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60º Festival de Berlín: la japonesa 'Caterpillar' estropea un día memorable

60º Festival de Berlín: la japonesa 'Caterpillar' estropea un día memorable
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Hay cosas que no se comprenden del todo. De momento la sección oficial va muy bien. Es decir, los programadores, los que seleccionan las películas, tienen un ojo certero, pero también tienen un ojo averiado. Este año, pasado ya el ecuador del festival, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la media es bastante alta. Hay coraje y sabiduría a la hora de traer aquí determinadas películas, como dos de las que se han presentado hoy, pero también hay ceguera e insensatez en la tercera. Eso es lo que no se comprende.

Hemos podido ver hoy, en la Berlnale, dos estupendas películas, yo diría que magníficas. Y luego hemos podido ver una película bajo mínimos profesionales. No tiene explicación, pero es así. Posiblemente, como suele sucederme, muchos otros profesionales acreditados que pudieron estar aquí, muestren su disensión con mi opinión. Pero para eso estamos. No me estoy formando una gran opinión del grueso de acreditados que acuden a los festivales, pero por lo menos puedo decir que hoy, hasta las tres de la tarde, ha merecido la pena estar aquí.

‘The Robber’, el cine alemán sorprende en la Berlinale

A primera hora de la mañana ha tenido lugar la presentación del primero de los tres filmes alemanes que vamos a ver este año en la sección oficial. Se trataba de ‘The Robber’ (‘Der Rauber’), dirigida por Benjamin Heisenberg, y protagonizada por Andreas Lust. Nada hacía presagiar el vendaval de buen cine que nos proporcionó esta película, que es una de las más completas que hasta ahora hemos podido ver en este certamen. Un filme vigoroso, apasionante, dirigido con enorme habilidad por un director muy alejado de los divismos habituales de los festivales.

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Cuenta ‘The Robber’ una historia real acaecida en Austria en los años ochenta. Un corredor profesional, habitual ganador de marathones, que también era un experto ladrón en solitario de sucursales bancarias. Y lo hace con una convicción y una humildad absolutamente desarmantes, con una energía narrativa que ya quisieran muchos de los que se dedican al cine de género más comercial. Heisenberg, que llevaba cinco años sin presentar una película, se muestra como un consumado narrador, que no deja nada al azar y que es capaz de centrar su imaginación, únicamente, en la verdad anímica de un personaje que nos atrapa y tira de nuestra imaginación hacia un pozo oscuro sin salida.

En la rueda de prensa (una de tantas que comienza tarde…) Heisenberg contó que para él, al igual que para su protagonista, las razones, los motivos, las formas psicológicas, carecían de sentido. Lo único que les motivaba era una verdad emocional. Y es lo que se percibe cuando se ve la película. Este extraño hombre, este corredor que roba bancos, o este ladrón que corre, es un personaje fascinante, incrustado en un guión solidísimo que es una joya, y que cierra la madeja en la que él mismo se inmola con precisión implacable.

Dirige Heisenberg con humildad pero también con habilidad. Las secuencias íntimas son tratadas con gran sensibilidad. Pero las secuencias de robos y persecuciones, con gran dinamismo. Y todo ello sin perder el sentido de la totalidad de la obra, ni descuidar los pequeños detalles. Pienso que Lust es serio candidato al Oso de Plata al mejor actor. Pero sobre todo pienso que me parecería rarísimo que esta estupenda película no se llevase algún premio este fin de semana de este festival, por mucho que algunos lo achacaran al hecho de ser alemana. No hay concesiones ni lugares comunes en esta película. Sólo verdad.

Stellan Skarsgård enamora a la Berlinale

Después de la conferencia de prensa de ‘The Robber’, que atrajo a bastantes periodistas (quizá por eso de ser alemana y estar en Berlín, quién sabe…), apareció una gran película, la segunda del día: ‘A Somewhat Gentle Man’ (‘En ganske snill mann’) de Hans Petter Molland. Es una de las películas que mayores ovaciones han recibido en este festival. Una comedia negra que, a mi parecer, es ejemplar. Muy superior a la otra comedia negra vista aquí, ‘Greenberg’. Está mucho más elaborada, tiene más trabajados los personajes y su mundo interior, y es, a todos los niveles, más completa.

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Tan completa que, de hecho, y teniendo en cuenta la unanimidad que está levantando, ahora mismo tiene muchas posiblidades de triunfo en el palmarés final. Y no es para menos. Es un relato muy bien trabado, con un humor muy especial, típicamente nórdico, que elabora lo cómico a través de situaciones que, en principio, son todo menos cómicas, y que dibuja sus caracteres con hachazos de genio, sin caer jamás en la cureldad indebida, si no siendo capaz, siempre, de permitir el consuelo de la dignidad a todos ellos.

Un ex-convicto, en Noruega, intenta vengarse de la persona que le delató, mientras su vida personal se debate entre varias mujeres, a cada cual más esperpéntica, y su venganza se ve interrumpida, a la vez, por la búsqueda de una relación con el hijo que intenta hacerle pasar por muerto. Puedo prometer que oí las carcajadas más sonoras de toda la berlinale con esta película, y, pese a todo, también hay lugar para una profunda, e indisimulada, emoción.

El reparto por entero, está muy bien, pero Stellan Skarsgård está fabuloso. Si Andreas Lust es un aspirante serio al premio a la mejor interpretación masculina, él le supera, pues a una gran intepretación hay que sumar el cariño conque Skarsgård ha sido recibido. Parece difícil que aparezca alguien que pueda quitarle la etiqueta de favorito. Su ex-gangster entrañable es de esos papeles que le ayudan a uno enamorar al personal. Pero es que además es una historia sin aristas, muy trabajada, con una puesta en escena austera e inspirada. Segunda película notable de hoy.

Lamentable ‘Cartepillar’

Lo malo es que nunca hay tres de tres. Y la pesadilla ha venido disfrazada de película japonesa de director de culto (un antiguo yakuza reconvertido en cineasta) que es, de lejos, la peor a concurso, y que compite con la de Banksy en la mayor memez presentada este año en la sección oficial de la Berlinale. De hecho, rige bajo mínimos profesionales, como aquélla.

La película, rodada en vídeo digital (lo que es poco importante, comparado con su nula fotografía, y el penoso sentido visual del director, Kôji Wakamatsu), cuenta la historia de un soldado que, después de la segunda guerra chino-japonesa, regresa a su hogar rural sin piernas y sin brazos, y sin poder hablar, y de su mujer, que con resignación le acoge y le cuida y aguanta todo lo que puede esta situación, trabajando como una esclava. Pretende ser un alegato antibelicista, y a ratos lo es, pero todo parece ser una excusa para una provocación de sexo raro (ambos copulan en la cama con todo lujo de detalles), o para una visión infantil del mundo.

Y al final, el ridículo aterriza sin remisión cuando vemos a la esposa reírse del marido, y al marido revelado como un violador y un asesino. Pero eso no es lo peor, lo peor es el final, con una música tristona sobre las imágenes devastadoras de la bomba de Hiroshima. El realizador se muestra así como un ser abyecto, despreciable. ¿Quién se cree que es para incluir en su drama penosamente dirigido, escrito e intepretado, las veraces imágenes de ese horror? Haciéndolo demuestra su altura moral: ninguna. Y ya sabemos todos su altura como cineasta: ninguna.

Mañana más.

Berlín, 15 de Febrero de 2010

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