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'Cómo acabar con tu jefe', exceso sin riesgo

'Cómo acabar con tu jefe', exceso sin riesgo
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- ¿Por qué te llaman Motherfucker Jones?
- Hace tiempo entré en la habitación de mi madre por la noche, estaba desnuda sobre la cama…

El inicio de este diálogo es una clara muestra de lo que plantea ‘Cómo acabar con tu jefe’ (‘Horrible Bosses’, Seth Gordon, 2011). Nada más oír esa frase cualquier buen pensador —sobre todo un mal pensador, por la mala leche que inunda nuestros cerebros— enseguida se ha hecho una imagen en su cabeza de lo más delirante y atrevida. El complejo de Edipo convertido en burla en el buen sentido de la expresión, y cuando parece que se va a llegar hasta las últimas consecuencias con el chiste, el final del diálogo termina suavizando el atrevimiento y osadía iniciales. Esto está ocurriendo con la mayor parte de las comedias actuales provenientes de Hollywood, donde parecen querer convertirse en los paladines de la comedia irreverente, por así llamarla. Nombres como el de Judd Apatow encabezan este movimiento, y el resto intentan seguir el mismo camino.

La película de Seth Gordon sigue todos los parámetros de una comedia salida de la factoría Apatow, con una muy ligera ventaja sobre ellas: no es una película larga. Creo que las comedias actuales pecan de ese defecto en general —alargamiento innecesario de los gags, repetición y epílogos demasiado bienintencionados—, y sin embargo, aunque ‘Cómo acabar con tu jefe’ no cae en ese defecto, sí vuelve a dar gato por liebre en cuanto el delirante planteamiento es paulatinamente suavizado según avanza la trama, hasta llegar a una conclusión en el fondo muy políticamente correcta. Un error muy común que no queda ni subsanado por lo que mi compañero Juan Luis Caviaro dice que es lo mejor de la función, los secundarios. Ellos terminan siendo la película.

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Kevin Spacey, Jennifer Aniston y Colin Farrell dan vida a los muy especiales jefes que los protagonistas del relato quieren eliminar, cada uno por muy diversas razones. En el caso de Spacey y Farrell estamos ya acostumbrados a su camaleonismo, y en esta película es una delicia comprobar como bordan sus roles, un jefe cabrón de altos vuelos que no duda en reírse en la cara de su subordinado al enterarse de cómo llamaba éste cariñosamente a su amada abuela recientemente fallecida, y un jefe adicto a la cocaína, que heredó el puesto por herencia al morir su padre —breve aparición de Donald Sutherland—, personajes odiosos donde los haya. El caso de Aniston llama más la atención por dar vida a un personaje alejado de su habitual registro, yo diría que en las antípodas. Esa dentista que acosa sexualmente a su ayudante no tiene desperdicio, y reconozcámoslo, muchos quisiéramos una jefa así.

Si bien los actores están fantásticos —todo lo contrario que los tres insoportables protagonistas, Jason Bateman, Charlie Day y Jason Sudekis— sus roles terminan derivando a peor. La caricatura demasiado exagerada en la que termina cayendo el personaje de Kevin Spacey no hace justicia a un rol tan perfectamente dibujado en el inicio de la cinta. A Farrell no hay tiempo de saborearlo demasiado, y en el caso de Rachel, perdón, Jennifer Aniston, termina con algo que el sufrido acosado pudo haber hecho desde el principio sin necesidad de obsesionarse con asesinarla, medida un tanto exagerada que no siempre resulta creíble en el film. Donde creo que sí salen victoriosos en en la intrusión, nunca mejor dicho, del personaje al que da vida un divertido Jamie Foxx, una especie de consultor sobre asesinatos que consigue dinero fácil a través de los tres pringados protagonistas. Foxx no se sobrepasa en ningún momento y su personaje posee una cierta evolución, por cuanto empieza de forma muy misteriosa y termina revelándose como lo que es realmente.

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Cuentan que el director dejó que los actores improvisasen gran parte de sus diálogos o actuaciones. Creo que se nota por momentos, sobre todo en lo que respecta a las intervenciones de Charlie Day, histriónicamente alejado de sus compañeros de aventuras, con instantes que rayan directamente el ridículo, como cuando está solo en el coche esperando, o el enfrentamiento final con su jefa. Momentos en los que el trabajo de dirección de actores no existe, en su lugar han puesto a un cómico gesticulante y gritón que nos aleja, al mí al menos, de su personaje. Lamentablemente, no hay término medio. Si Day destaca por su exagerada interpretación, sus dos compis parecen competir por ver quién de los dos es más soso. Mientras tanto Seth Gordon se esfuerza por salirse de la puesta en escena habitual de este tipo de comedias, esto es, sin personalidad. Lo consigue a ratos.

Así pues, comedia entretenida por momentos, y divertida en muy pocos, todos ellos recopilados en su primer tercio, cuando Gordon es capaz de controlar el material que tiene entre manos. Si una comedia, una buena comedia, es difícil de hacer, aún lo es más una comedia atrevida, osada e inteligente, con sus puntos exagerados. ‘Cómo acabar con tu jefe’ —por cierto, título que recuerda a una comedia similar, pero interpretada por mujeres, ‘Cómo eliminar a su jefe’ (‘Nine to Five’, Colin Higgins, 1980)— es efectiva durante su primera mitad, consiguiendo el milagro. Después su rápido descenso hacia las concesiones y lo trivial, termina estropeando el conjunto. Al menos nos deja un poco menos de imaginación para fantasear con Jennifer Aniston.

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