'La chica zurda' es mucho más que "lo nuevo de Sean Baker". Desde Taiwan llega la sorpresa más tierna, real y única del año

'La chica zurda' es mucho más que "lo nuevo de Sean Baker". Desde Taiwan llega la sorpresa más tierna, real y única del año

Shih-Ching Tsou ha rodado una de las películas más especiales del año, una obra prácticamente redonda y diferente a todas las demás

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Zurda
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Randy Meeks

Editor

Hay pocas cosas más increíbles a la hora de viajar que perderse por un mercado nocturno asiático, un lugar donde olores, sabores, gritos y música se entremezclan a lo largo de centenares de puestos, en fila, esperando a la marabunta de clientes que los llenan. Para muchos turistas es un simple decorado, una exótica rareza donde dejarse el dinero en comida (aparentemente) auténtica y barata. Para los que montan el tenderete cada noche es un modo de vida o, quizá, un intento desesperado de salir adelante a pesar de todo que Shih-Ching Tsou ha enmarcado como nadie en su fabuloso debut en solitario: 'La chica zurda'.

El diablo metió la mano (izquierda)

Por algún motivo, cuando se habla de la carrera de Sean Baker, suele obviarse la importancia que Tsou ha tenido en su éxito: no solo co-dirigieron una de sus primeras películas, 'Take Out', sino que ha actuado como productora en sus mejores obras: 'Tangerine', 'The Florida Project' y 'Red Rocket'. Ahora, ambos han vuelto a colaborar en un guion, pero Baker ha dejado que sea su compañera creativa quien brille y demuestre lo que sabe hacer. Y vaya que si ha aprovechado la oportunidad: 'La chica zurda' es una increíble y fascinante exploración de la familia, la vida y los vínculos materno-filiales que, además, tiene en su protagonista infantil, Nina Ye, una de las sorpresas más inesperadas, tiernas y adorables del año.

La narrativa visual de la directora es absolutamente increíble, con una cámara (en este caso, de un iPhone) casi siempre en movimiento, preparada para pasar de manera ágil entre las distintas historias que forman este mosaico: una madre desesperada por sacar su familia adelante que se obsesiona con acompañar al marido que las abandonó mientras agoniza, una hermana mayor que trata de tener su propia vida mientras esconde más de un secreto y una hermana pequeña que, harta de pasar desapercibida, descubre lo fácil que es robar con su "mano del diablo". El guion y la puesta en escena es tan fantástica que las tres, entrelazadas, se viven como tramas igualmente importantes e interesantes, equilibradas a la perfección y sin que ninguna sobresalga por encima de las demás.

Es cierto que, en lo personal, le encuentro un pequeño bache: el gran giro que la película nos prepara se me antojó un tanto artificial y forzado, no tanto por lo que cuenta sino por cómo lo hace, en una sucesión de hechos que bordean seriamente lo telenovelesco y abandonan la agilidad narrativa del resto de la propuesta. Eso sí, lo que ocurre es necesario para preparar el plano final de la película, emocionalmente desolador pero al mismo tiempo amable, indulgente y repleto de compasión hacia sus protagonistas. Sí, te gustará si eres fan de Sean Baker, pero además te ofrecerá algo más: una voz completamente nueva, segura de sí misma y que va mucho más allá del mero exotismo audiovisual. No es poco piropo.

Robar es un placer

No pasa tan a menudo como me gustaría, pero es un auténtico lujo ver una película que toma siempre las decisiones correctas, tanto estética como narrativamente. Taipei se abre ante nosotros como una ciudad repleta de recovecos, luces y vida, donde los viajes en moto son una experiencia única y las tiendas del mercado nocturno se nos antojan como gigantescos bazares repletos de neones con todas las baratijas que cualquiera podría desear. Tsung hace un homenaje sincero a su país sin dejar de lado la personalidad de sus protagonistas, desde el aparente egoísmo de la hija mayor hasta la segunda oportunidad en el amor que la madre hace lo posible por no boicotear (aunque no le quede más remedio), en una mezcolanza simplemente perfecta. 

Pero, sin duda, si la cinta nos captura es gracias a I-Jing, la niña pequeña convencida de que su brazo izquierdo, el que utiliza, es la obra del diablo y, por tanto, ninguna maldad que haga con ese brazo es cosa suya realmente. La cámara baja hasta su punto de vista mientras vaga por el mercado llevándose botines cada vez más grandes, y se aleja cuando llega el momento de la redención y la lección de vida. La actriz da a 'La chica zurda' el punto exacto de dulzura, comedia y amor que necesita, permitiendo así que los sinsabores del resto de tramas no pesen como una losa en el espectador. Y sí, es imposible salir de la sala sin tener el corazón un poco más calentito gracias a ella.

'La chica zurda' es una película tangible, real y única, que refleja el puro caos de una familia disfuncional en Taiwan rodada con clase, cuidado y amor por sus personajes. Tsou demuestra que es mucho más que el talento entre las sombras de Baker, y que es capaz de manufacturar una de las mejores películas de los últimos años, una pequeña gran joya que demuestra que lo más importante para que confiemos y creamos en una película no es que los giros inunden la trama constantemente, sino que sus protagonistas no parezcan, simplemente, líneas en un guion, sino personas reales, vivas y auténticas. Esa es la verdadera magia de 'La chica zurda', una película que, incluso en plena temporada de premios, no deberías perderte. Palabra.

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