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'Jumper', desastroso salto

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Doug Liman sorprendió a medio mundo con 'El Caso Bourne' (sus anteriores películas pasaron más bien desapercibidas), thriller que recuperaba en cierta medida la estética de los años 70, de films de John Frankenheimer, o William Friedkin. Luego vino Paul Greengrass y mejoró con dos secuelas lo que ya había. Liman se fue a dirigir a Brad Pitt y Angelina Jolie en la infumable 'Sr. y Sra Smith', haciendo que muchos nos preguntásemos dónde habían quedado las buenas maneras de Liman del film con Matt Damon.

Ahora con 'Jumper' tenía la ocasión de recuperar el prestigio perdido, por así decirlo. Pero lo que son las cosas, Liman ha descendido un poco más, aunque eso no parecía posible. 'Jumper', que dicen por ahí que es el inicio de una trilogía, es uno de los despropósitos más inútiles y vergonzosos vistos en la cartelera actual, en perfecta y clara armonía con lo decepcionante que está siendo el inicio de este 2008.

'Jumper' narra la vida de un joven que un día descubre que es un saltarín de cuidado, al poder teletransportarse a cualquier sitio del mundo. Viviendo como un señor y visitando los lugares más paradisíacos del mundo, nuestro protagonista se pega la vida padre a base robar bancos, ya que con sus poderes puede hacer lo que le venga en gana. Hasta que un día, uno de sus robos llama la atención de determinada gente, que mira tú por donde son los cazasaltarines. Ahora nuestro héroe tiene algo de qué preocuparse.

Liman va directo al grano, quizá demasiado. Viste su film con espectaculares efectos visuales, pero una vez más, se confunde espectacularidad con aparatosidad. Y no sé por qué, siempre se tienen que llenar este tipo de películas con escenas de relleno, única y exclusivamente con la finalidad de mostrar en pantalla los dólares que se han gastado. Aquí hay unas cuantas al respecto. En lugar de poner los efectos visuales al servicio de la historia (la poca que nos cuentan), ésta palidece en beneficio de efectos y más efectos sólo porque sí. Después de que nos quede bien claro que el protagonista puede teletransportarse de aquí a la China, nos meten un montón de secuencias para seguir mostrándonoslo sin que venga a cuento. Al menos muchas de esas escenas nos valen para ver las distintas maravillas repartidas por el mundo adelante: Giza, Roma, Paris, Tokyo, etc, y así al estilo James Bond, presumir de película rodada en mil lugares distintos

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Por mucho que esto sea el inicio de una trilogía, como lo son otras películas igual de deplorables, eso no llega para intentar justificar lo injustificable: que si presentación de personajes, que si bla, bla, bla. El film no profundiza en absolutamente nada: no tenemos explicaciones del por qué de los poderes de los saltarines, ni el por qué los consideran tan malos par la humanidad, no hay relación entre los personajes (lo de la madre del personaje central clama al cielo). Y lo peor de todo, es que no hay un sólo personaje que caiga bien, o que esté bien interpretado. Hayden Christensen podrá saltar de verdad por haber conseguido un nuevo hit sin la ayuda de tito Lucas, pero en lo referente al trabajo interpretativo, éste simplemente no existe. Jamie Bell ha crecido un montón desde que le vimos bailar en la magnífica 'Billy Elliot'; ahora parece que le va más el sobreactuar. Por cierto, su personaje contiene un sinfín de incongruencias, aparece, desaparece, tal vez para ir en consonancia con sus poderes, el caso es que a estas alturas ya me da exactamente igual. Samuel L. Jackson, que comparte de nuevo película con Darth Vader, se pasa todo el metraje con sus típicas caras de mosqueado, dando vida a una especie de salvador redentor con mala uva, que proporciona momentos divertidos de lo malos que son, sobre todo por sus continuas alusiones a Dios.

Y en un apartado más penoso aún, Rachel Bilson, dando vida a la chica de la película, cuyo personaje es simple y llanamente inútil, una mera excusa para dotar al film de historia de amor, con la cual uno no se enternece o simpatiza, directamente vomita. Kristen Stewart pasa por aquí, sólo en una escena, y damos gracias al cielo por ello. A Tom Hulce ni se le reconoce. Michael Rooker está totalmente desaprovechado; y lo de Diane Lane es de juzgado de guardia.

Si la supuesta trilogía tiene esta carta de presentación, que Dios nos coja confesados. Rezemos todos juntos para que venga Paul Greengrass y le vuelva a arreglar la papeleta a este señor. Yo ya firmaba. En Blogdecine:

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