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'Lake Mungo': un escalofriante falso documental sobre el duelo que continúa siendo un enigma tras años de influencia en el terror
Críticas

'Lake Mungo': un escalofriante falso documental sobre el duelo que continúa siendo un enigma tras años de influencia en el terror

Han pasado 13 años desde el estreno de ‘Lake Mungo’ (2008), un mockumentary de terror aparecido en el albor del resurgimiento del subgénero, justo al mismo tiempo que esfuerzos de gran estudio enfocados al found faux footage como ‘Monstruoso’ (Cloverfield, 2007) o ‘Paranormal Activity’ (2007) arrasaban en taquilla, perteneciendo en realidad a otro circuito, tan al margen que resulta que sigue sin estrenarse comercialmente en España.

Proveniente de Australia, su mayor popularidad llegó en su lanzamiento americano en 2010, cuando el festival After Dark HorrorFest la incluyó en su serie de colecciones ‘8 Films to Die For’, que servían como filtro y expositor de tendencias o autores de terror para el mercado de vídeo. Sin embargo, ‘Lake Mungo’ era un producto atípico en dicho sello, no solo por su producción realista o su carencia de shocks de sangre, efectos especiales y asesinatos, sino por su propia temática: la naturaleza de los fantasmas.

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SPOILERS en el texto.

El enigma de Joel Anderson

El cine de terror de los años 2000 solía dejar todos los temas sobrenaturales de cariz metafísica para las ofertas japonesas, británicas o incluso españolas, pero durante la segunda mitad de la década vivieron también su propia decadencia, con lo que la idea de mezclarlo con un formato de videodiario resultaba efectiva, tan solo un año después del bombazo de Oren Peli y Blumhouse. Sin embargo, pese a su importancia entonces y su valor a día de hoy, sigue resultando un enigma, no solo por lo que explica, sino por el paradero de sus creadores.

“La hicimos pensando que sería una buena idea conseguir que una película resultara una especie de curiosidad, pero que si la vieras dentro de unos años, sin saber nada sobre su origen, te preguntaras: ¿es real, no es real?”

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En una de las escasas entrevistas de la época sobre ‘Lake Mungo’, su creador parece estar describiendo sin saberlo el destino, no solo de la película, sino de su propia carrera. Con apenas participación en un corto de 2013 y ninguna película bajo su firma, el director Joel Anderson parece haber desaparecido tras crear una de las películas claves para entender el cine de terror de los 2010, cuyo culto sigue creciendo año tras año.

No puede aventurarse que su propia cita indicara que su próximo movimiento significara una desaparición con interés en crear más mítica o verosimilitud sobre su obra, ya que la propia entrevista describe su proceso de crear algo falso. El sacrificio del ego en favor de la textura ultrarrealista no es ajena al subgénero y podemos recuperarla en probablemente la mejor película del estilo desde entonces, la misteriosa y fascinante ‘Murder Death Koreatown’, cuya irrupción se debe a las posibilidades de Vimeo como distribuidora para la autoedición.

El cambio del formato de falso documental

Puede que Anderson hubiera hecho una jugada similar si la estructura del mercado On Demand hubiera estado construida en 2008, pero lo cierto es que el ruido que ha generado el film a lo largo del tiempo habría sido suficiente en Estados Unidos para tener al menos una nueva oportunidad. Quizá el esfuerzo independiente esconde a un chico de clase modesta que apenas pudo permitirse un documental de estas características pero no una producción de más envergadura. Las oportunidades no son iguales en todas partes.

Tras ‘El proyecto de la bruja de Blair’ (The Blair Witch Project, 1999) encontrarse con películas de metraje encontrado no era tan difícil, pero lo que no era tan común era enfrentarse a buenos documentales de ficción que integraran el terror en una gran impostura de distintos formatos. Precisamente los mejores ejemplos vienen por parte de los creadores de la bruja, cuyos documentales asociados a su mitología ‘Curse of the Blair Witch’ (1999) o ‘Shadow of the Blair Witch’ (2000) son incluso mejores que ejemplos posteriores del género.

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Tras casos aislados como la aterradora y olvidada ‘The Black Door’ (2001) o ‘Noroi’ (2005), uno de los pocos filmes de la oleada de resurgimiento del formato que hicieron énfasis en el desarrollo documental fue ‘El diario de los muertos’ (Diary of the Dead, 2007) de George A. Romero, con lo que ‘Lake Mungo’ aún se veía como algo fresco, y como la del padre de los zombies, resulta visionaria en su plasmación del uso de la tecnología y cómo hemos ido desarrollando nuestra relación con ella hasta nuestra total dependencia del vídeo a día de hoy.

Una desgarradora elegía de horror

En ambos casos, podía chirriar porque en la época Nokia los vídeos de teléfono no tenían la calidad suficiente, y la narración se volcaba, quizá demasiado, en los registros caseros de los diferentes personajes, dejando entrever una obsesión que podía resultar algo forzada en 2008, pero que hoy día se demuestra certera en retratar el nuevo lenguaje en el que contamos, comunicamos y recordamos las cosas. En 2021 ambas películas podrían haber sido compilaciones de stories de Instagram o una serie de diarios en Tik Tok.

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Ahora que el debate sobre lo que es un film de terror o no lo es ocupa gran parte de los textos que discuten y hablan sobre el tema, es curioso encontrarse con un experimento como ‘Lake Mungo’, en el que el componente terrorífico aparece dentro de la historia de forma perimetral, ya que está planteado realmente como un verdadero documental sobre el duelo de una familia cuya hija desaparece en un lago en circunstancias extrañas. A partir de entrevistas, fotos y vídeos alrededor de los hechos, la historia se desarrolla con giros y revelaciones, pero que dan vueltas alrededor de una realidad terrible.

A diferencia de una película de terror al uso, donde hay un susto cada poco tiempo, el documental se construye sobre la idea de la pérdida, la diferencia generacional y la soledad, convirtiéndose en un estudio elegíaco sobre Alice, una adolescente con secretos y problemas que hacen de su desaparición un misterio casi místico, reservando los momentos de terror a dos o tres escenas muy concretas que amplifican así su efecto junto al sabor de la tristeza familiar y la tragedia que esconde todo el camino.

Raíces australianas

Puede argumentarse que ‘Lake Mungo’ bebe de ‘Twin Peaks’, no solo por la obvia comparación de la muerte en el agua de dos adolescentes con secretos turbios– el apellido Palmer no es casual– , sino incluso por detalles como la presencia de un “Doctor Jacoby” en la trama al que Alice hace confidencias a espaldas de sus padres, pero en realidad también sigue una tradición de cine fantástico australiano en el que lo ancestral se infiltra en la realidad cotidiana a través de lugares cargados de poder, que rompen las reglas del espacio tiempo.

Así, la desaparición de Alice es un hecho pasado sobre el que se va a construir todo el relato, no muy diferente al de la desaparición de las chicas de 'Picnic en Hanging Rock’ (1975), otro relato en el que las rocas y un lugar del paisaje australiano actúa como vórtice del elemento sobrenatural, con la diferencia de que en ‘Lake Mungo’ el suceso es la contemplación cíclica de su propio futuro en un lugar particular que no difiere a los de ‘The Dreaming’ (1988) o ‘The Darkness’ (2016).

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Puede achacarse a ‘Lake Mungo’ un exceso de vueltas de trama, que nunca ayuda a la verosimilitud, pero viendo cómo se dosifica hoy la información en las docuseries de todo tipo no resulta tan extraño. Pero su poder reside en la melancolía sobrecogedora remando en la misma dirección que el miedo, como en un buen relato de M.R. James o clásicos como ‘Al final de la escalera’ (The Changeling, 1980), añadiendo un pixalado de formato de vídeo post ‘The Ring’ (Ringu, 1998) que la hacen, si cabe, más aterradora.

Una pieza adelantada a su tiempo

Hay ideas del film de Anderson tan sorprendentes para el año de su estreno que, incluso en sus revelaciones de créditos, vemos que la muerte puede significar soledad eterna de forma más desoladora que films como ‘A Ghost Story’ (2017). Es imposible no pensar ‘It Follows’ (2014) en el momento de terror clave del film, que no deja de ser una expansión de la misma idea de la muerte persiguiéndote, y además ambas comparten similitudes con la idea tenebrosa de la adolescencia prisionera de Kiyoshi Kurosawa.

Hasta sus transiciones parecen fulgurantes recreaciones de fotografías de los tétricos paisajes suburbanos de Gregory Crewdson que parecen definir el universo visual del film de David Robert Mitchell, así como de ‘Hereditary’ (2018) y la estética A24. Todo su estudio del duelo y los fantasmas nos mueve a la obra de Mike Flanagan quien estableció todo el núcleo temático y tonal de ‘La maldición de Hill House’ (The Haunting of Hill House, 2018) sobre la muerte de una familiar, que curiosamente se suicida aterrada por la propia imagen de su fantasma futuro.

Porque ‘Lake Mungo’ no lo revela, pero deja indicaciones de que la muerte de Alice apunta a un suicidio tras la imposibilidad de transmitir a sus padres sus presagios, temores y “errores” de los que es más bien una víctima. Enigmas que no se responden, preguntas abiertas y una sensación de compartir el dolor de una familia que cuesta pensar que no es real, Joel Anderson creó una pequeña obra maestra que aún cuesta ver hoy con la luz apagada y sigue sirviendo como referente de cualquier intento de mockumentary de terror. Urge su presencia en el catálogo de alguna plataforma.

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