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'Il Mare', antes de que Keanu Reeves y Sandra Bullock lo estropeen

'Il Mare', antes de que Keanu Reeves y Sandra Bullock lo estropeen
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Este próximo Viernes se estrena entre nosotros 'La casa del Lago', un film protagonizado por los "irresistibles" Keanu Reeves y Sandra Bullock. Dicho film es un remake de un film coreano del 2000 titulado 'Siworae', pero que en su distribución internacional se tituló 'Il Mare'. Sí, he dicho distribución internacional, esa de la que nuestro país no forma parte. Ahora gracias al remake que probablemente barra en taquilla por estos lares (no ha sido así en su país de origen), pues ni dios conocerá esta película, y todos pensarán que la idea es muy bonita y original y pensarán que es obra y arte de los responsables del remake, que no sé si acercarme a verlo porque a esos dos no hay quién los aguante por separado, imagínate juntos.

Kim es una chica que vive en una preciosa casa bautizada como Il Mare, que cuando la abandona para irse a vivir a otro lado, deja en su buzón una nota al siguiente inquilino avisándole de que espera una carta y pidiéndole que se la envíe a su nueva dirección. La nota es recogida por Han, que vive en Il Mare pero dos años antes en el tiempo. Al principio ambos piensan que el uno está burlándose del otro, pero pronto descubren que ninguno de los dos miente y que están manteniendo correspondencia "atemporal". El amor no tardará en surgir, pero ¿como podrán verse? Indudablemente el punto de partida es cuando menos interesante por original. El simple hecho de que los personajes están separados en el tiempo por dos años le da una perspectiva distinta a la típica historia romántica. Y es tratado si ningún tipo de efectismo y muy coherentemente, porque a pesar de que en las películas que hablan de viajes temporales o cosas por el estilo siempre suele cometerse alguna incongruencia argumental, y es que el tiempo tiene esas cosillas que lo hacen así de especial. No obstante, dicho elemento tan esencial en la historia es tratado con toda naturalidad y sencillez, y ese es uno de los aciertos de la cinta.

Los dos actores principales están muy bien, sobre todo Lee Jung-jae que interpreta a un arquitecto solitario que descubre una nueva esperanza a la vida en las cartas que recibe. El actor está enormemente natural, convincente y expresivo, sobre todo en los momentos en los que su personaje está alegre (je, ya me imagino a Reeves en la misma guisa); y Jun Ji-hyun, la inolvidable protagonista de la no menos inolvidable 'My Sassy Girl' (realizada un año después), que interpreta a una dobladora, y que de vez en cuando trabaja en una tienda de comics especial, también solitaria, con una relación recientemente terminada, y sintiendo que le falta algo, un algo que quizá se lo pueda dar el autor de las cartas que ella también reibe como contestación a las suyas. La actriz está fantástica, y quizá su personaje tenga más registros que el masculino (je, ya me imagino a la Bullock haciendo lo mismo).

Pero por otro lado, la película adolece de algunos errores que si bien no la hunden en la miseria de las películas romanticonas actuales le impiden ser un film perfecto, algo a lo que podría haber aspirado tranquilamente. La premisa en sí está demasiado alargada, y durante toda la película no se suceden más que situaciones repetitivas sin que la historia avanze hacia algún sitio. Y tampoco tiene un crecendo demasiado acentuado, cosa que creo pedía a gritos.

Aún así Lee Hyung-seung, el director del film y que desde entonces no ha dirigido nada más, sabe dotar al film de la magia necesaria, apoyado en un guión sencillo, en unas interpretaciones sobresalientes y en una atmósfera adecuada, sobre todo gracias a la excelente labor de fotografía, obra de Hong Kyung-pyo, que le otorga a la película una especie de aureola irreal, atemporal, nunca mejor dicho, sobre todo en las escenas que tienen lugar alrededor de la casa.

Una película correcta, quizá demasiado larga y con ciertos convencionalismos y tópicos inevitables, pero que desde luego está muy por encima de las otras muestras del género, por lo menos las norteamericanas, que cuando allí se ponen melosos son insoportables, cinematográficamente hablando claro.

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