y con un cuidado exquisito, que es lo que se percibe en cada secuencia.

Los hermosos exteriores, y los detallados interiores (una casa en ciertos aspectos muy tarkovskiana), están fotografiados de manera excelente por Baris Ozbicer, que podría llevarse el premio técnico. Y, como en la película de Yimou, no hay la menor música extra-diegética. El director, en la rueda de prensa (donde fue ovacionado), dijo que no necesitaba manipular con música, que para él el mundo ya suena muy bien, y que era un desafío, como dijo Yimou, no incluir música. Hay un infinito amor por el entorno natural, un gran conocimiento y un gran gusto a la hora de componer los planos, que tienen calidades pictóricas pero son profundamente dinámicos.

Como habrán pensado algunos lectores, este filme tiene algunas conexiones con la hermosa ‘El espíritu de la colmena’, y así es. Ignoro si el director la habrá visto, porque son películas que indagan los mismos misterios y con algunos elementos parecidos. Ambas conforman una averiguación del mundo interior de la infancia. No creo que Bora Altas se lleve el premio de la interpretación, ni ninguno de sus fabulosos actores (todos: Erdal Besikçioglu, la guapísima Tülin Özen...), pero lo merecen. Como merece esta bella y conmovedora película estar en el palmarés final. Oí a Werner Herzog, presidente del jurado, decir en inglés que le parecía bella y valiente. Y estoy completamente de acuerdo.

Una memez titulada ‘Please Give’

Después de las sensaciones tan positivas, de la serenidad que nos regaló la película turca, y de la agradable conferencia de prensa con un director humilde, elegante y culto, tuvimos que entrar a ver una historia sobre yuppies que se forran comprando muebles a familias de recientes fallecidos, que luego se sienten culpables por tener tanta pasta e intentan redimirse ayudando a los indigentes, que tienen aventuras imposibles con tías buenas despreciables, cuyos hijos adolescentes con granos quieren vaqueros nuevos. Sí, exacto, una emoción profunda…

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De las cuatro películas que hemos visto hasta ahora de la sección oficial fuera de concurso, no se salva ni una de la decepción o directamente de ser paupérrima, mientras que en las películas a concurso hay pocas decisiones cuestionables. Es decir, que en una han hecho una buena selección, y en la otra no. El filme de Scorsese es lógico, porque a muchos ha gustado (aunque sea su película menos interesante), y es una gran estrella mundial. Pero las películas fuera de concurso deberían complementar la programación oficial, no bajar la media estética de la jornada.

La neoyorquina Nicole Holofcener, en su debut, ha traído una especie de comedia dramática que podría servir muy bien para rellenar los espacios entre dos capítulos de ‘Los Simpson’, y no para venir a Berlín a verla. Que después de un apasionante viaje al mundo y los sentimientos de un niño de cinco años, inmerso en la naturaleza, tengamos que pasar a chistes neoyorquinos de salón, entre pijos con problemas de alta burguesía, es el precio que hay que pagar (un precio muy alto), por estar acreditado en la Berlinale. ¿De verdad no había otra cosa que traer? Es incomprensible.

El reparto no está del todo mal, pero todos ellos están fuera de casting, y muchas veces mal dirigidos. Es imposible conectar con estos personajes, como es imposible saber qué quiere contar la directora. No es un engendro como ‘Caterpillar’ o ‘Exit through the gift shop’, pero cerca le anda.

Extraña, dura e irregular ‘The Hunter’

Por la tarde regresamos a la programación de películas a concurso, con el drama iraní ‘Shekarchi’, escrito, dirigido y protagonizado por Rafi Pitts. A pesar de que ha sido recibida con glacial indiferencia, no me parece una película del todo desdeñable. Creo, eso sí, que el guión resulta demasiado escueto, con poco vuelo emocional, y que la dirección de Pitts, aunque hábil, requería de un mayor fuste para llevarlo a buen puerto.

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Un ex-convicto (el cuarto ya en la Berlinale…) pierde a su mujer y a su hija en un tiroteo fortuito entre la polícia y los insurgentes. En un acto de venganza irracional, coge su rifle de tirador y mata a dos policías en la autopista. Será perseguido por ello, con consecuencias bastante imprevisibles. Desde luego, el final sabe a muy poco, cuando con el giro que daba pie al tercer acto, prometía un clímax de mayor intensidad. Así mismo, el comienzo es demasiado lento. Pero Pitts consigue cosas con su película. Sabe mostrar una ciudad, Teherán, en total descomposición social, y es certero a la hora de dibujar al aparato policial como un tentáculo del ejército regular absolutamente despiadado.

Se nota que es una película realizada con poquísimos medios y escasas semanas de rodaje, pero eso no es óbice para un director de talento, y nunca lo será. Pitts consigue buenos momentos de tensión, como la secuencia del helicóptero. Tambien transmite desolación, desesperanza, de un mundo arrasado por la crueldad humana. El giro del que hablaba, aunque radical, queda creíble, y los actores están bien dirigidos. Así mismo, los ambientes del bosque y la ciudad son lo suficientemente opresivos. Pero da la sensación de que se podía haber hecho mucho más, y el conjunto acaba pecando de pobreza de ingenio. Una pena, porque la historia podía haber dado lugar a algo muy interesante.

Mañana, la alemana ‘Shahada’, la norteamericana ‘The Kids are All Right’, y la rusa ‘How I Ended This Summer’.

Berlín, 16 de Febrero de 2010

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