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'After', todo lo que viene después

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‘After’: después. Después de que hayan cerrado los demás bares de copas. Pero también: después de la juventud, después del matrimonio, después de la paternidad, después de que la vida de cada uno haya tomado derroteros diferentes…

La película de Alberto Rodríguez, que se estrenará el viernes, 23, explora la forma de ser de tres personas, interpretadas por Guillermo Toledo, Tristán Ulloa y Blanca Romero, que no quieren abandonar la adolescencia por mucho que ésta les haya abandonado a ellos. Tres amigos pasan una noche de juerga después de haber estado un año sin verse. El alcohol, las drogas y sus problemas individuales se combinan para que esa noche se convierta en un punto de inflexión.

Me gusta cómo está rodada ‘After’, tanto su fotografía como sus encuadres y también el diseño de producción. Presenta, asimismo, un interesante juego estructural y de perspectivas que, si bien no es la primera vez que se hace, resulta adecuado a lo que se cuenta y aporta nuevas informaciones según se van sumando los puntos de vista. La música, muy bien elegida y que aporta una atmósfera pese a que en numerosas ocasiones no es más que la banda sonora diegética, es otro elemento a favor del film. ‘After’ consigue, con todo ello, integrarte en su reflexión y transmitirte las agonías de sus protagonistas.

After fotomontaje

A pesar de que mi edad está comprendida entre la de unos y la de la otra, no me reflejo en absoluto en las actitudes o preocupaciones de los protagonistas y ni siquiera comparto la máxima en la que se basa el film: “la madurez es una invención de los adultos para justificar su mundo”. Ello no impide, no obstante, que la película me llegue y que su reflexión me parezca legítima y hasta necesaria. Iré más allá: el retrato de esta edad y de esta situación de peterpanismo se ha hecho en cine cientos de veces antes de ‘After’ (before ‘After’) y, a pesar de ello, no creo que estemos ante otro producto más, sino ante un film que vale la pena, ya que, como mínimo, da un tratamiento diferente a lo de siempre.

Es intencionado que no se produzcan evoluciones de personajes, que no haya una conclusión final en forma de moraleja, que el tiempo esté relativamente detenido y que veamos los mismos hechos repetidamente. No critico la elección, pero sí señalo la contrapartida que conlleva: el film, de dos horas de duración, tiene interés en todos sus sentidos, menos en el que se refiere a la trama. Es decir: hace reflexionar, te introduce en sus dudas, pero no entretiene.

Cabano e Irene

Los actores son un elemento imprescindible para que ‘After’ funcione, pues en sus personalidades recae todo el peso de la narración. No hay nada que criticar a ninguno de ellos que, como ocurre cuando te crees mucho a un intérprete, parece que están haciendo de sí mismos. Más difícil puede ser el papel de Romero, quien lleva sobre sus hombros la única presencia femenina y quien, como en la historia, se debate o se divide entre todos los hombres presentes. Su aspecto y su sonrisa consiguen que el personaje sea atractivo a pesar de los conflictos que difícilmente logra ocultar. Los otros ligues, esposa, compañero… no pintan nada en las vidas de los tres. Quizá tienen más relevancia todos los jóvenes, apenas veinteañeros, con los que se topan en esa noche, "jo, qué noche", que están viviendo como si fuese la última de sus existencias.

Por una vez, en lugar de quejarme de que el cine español haga siempre lo mismo, diré que esta vez ha hecho lo mismo, pero con interés. ‘After’ no es un film perfecto, ni mucho menos, pero tiene valores que le ayudan a destacar.

Mi puntuación:

3

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