'Juego de asesinos' es una bomba embotellada: un cóctel de acción y humor desmadrado en clave pulp marca de la casa Carnahan
Críticas

'Juego de asesinos' es una bomba embotellada: un cóctel de acción y humor desmadrado en clave pulp marca de la casa Carnahan

Tras años y años aprendiendo los entresijos técnicos y narrativos del séptimo arte, engullendo largometrajes prácticamente a diario y teniendo la suerte de trabajar analizándolos, he aprendido a la fuerza a diferenciar entre disfrutar durante una proyección y lo que podríamos denominar como "ilusionarse" con una película. Un concepto que puede resultar abstracto de buenas a primeras, pero que, creo, tiene sentido.

Esta sensación, cada vez más atípica y que, sinceramente, llego a echar mucho de menos, va más allá de pasarlo en grande —lo cual ya es bastante, todo sea dicho—, y te sume en un estado de enamoramiento cinematográfico que, una vez se encienden las luces de la sala de cine, se traduce en un sentimiento de admiración y cierta envidia que te hace pensar "ojalá poder hacer algo así algún día".

Últimamente esto me ha ocurrido con un puñado de títulos. Me pasó con 'The Guest', me pasó con 'Green Room', me pasó con 'Frío en julio', y esta semana he experimentado algo muy similar con 'Juego de asesinos'; la nueva película de Joe Carnahan con la que el californiano vuelve a brindarnos un entretenimiento preciso como el mejor sicario al que se pueda contratar, y que sustituye presupuestos multimillonarios con una personalidad arrolladora y toneladas de talento.

Anhelada libertad

A día de hoy, Joe Carnahan sigue sin decepcionar. No importa que apueste por el survival en la fantástica 'Infierno blanco', que se ponga serio en títulos como 'Narc', que apueste por la ciencia ficción como hizo en 'Muere otra vez' o que se atreva a redibujar un clásico de la televisión como 'El equipo A'; su cariz de narrador artesano termina imponiéndose a tonos, géneros y licencias.

No obstante, 'Juego de asesinos' se las apaña para ocupar un lugar destacado en su filmografía al combinar elementos de un modo que se alinea, salvando las distancias, con su trabajo en 'Ases calientes'; combinando con gran acierto acción de alto voltaje y con cierto espíritu añejo, un humor disparatado y negro como el carbón y ese thriller de esencia pulp marca de la casa. Un cóctel infalible enriquecido por una envidiable falta de complejos.

asda

Pero en medio de tiroteos imposibles, muertes, traiciones y dobles juegos, esta suerte de vuelta de tuerca "a la Carnahan" de 'Asalto a la comisaría del distrito 13' —que exprime con inteligencia su premisa de relato embotellado en una comisaría—, logra cautivar al espectador más receptivo gracias a un elemento inesperado: un surtido de personajes sorprendentemente cuidados y con una carga emocional tremendamente equilibrada pese a la ligereza que envuelve la producción.

El modo en que están diseñados sobre el papel hace sencillo el juego de empatía, a priori imposible, con unos protagonistas —¡y antagonistas!— con las balanzas morales tan desequilibradas como sus personalidades. Pero, si en última instancia, asesinos, psicópatas y policías demasiado intensos, logran meterse al respetable en el bolsillo, es gracias a un reparto entregado en cuerpo y alma y que parece estar pasándolo en grande, empezando por Frank Grillo, Gerard Butler y Alexis Louder, y terminando con un Toby Huss hilarante que roba todos los focos de la función.

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Por encima de todo lo expuesto hasta el momento, de la verborrea incontenible de sus líneas de diálogo, de su regreso a las bases del actioner de hace varias décadas y de la puesta en escena de un Carnahan en estado de gracia, si algo hace tan especial a 'Juego de asesinos' es su tremenda libertad. Su condición de soplo de aire fresco que hace soñar con un mundo en el que, como práctica habitual, se recortase una pequeña —casi ínfima— porción del presupuesto del blockbuster multimillonario de turno para dársela a autores con ganas de jugar y salirse de la norma.

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