Después de dejarme maravillado con la imprevisible 'Barbarian' y de reafirmar su creatividad desbordante en la magnífica 'Weapons', Zach Cregger se ha convertido en uno de mis referentes a la hora de buscar el cine de género más libre, original y satisfactorio que pueda llevarme a las retinas. Pero mucho antes de que sus obras se materialicen a la gran pantalla, tienen que pasar por el proceso más laborioso y complejo de todos: el de ser escritas.
Quien haya intentado teclear las, como mínimo 90 páginas formateadas como es debido que suelen componer un largometraje sabrá que sentarse frente al teclado y comenzar a dar vida a un mundo, unos personajes y una historia puede ser lo más parecido a vagar por el desierto sin una brújula, especialmente cuando se trata de una primera versión. Pero Cregger tiene un truco tan infalible para orientarse en medio del caos, las dudas y la autoconsciencia.
Escribir sin hacer prisioneros
¿Cómo lidia el bueno de Zach con los bloqueos y las inseguridades de las primeras versiones? Tal y como explicó en una entrevista, recogida en este reel, su técnica, llamada "Elfing", parte de una premisa de lo más absurda —pero no por ello menos efectiva—.
Este pequeño truco ha hecho mi vida y mi escritura mucho más sencillas, y va de esto. Se llama "Elfing". Finges que has contratado a un pequeño elfo, que es así de grande y estúpido. Es un pequeño elfo idiota. Finges que le has contratado para que te escriba toda la película.
Llegados a este punto es posible que te preguntes si el director y guionista va en serio. Pues sí, y el razonamiento que expone a continuación tiene todo el sentido del mundo: cuando te sientas frente a una página en blanco por primera vez, lo importante es rellenarla sin importar la calidad del producto obtenido.
Y la cosa es que no va a hacerlo bien. Es un elfo y es idiota, ¿vale? Pero no te importa, sólo quieres que te escriba una primera versión. Una vez tienes una primera versión, entonces puedes profundizar y ser inteligente y puedes arreglarlo, así que finges. Esto es lo que hago de verdad. Finjo que soy un pequeño elfo y que mi trabajo es no hacerlo bien de ningún modo. Mi trabajo es escribir la peor versión de la escena que venga después, "elfearla". Si da vergüenza y el diálogo es terrible, no me importa. Si tiene faltas de ortografía, no me importa. Si no conecta con la escena anterior y sé que no conectará con la escena siguiente, da igual. Solo estoy pagando 10 dólares al elfo para que escriba esta versión, así que obtengo lo que pago.
La libertad que da escribir sin presiones, ya sean externas o personales, ayuda a terminar una primera versión que nos permitirá conocer al dedillo los puntos clave de la historia y del tratamiento de personajes para, ahora sí, comenzar a pulir el trabajo horrendo que ha hecho el elfo mal pagado.
Pero lo que ocurre es que, como no me preocupa, como soy totalmente libre de hacer que mis dedos vayan más rápido que mi cerebro, lo que siempre ocurre es algo que me encante acabará apareciendo. Y voy muy deprisa y llegaré al final de mi primera versión. Y esa versión será bochornosa. Nunca se la enseñaré a nadie, pero está bien porque he llamado al documento "Versión del elfo", porque sé que es mala. Pero llego hasta el final, y una vez he llegado al final he aprendido muchísimas cosas sobre mi historia, sobre dónde ir para arreglarla que mi segunda versión será en la que llame al documento como quiero que se llame [el proyecto]. Y ahora todo loq ue tengo que hacer es arreglar lo que hizo el elfo. Ya no es esta roca gigantesca e intimidatoria subiendo por una colina, ahora sólo tengo que ir y arreglar cosas.
Lo que puede parecer un chiste de un profesional que, como ha dejado claro en varias ocasiones, tiene un sentido del humor bastante peculiar, no deja de encerrar una gran verdad: lo más importante cuando empezamos a escribir es, precisamente, hacerlo y llegar hasta el final. Una vez superado ese escollo, el camino estará allanado y listo para ser pulido antes de que la obra sea reescrita por primera vez en el set de rodaje. Brillante.
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