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'Luces rojas', ¿fraude o genialidad?

'Luces rojas', ¿fraude o genialidad?
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Las expectativas con el estreno hace un par de años de ‘Buried (Enterrado)’ fueron enormes. Que si iba a contar con una distribución a nivel de blockbuster en USA, que si iba a ser un exitazo en todo el mundo. Y es que la loca premisa de rodar una historia que transcurría íntegramente dentro de un ataud causaba mucha curiosidad, pero, por desgracia, el éxito económico estuvo por debajo de lo que algunos se atrevieron a vaticinar. De hecho, en USA finalmente jamás llegó a exhibirse en más de 107 cines cuando se empezó hablando de varios miles y Lionsgate perdió dinero con el poco más de un millón de dólares que ingresó allí. Sin embargo, lo que a nosotros nos interesa es la calidad artística de la película, y ahí nos encontramos con una propuesta fascinante en la que Rodrigo Cortés demostraba un control casi perfecto para la creación del suspense y, sobre todo, la tensión.
 
Además, ‘Buried (Enterrado)’ recibió, con total merecimiento, muy buenas críticas e incluso llegó a rascar varios Goya en la edición del año pasado, algo no muy habitual cuando optas por rodar tu película en inglés y con un protagonista extranjero. Los ejecutivos de Hollywood imagino que estarían que no cagaban ante la brillantez demostrada por Cortés para poner en imágenes un guión de Chris Sparling que creían infilmable, por lo que no quiero ni pensar en la cantidad de proyectos absurdos que llegarían a ofrecerle. Afortunadamente para nosotros, Cortés optó por aprovechar esta popularidad para conseguir financiación para un proyecto personal, en el cual él asumiría también la elaboración del guión. Estamos entonces ante una prueba de fuego, porque ¿Es ‘Luces rojas’ la confirmación definitiva de que estamos ante un gran director que nos va a dar muchísimas alegrías o un patinazo que convierte a ‘Buried’ en un acierto ocasional?
 

Cillian Murphy en

El primer punto que me gustaría comentar es que ‘Luces rojas’ me ha hecho acordarme bastante del cine de Christopher Nolan. Imagino que ya habrá quien piense en ‘El truco final (El prestigio)’ por eso de la relativa similitud argumental, pero yo me refiero a una semejanza general, y no tomando como base una cinta concreta del realizador de ‘Memento’. Y es que siempre defenderé que el tema dominante en el cine de Nolan es la obsesión enfermiza que lleva al protagonista a rozar la autodestrucción, si es que no acaba cayendo en la misma, y eso es algo perfectamente aplicable a ‘Luces rojas’, en la cual la necesidad de Tom Buckley por saber cómo el presunto psíquico Simon Silver organiza sus espectáculos. ¿Tiene realmente poderes, es un fraude, y si es un fraude cómo consigue que sea imposible demostrarlo? Sí que hay varios matices a su obsesión, uno de los cuales no conoceremos hasta un desenlace que bien podría calificarse como tramposo, pero ‘Luces rojas’ es prima hermana del cine de Nolan a nivel temático. Lo único que falta es fortalecer la sensación de dualidad entre esos dos personajes, algo que Nolan tiende a hacer de forma cada vez más extrema, y que aquí está algo diluido, pero si Cortés sigue por este camino doy por hecho que es algo que acabará potenciando.
 
Este parentesco se difumina o desaparece por completo cuando pasamos a otras facetas. Sí que la necesidad de mantener en tensión al espectador es algo esencial, pero aquí se opta por un suave in crescendo durante la primera mitad de la película para que sea el elemento central de la segunda. En cambio, Nolan tiene una tendencia a empezar ya alto, aunque más a través de los propios personajes, para optar por la saturación extrema en sus tramos finales. Aquí hay espacio para situaciones cómicas que hagan más permisible al espectador entrar a la historia, un gran acierto, ya que en esa primera mitad hay algún momento en el que sí se juega la carta de Nolan de ser intensos a través de los personajes, pero no siempre llegan a funcionar, y de no ser por varios apuntes entre lo simpático y lo ligero uno podría acabar desconectando de lo que se le está contando.
 

Robert De Niro es Simon Silver

No obstante, lo dicho en el párrafo anterior no quiere decir que Cortés no cuide hasta el último detalle de la puesta en escena, siendo este uno de los puntos fuertes de ‘Luces rojas’. Lo malo es que Cortés no cuenta en esta ocasión con un guionista independiente que haya perfilado al máximo las posibilidades de la historia (y de los personajes), por lo cual hay varios momentos en los que entran en escena ciertas incongruencias que, en ocasiones, pueden funcionar como un ente individual, pero que no terminan de encajar en el conjunto. La gran mayoría son consecuencia de la obsesión del protagonista, pero no están insertadas con una debida coherencia narrativa en la historia. En este punto quizá hubiese sido deseable que Cortés hubiese tardado algo más de tiempo en encontrar la financiación para rodar la película y así perfilar mejor el guión. Y es que, si el suspense y la tensión van en aumento (la sensación de opresión está muy bien expresada en imágenes), las soluciones argumentales del mismo van decayendo hasta acabar en una resolución algo insatisfactoria del caso de Simon Silver, y rozando lo disparatado en lo que concierne al protagonista.

Siempre he creído que Cillian Murphy tiene uno de los rostros más expresivos del cine actual, y eso es algo que se utiliza aquí a la perfección. Y es que no son necesarias grandes escenas ni un abuso de los recursos gestuales para intentar querer transmitir algo al espectador, pues un ligero cambio en la expresión de la cara da de sobra para ver el progresivo descenso a los infiernos del protagonista de ‘Luces rojas’. La película comienza situándolo en el papel de ayudante pringadillo de Sigoruney Weaver (que cumple muy bien en su función de sostén dramático durante la primera mitad de la historia, sabiendo manejar con maestría la oscilación entre lo dramático y lo emotivo de su personaje), una reputada especialista en cazar a farsantes que dicen estar en posesión de habilidades especiales (o simples casas encantadas). Murphy sabe amoldarse a la evolución de Tom Buckley, pues poco a poco se nos desvela que podría ocupar un cargo importante en cualquier otro sitio, a la vez que se va introduciendo su obsesión personal son Silver. Sí que creo que ‘Luces rojas’ patina al querer dar una explicación lógica a este hecho, pero eso no es culpa de un Murphy que se adueña de la película en cuanto ésta se lo permita, y eso es algo de lo que ambos se benefician: Su actuación tiene más matices con los que jugar y la película gana interés por el desarrollo del personaje. Un Win-win que dirían los angloparlantes.
 

red lights

Una de las cosas con las que más se especulaba era con la posibilidad de que ‘Luces rojas’ pudiera ser una prueba tardía del gran talento que tiene Robert De Niro, y es que lleva ya muchos sin demostrar lo gran actor que es. Sin embargo, sí que tiene la suficiente profesionalidad para al menos esforzarse un poco de vez en cuando, y ése es el caso ante el que nos encontramos. De Niro es consciente de que sólo con su presencia y la ayuda de un guión que no sea una porquería (el gran problema de la abrumadora mayoría de sus trabajos de los últimos 10-15 años) ya es mejor que la gran mayoría de gente que se hace llamar actor y eso es algo que demuestra aquí. Y sólo con eso ya le vale para estar por encima de Elizabeth Olsen (la gran revelación de ‘Martha Marcy May Marlene’, que aquí tiene un papel un tanto deslucido), Joely Richardson (acertada como la prepotente colaboradora de Simon Silver) y Toby Jones (que demuestra su solvencia habitual como científico que quiere creer en la parapsicología).
 
En definitiva, ‘Luces rojas’ está muy lejos de ser el fraude que echase por tierra la reputación conseguida por Cortés con ‘Buried’, pero sí que deja con la sensación de que Cortés es mejor director que guionista, ya que los únicos males de importancia de la misma vienen por aquí. No es algo grave que acabe siendo un cáncer en el caso que nos ocupa, pero sí que resta brillantez a una propuesta que podría haber sido tan fascinante para el espectador como los números psíquicos de Simon Silver lo son para los espectadores en la ficción de ‘Luces rojas’. Quizá sea que le falta perfeccionar sus trucos como guionista, pero lo cierto es que el personaje de Sigourney Weaver lo tendría fácil (como sucede con el personaje de Leonardo Sbaraglia) para encontrar los puntos débiles del espectáculo que nos propone Cortés si ése fuera su campo. Eso sí, tampoco son tantos para provocar que ‘Luces rojas’ no sea una buena película, pero es una pena que esté por debajo de sus posibilidades.

3,5

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