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'El Código Da Vinci', la Biblia del tedio

'El Código Da Vinci', la Biblia del tedio
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¿Qué añadir a lo ya comentado por mi compañera Beatriz en su crítica? Pues prácticamente nada, que entre los que nos gusta el cine va siendo unánime el hecho de que esta película es un enorme tostón ¿Y por qué? Muy sencillo: porque es la mejor adaptación jamás filmada que se ha hecho de un libro. Sí, sí, la mejor. Y es la prueba fehaciente de que lo que en un libro puede ser ameno en una película puede ser enormemente tedioso. Al fin y al cabo, lo que ha rodado Ron Howard es una novela filmada, porque salvo pequeños detalles fácilmente olvidables, es el libro punto por punto, coma por coma, pasaje por pasaje, y claro, el señorito se ha olvidado de hacer una película. Y claro, si la base ya de por sí es mala, al hacerla exactamente igual, la regla de tres no falla y le ha salido un film malo.

¿Se puede juzgar la película sin tener en cuenta el libro? Por supuesto. De hecho, una persona cuando va al cine no tiene por qué saber que anteriormente había una novela, o un cómic, o un pequeño relato, o una leyenda urbana o una bolsa de patatas fritas o un chisme que circulaba por ahí. Pues entonces, el film no hay por donde cogerlo. La historia es sencillamente increíble, pero no porque proponga una tesis sobre lo que le ocurrió realmente a Jesucristo, sino por toda la trama de misterio que se desarrolla.

Para empezar el comienzo es simple y llanamente forzado. No existe lo que conmunmente se llama presentación de personajes. No, nos son introducidos en el relato a la buena de Dios. Pero absolutamente todos, y entre tanta palabrería que contiene la película, ni se dignan a decirnos algo sobre ellos mismos, salvo un trauma infantil del protagonista que es una absoluta chorrada y una pasión del personaje que interpreta Ian McKellen, que ya es casualidad que se encuentre en la misma ciudad que Langdon. Pero es que eso sale en el libro, me direis algunos. Pero es que eso ya es un defecto en el libro, os digo yo. Howard con su pobre puesta en escena, que apenas se diferencia de cualquier telefilm que nos eche la caja tonta, pretende entretenernos con un montón de secuencias en las que los personajes no paran de hablar, intercaladas con apenas un par de escenas de acción, que para colmo están mal filmadas, ya que son confusas, precipitadas y sin fuerza. Porque otro de los enormes defectos de esta película es que no tiene la más mínima fuerza, y sincermente, creo que todos podemos estar de acuerdo en que tenía todos los números para realizar un film fuerte, lleno de emoción. Y sin embargo ¿a quién le ha cogido por sorpresa que no haya sido así? ¿acaso alguien esperaba que a Ron Howard le viniera a visitar Dios y le dotara con cualidades que todos sabemos que no tiene? ¡Qué es Ron Howard! ¡un inútil! ¡qué este señor tiene uno de los Oscar más inmerecidos de toda la historia!

Howard comete otro fallo al contarnos la historia con numerosos flashbacks intercalados, pensando que podríamos aburrirnos si solo lo oímos de boca de los personajes. Craso error, porque de esta forma simplemente ha redundado lo que ya estamos oyendo, con lo que está siendo pesado. Además, muchos de los flashabacks están mal insertados o simplemente son insignificantes, como los de los protagonistas.

Los actores es uno de los pocos puntos salvables del film, aunque tampoco es como para tirar cohetes. Tom Hanks no realiza una gran interpretación pero no desentona, aunque anda un poco perdido. Alfred Molina está exagerado. Jean Reno, pues como su personaje, que parece no enterarse de nada, aunque sinceramente no me imagino a otro actor en este papel, por motivos más que evidentes. Jürgen Prochnow peotagoniza uno de los momentos más patéticos de la cinta, y casi risible. Sólo Paul Bettany e Ian McKellen parecen haber puesto algo de su parte en hacer algo por encima de la media. El primero como un amenazante monje albino, aunque su personaje esté un tanto desaprovechado y desdibujado. Y el segundo como el personaje que prácticamente nos da casi toda la información sobre el supuesto misterio. Da la sensación de que McKellen es consciente de estar participando en algo muy pobre, y decide tomárselo a cachondeo, ofreciéndonos una interpretación divertida. Es curioso que el film arranque cuando él entra en escena, vamos, que nos empezamos a interesar un poco.

No, no me olvido de Audrey Tautou. La he dejado para el final, porque me parece sin lugar a dudas la peor de todo el reparto. Su aparición no está justificada en ningún momento, por mucho que tenga un parentesco con la persona asesinada al pincipio del film. La actriz se pasa toda la película con una cara de sosa que da miedo, sin ofrecer la más mínima personalidad a un personaje que se hunde por sí solo. Incluso cuando se descubre algo muy importante acerca de su pasado, la actriz ni se inmuta. Increíble, si no hubiera visto antes a esta actriz, diría que es muy mala.

Sin embargo, hay dos cosas que me han gustado bastante en esta floja película. Una, la impresionante música compuesta por Hans Zimmer, quien sí se parece haber dado cuenta de las posibilidades que tenía la historia y ha hecho un score muy acorde con todo lo que se cuenta. Y otra, es la escena final, que aunque el personaje se da cuenta de algo mientras se afeita, escena que resulta ridícula, lo que viene a continuación está muy bien filmado. Pero claro, esperar dos horas y media para ver una secuencia que merce la pena de apenas un minuto, pues es de Juzgado de Guardia.

El libro: mediocre donde los haya

La película: mediocre donde las haya

La polémica: exagerada y absurda a todos los niveles. Además, y como ha dicho un amigo mío, reaccionar a una estupidez con una gilipollez es una estupidez de doble tamaño. Si estos fundamentalistas religiosos que tanto protestan por chorradas como el argumento ficiticio que la historia tiene o porque cierta comunidad queda mal parada, vieran la película, comprobarían que no es así. INICIO SPOILER El personaje de Jean Reno pertenece al Opus Dei, y al principio acata las órdenes del obispo simplemente porque piensa que es lo correcto. Al final se da cuenta de su equivocación y él mismo detiene al obispo. En otro momento Ian McKellen dice que no toda la Iglesia está metida en el ajo, que son son solo una sociedad secreta que ha logrado infiltrarse en las más altas Instituciones. FINAL SPOILER.

Y dejo para el final de verdad una cuestión que me ha parecido graciosa: tanto rollo para proteger un secreto que de ver la luz derrumbaría todos los cimientos de la fe cristiana con lo que eso significa, pero es que nunca les ha dado por desvelarlo ¿Para qué lo protegen, si no lo van a desvelar nunca? Si llevan más de 2000 años con el dichoso secreto, poniendo pistas aquí y allá ¿para qué? Para largarnos un coñazo de dos horas y media.

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