Esta película de Charles Chaplin es una de las mejores de la historia del cine y su final sigue siendo inolvidable: "No creo que sea romántico en absoluto"

Esta película de Charles Chaplin es una de las mejores de la historia del cine y su final sigue siendo inolvidable: "No creo que sea romántico en absoluto"

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'Luces de la ciudad'
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Belén Prieto

Editora

Cuando en 1966 se le preguntó a Charles Chaplin cuál era su película favorita, el cineasta sorprendió con una respuesta tan sincera como modesta. Eligió 'Luces de la ciudad' (1931), una comedia romántica muda que hoy se considera una de las obras maestras absolutas de la historia del cine, aunque él mismo restó importancia. 

Estrenada el 30 de enero de 1931 en el Teatro de Los Ángeles, la película cuenta la historia de un vagabundo que se enamora de una florista ciega interpretada por Virginia Cherrill, quien lo confunde con un millonario. Desde entonces, el filme ha sido celebrado por generaciones de cineastas y su escena final se ha convertido en uno de los momentos más emocionantes y estudiados del cine, una secuencia tan simple como devastadora que todavía hoy se cita como uno de los mejores finales jamás rodados.

Una huella en la historia del cine

Gran parte de la fama de 'Luces de la ciudad' se debe a su escena final. Tras salir de prisión, el vagabundo vuelve a encontrarse con la florista, que ahora ha recuperado la vista y dirige su propia tienda. Cuando finalmente lo reconoce, su expresión cambia y él le devuelve una sonrisa tímida mientras la pantalla se funde a negro. La escena es muy emocionante y quizá uno de los mejores finales de la historia del cine.

Charles Marland, autor de un libro sobre la película para la colección BFI Classics, explica en unas declaraciones recogidas por la BBC, que el poder de la secuencia se basa en la precisión cinematográfica de Chaplin. "Sabía cómo encuadrar las tomas para intensificar el efecto emocional de la escena. La cámara pasa de un plano medio a un primer plano", señala. El propio Chaplin llegó a decir que utilizaba planos generales para la comedia y primeros planos para el drama.

La actuación también fue clave. Según Marland, Chaplin sentía que las primeras tomas exageraban demasiado la emoción, así que decidió apostar por la contención. El resultado fue un momento que el propio Chaplin describió el rodaje así: 

"Una hermosa sensación de no estar actuando. De estar fuera de mí mismo. La clave era sentirme un poco avergonzado, encantado de volver a verla, disculpándome sin llegar a emocionarme. (El vagabundo) la observa y se pregunta qué estará pensando. Fue algo muy puro".
'Luces de la ciudad'

Además, la ambigüedad del final también explica su impacto. Para algunos espectadores, la florista acepta al vagabundo tal y como es; para otros, la escena sugiere algo más incómodo. El historiador Jeffrey Vance lo ve de forma menos romántica: "No creo que sea romántico en absoluto. Vemos su vanidad cuando recupera la vista. Se mira en el espejo. Se arregla el pelo. Se decepciona al ver que el hombre rico no es él. Cuando ve al vagabundo por primera vez, se ríe y le da dinero por lástima"

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