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'Eleven Samurai', sangriento destino

'Eleven Samurai', sangriento destino
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Aprovechando esta semana santa, estoy pasando unos días en casa de mi gran amigo cinéfago Kitano, y claro, hay que aprovechar la ocasión para, entre tragos de delicioso sake, ver algunos de los títulos que componen su extensa colección de cine asiático. Anoche vimos la última del verdadero Kitano (¿o debería decir sufrimos?), película que comentaré más adelante, una vez me recupere del mal trago, y que no recomiendo en absoluto, a menos que tengáis problemas para dormir. Así que vamos a la otra que hemos visto, 'Eleven Samurai', de Eiichi Kudo, un chambara de estilo clásico sobre un grupo de hombres que deben asesinar al señor de unas tierras. Da gusto sentarse a ver este tipo de películas, tan diferentes al resto de lo que puede verse hoy... Eso sí, personalmente, quizá por mi reciente descuido hacia este cine, eché en falta un poco más de acción en la parte central, algo falta de interés, algo lenta.

La historia de 'Eleven Samurai' ('Ju-ichinin no samurai', 1966) nos sitúa en el primer tercio del siglo XIX, durante la era Tempo. El señor feudal de Oshi es asesinado por su vecino, el cruel y caprichoso Nariatsu, hijo del antiguo Shogun, que traspasa sus fronteras sin ningún reparo, para cazar un ciervo. Tras una dudosa investigación, el clan Oshi es injustamente condenado a desaparecer, para tapar la verdad y no manchar el nombre de Nariatsu. Once de los mejores samurais del clan rechazan la sentencia y deciden tomarse la justicia por su mano, preparando el asesinato de Nariatsu.

Poster del film
Como todo todo film con samurais que se precie, 'Eleven Samurai' contiene tantos combates a espada como relaciones basadas en el honor. El asesinato del señor de un clan afecta de inmediato a todos los hombres a su cargo, que no pueden permitir que el hecho quede resuelto de forma injusta. Así, tenemos que a raíz de un crimen totalmente injustificado, gratuito, y tras una decisión injusta del gobierno, se prepara la venganza. Pero ojo, aquí no estamos ante un acto meramente sangriento y primitivo. La venganza se planifica de forma racional y lo que se espera conseguir es la restauración de la justicia, que el clan Oshii tenga un nuevo dueño y que Nariatsu no se lo apropie. Su muerte sería tapada nuevamente por el gobierno si unos ronin (samurais sin dueño) lo asesinaran.

Este detalle es importante porque así se comprende mejor todo lo que pasa por dentro del personaje principal, Hayato, que encarna un magnífico Isao Natsuyagi. Es un hombre fiel a su clan y hará todo lo que sea necesario por él, se pierda lo que se pierda por el camino (la relación con su mujer es muy dramática). Hayato se convierte en un ronin para cumplir con el crimen y a través del representante político de su territorio feudal, se hace con fondos económicos y sobre todo con más hombres dispuestos a morir por el clan. Destaca la forma en que los consigue, porque así se consideran "muertos vivientes" que no tienen absolutamente nada que perder. Al grupo se une luego un ronin errante (Ko Nishimura) de lo más particular, un personaje que habría interpretado a la perfección el mítico Toshiro Mifune.

Uno de los aspectos que más me interesan de estas historias es cómo estos hombres, estos samurais, deben en muchas ocasiones comportarse de forma contraria a sus deseos, luchando y muriendo por causas relacionadas con las costumbres y el honor. Llama la atención que aunque lleven siempre las espadas a mano, es muy poco el tiempo en el que las empuñan, lo cual no quiere decir que no estén luchando, en su interior. En este sentido, siempre resultan fascinantes los conflictos que deben soportar, en silencio y teniendo en cuenta lo correcto, lo que deben hacer, según su código de honor.

Desde el principio, la película atrapa, la trama se va desplegando y vamos conociendo a todos los personajes de forma rápida y ágil, pero desde el primer intento de asesinato, la acción se va ralentizando peligrosamente, llegando a contener el film un buen número de escenas totalmente prescindibles que sólo tienen su justificación en crear un clima de tensión, estirando al máximo el momento en el que Hayato y su grupo atacará a su enemigo. Sin embargo, esto no se consigue del todo, ni es necesario, como tampoco esa secuencia de la emboscada perfecta, que casi parece un final alternativo puesto ahí por extender el metraje (apenas hora y media).

Eso sí, el último acto de 'Eleven Samurai' es pura dinamita. Toda la tensión acumulada se libera y asistimos a una impresionante secuencia de lucha que implica a un grupo numerosísimo de samurais y guardias. Sin duda, lo mejor del film. Una sorprendente, dramática, sangrienta y preciosa conclusión por la que merece la pena acercarse a este desconocido título, por supuesto, inédito en nuestro país.

Muy buena película, cine asiático clásico del que hay que ver, especialmente para descansar y tomar aire entre tanto cine actual, falto de encanto y personalidad, tan preocupado en la taquilla y en la técnica digital.

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