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Hanks & Spielberg | 'Salvar al soldado Ryan', prodigiosa
Críticas

Hanks & Spielberg | 'Salvar al soldado Ryan', prodigiosa

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Si no fuera porque el propio Spielberg se encargó tres años más tarde de producir la que considero la mejor "película" bélica de la historia —una de cerca de diez horas llamada 'Hermanos de sangre' ('Band of Brothers', 2001)— a la hora de calificar a 'Salvar al soldado Ryan' ('Saving Private Ryan', Steven Spielberg, 1998) tendríamos que estar haciéndolo precisamente en esos términos, esto es, en concederle a la cinta el estar en la cima de cuántas producciones se han acercado, no ya a la Segunda Guerra Mundial, sino a cualquiera de las contiendas que han sido recogidas en imágenes en movimiento para la gran o la pequeña pantalla.

Es más, podría ir un paso más allá y afirmar que aún considerando que a lo largo de sus 169 minutos hay cabida para dar cuenta de infinitos matices que hacen de ella una de las miradas más sobrecogedoras que se han plasmado en celuloide sobre el "arte" y las consecuencias de la guerra, sólo con sus veinticinco minutos iniciales el filme protagonizado por Tom Hanks ya estaría en la cúspide del género. Porque, seamos francos, el desembarco de Normandía visualizado en ese primer tramo de la cinta es una asombrosa lección de cine de principio a fin.

Prodigio de interpretaciones

Salvar Al Soldado Ryan 1

El cine bélico nos ha ofrecido a lo largo de su amplísima trayectoria todo tipo de historias mediante las que el séptimo arte se ha acercado, sobre todo, a las dos guerras mundiales y, en menor medida, a la de Vietnam o, en el caso del nuestra cinematografía, a la que enfrentó a las dos Españas. Y de todas esas miradas, las que sin duda más hondo han sabido calar en el público son aquellas que supieron combinar una espectacular puesta en escena de alguna batalla de relevancia mediante un amplio despliegue de medios humanos y técnicos con un reparto que nos pudiera hacer sentir el horror de estar en primera línea de fuego.

Y en ese sentido, en el de huir de "superhéroes" y mostrarnos a hombres ordinarios en situaciones extraordinarias, 'Salvar al soldado Ryan' cuenta, para empezar, con ese monstruo de la escena que es Tom Hanks: con su mano temblorosa, su mirada cargada de melancolía y ciertos momentos en los que resulta imposible no creerse que lo que está poniendo en juego es veraz al cien por cien —la honesta y dolorosa reacción ante la muerte de uno de los soldados de su compañía habla por sí sola— Hanks es sin duda una de las mejores elecciones de reparto que Spielberg haya tenido el acierto de hacer en toda su trayectoria.

Creíble como individuo y como líder del heterogéneo comando que busca a ese soldado que ha perdido sin saberlo a sus tres hermanos en la contienda de forma casi simultánea, Hanks encabeza un reparto sólido desde el primer al último miembro. Un reparto del que resulta muy complicado resaltar a uno por encima del otro ya que todos ellos, desde Vin Diesel a Tom Sizemore pasando por Jeremy Davies, Matt Damon, Barry Pepper, Adam Goldberg o las fugaces apariciones de Paul Giamatti, Ted Danson, Nathan Fillion o Bryan Cranston trabajan en añadir capas y más capas a ese verismo que exuda Hanks en la totalidad de sus minutos en pantalla.

Prodigio de música

John Williams siempre ha sido, como lo son todos los grandes músicos de la historia del cine, un preciso lector de las necesidades sonoras de los filmes a los que era asignado. Y si dicha capacidad se tradujo en sus más legendarias partituras en scores plagados de leitmotifs y de temas harto reconocibles, llegado el momento, la tendencia gradual de la música del maestro fue ir alternando sus maneras más "clásicas" con la exploración de las opciones más atonales y arriesgadas que le ofrecía la orquesta; algo fácilmente observable si, por ejemplo, atendiéramos tan sólo a lo que escribió el año previo a 'Salvar al soldado Ryan'.

Terna formada por 'Amistad' (id, Steven Spielberg, 1997), 'Siete años en el Tibet' ('Seven Years in Tibet', Jean-Jacques Annaud, 1997) y 'El mundo perdido (Jurassic Park)' ('The Lost World: Jurassic Park', 1997), la variedad musical que se da entre ellas mismas y entre, por ejemplo, la segunda parte de los dinosaurios y el presente filme afirma con contundencia la inmensa habilidad camaleónica de Williams y cómo, sin renunciar a sonoridades que le son propias, siempre ha sabido mutar de una producción a la siguiente.

Apoyado en el protagonismo fundamental de la trompeta y la percusión—y la inmediata identificación que ésta produce con el mundo castrense— y regalándonos un "Himno a los caídos" de arrebatadora belleza que sólo aparece en el filme en los créditos finales, la sobriedad y el tono elegíaco son las dos características más llamativas de lo que Williams ofrece 'Salvar al soldado Ryan'. Una banda sonora portentosa llamada a reforzar sobremanera la fuerte carga evocadora que dimana de las imágenes rodadas por Spielberg y que aumenta la ya potente efectividad de las mismas hasta que alcanzan el magistral talante al que podemos asomarnos cada vez que revisitamos el filme.

'Salvar al soldado Ryan', prodigio de dirección

Salvar Al Soldado Ryan 2

Decía al comienzo que si tan sólo fuera por asistir al superlativo "espectáculo" que es el desembarco de Normandía ya valdría la pena, y cuánto, acercarse a 'Salvar al soldado Ryan'; y añado ahora a tal afirmación una adenda, la que supone el otro extremo de las casi tres horas de metraje, la batalla de Ramelle, una secuencia que junto a la que da apertura a la odisea del Capitán Miller y sus hombres sirve de cierre a un metraje que, junto a todo lo afirmado ya, es una demostración palpable de por qué Steven Spielberg está considerado uno de los mejores cineastas que ha dado el séptimo arte.

Sin planificación previa —o al menos así lo afirmó en su momento el realizador— y filmada en orden durante cuatro semanas en las costas irlandesas en las que se reconstruyeron las arenas de Omaha, hay tanto cine en el desembarco, que dar cabida aquí a las muchas soluciones que Spielberg va encontrando para hacer de ella el portento que es, desembocaría en la necesidad de analizar plano a plano el íntimo acercamiento que el director hace a la carnicería que fueron aquellos interminables minutos en los que las fuerzas aliadas dieron inicio al fin de la Segunda Guerra Mundial.

Salvar Al Soldado Ryan 3

Mezclando una temblorosa cámara en mano con vistas panorámicas, subjetivas o unos primerísimos primeros planos y añadiendo a ellas la portentosa labor de edición de Michael Khan y un diseño de sonido apabullante, la cuarta parte de la primera hora de proyección de 'Salvar al soldado Ryan' supone una dura prueba de aguante por la extrema crudeza con la que Spielberg muestra los estragos de las ametralladoras alemanas en las tropas aliadas. Una prueba que es preludio de una cinta que equilibra momentos de gran introspección con otros, los de acción, que son constante escaparate del genio del Rey Midas hollywoodiense.

Asumiendo que tanto en el comienzo como en el final nada puede ser eliminado y que los casi sesenta minutos que ocupan sendas batallas deberían ser objeto de estudio por cualquiera que quiera dedicarse a esto del cine, lo que queda entre medio viene jalonado por instantes de soberbia poesía visual —esa transición de los impactos de las gotas de lluvia al sonido de las balas— o de un dominio espectacular de la composición y la narrativa —la emboscada que precede al encuentro de Ryan—, completando una cinta a la que, huelga tener que afirmarlo, el calificativo de Obra Maestra del séptimo arte se le queda corto por momentos.

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