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'El infierno verde', pedacitos
Críticas

'El infierno verde', pedacitos

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‘Holocausto caníbal’ (‘Cannibal Holocaust’, Ruggero Deodato, 1980) es una de las películas que más han influido en el cineasta Eli Roth. Si en la mediocre y aburrida ‘Cabin Fever’ (íd., 2002) no quedaba claro, en las demenciales ‘Hostel’ (íd., 2005) y ‘Hostel 2’ (íd., 2009) puede apreciarse ese gusto por lo gore que lejos de resultar realista —a lo que aspiraba el film de Deodato— provocaba un profundo rechazo, sin que los films puedan disfrutarse desde otras perspectivas. Casquería barata, pura y dura.

‘El infierno verde’ (‘The Green Inferno, 2013) supone, en cierto modo, devolver a Doedato el favor. Una película que a pesar de haber tenido problemas de distribución —en nuestro país sólo hay cuatro copias, afortunadamente todas en versión original— no ha causado, ni de lejos, la reacción que provocó el film italiano, cuyo director fue encarcelado hasta que los actores se presentaron vivos ante el juez —los animales que mataron no importaban a nadie, al parecer—. Además, no es lo mismo principios de los ochenta y pleno siglo XXI. Hoy día parece que ninguna imagen, por fuerte que sea, nos impacta.

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Esa es precisamente la peor cualidad de una película como ‘El infierno verde’. A pesar de lo fuerte de algunas de sus secuencias, el espectador, lejos de sentirse conmocionado, alterado emocionalmente, violentado incluso, opta en la mayoría de los casos por la risa tonta. Da igual que en pantalla se vea, prácticamente paso por paso, cómo descuartizan un cuerpo, empezando primero por arrancarle la lengua y después los ojos. Nosotros echaremos mano de las palomitas mientras no arqueamos ni una ceja. Son malos tiempos para el gore desfasado.

Lo cierto es que la penúltima película de Roth —tiene otra posterior, la infumable ‘Knock Knock’ (2015), mucho menos provocadora de lo que promete— podría pasar como la mejor que hasta la fecha ha realizado. Eso no significa que nos encontremos ante un buen film ni mucho menos. Pero éste contiene pedacitos —chiste demasiado fácil, lo reconozco— interesantes, algo de rabia creativa en muchas de las secuencias de la tribu de caníbales, y cierta crítica social en el subtexto. ¿Estamos viendo una animalada sin más pretensiones o Roth mete el dedo en la llaga de nuestra sociedad actual?

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Entre la idiotez y la casquería

A veces parece lo primero —toda esa anodina, e idiota, parte de los activistas que se atan a la maquinaria que asola el Amazonas, y transmiten en directo para que todo el mundo pueda verlo—, a veces lo segundo —ese retrato de la tribu, con sus costumbres, su día a día, sugiriendo un paralelismo con la sociedad—, pero entre que los personajes tienen todos una grave tara mental, debido a las estupideces que hacen, y que Roth a veces se pasa con el gore, ‘El infierno verde’ no encuentra el tono justo. No provoca, no emociona, no divierte. Me río en los momentos más bestias, y en los supuestamente cómicos —momento marihuana, o masturbación para combatir el estrés— ni me inmuto.

Por otro lado, el defecto más grande de Roth como director/creador es que al llegar la hora de poner todas las cartas sobre la mesa se echa atrás. Sucede en sus otras películas y sucede en ésta. Roth no se corta en muchas de las secuencias sangrientas, no debe hacerlo, pero cuando lo sugerido hacia el personaje de Lorenza Izzo está a punto de producirse —mutilación genital—, Roth echa mano del deus ex machina y todos tan contentos, y frustrados. Lo de ver a indígenas enfrentados a un grupo de hombres entrenados y con armas automáticas supera todo delirio, pero a quién le importa.

Como anécdota decir que el film realmente se inspira en ‘Caníbal feroz’ (‘Cannibal ferox’, Umberto Lenzi, 1981), una de las consecuencias del famoso film de Deodato, del que sí echó mano Eli Roth cuando tuvo que explicar a la verdadera tribu que utilizó en el rodaje lo que era una película, ya que desconocían totalmente el cine. No se le ocurrió otra para proyectar que ‘Holocausto caníbal’, con la sorpresa de que los indígenas la tomaron como una comedia y no dejaron de reír toda la película. Curioso, y también inquietante.

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