'El mago del Kremlin' cuenta con el carisma de Jude Law y Paul Dano, pero se queda a medio gas y no es el gran drama sobre el ascenso de Putin que prometía

'El mago del Kremlin' cuenta con el carisma de Jude Law y Paul Dano, pero se queda a medio gas y no es el gran drama sobre el ascenso de Putin que prometía

Sobre el papel era mucho más interesante

1 comentario Facebook Twitter Flipboard E-mail
'El mago del Kremlin'
belen-prieto

Belén Prieto

Editora

'El mago del Kremlin', dirigida por Olivier Assayas, es una película que adapta la novela de Giuliano da Empoli, y que aspira a diseccionar las entrañas del poder ruso contemporáneo a través de una figura en la sombra: Vadim Baranov, el alter ego ficticio del estratega Vladislav Surkov. 

La premisa es potente -tenemos a un productor cultural convertido en el arquitecto de la narrativa política que dio pie al ascenso de Vladimir Putin- y el reparto es impecable sobre el papel. Sin embargo, lo que podría haber sido un thriller político vibrante termina convertido en un ejercicio cerebral, elegante y ambicioso, pero también gélido y desigual, como la propia Guerra Fría. Assayas parece más interesado en construir un ensayo sobre el poder que en narrar un drama con pulso, y esa decisión acaba percibiéndose en el resultado.

Un duelo sin sangre

La película recorre tres décadas -desde la Rusia postsoviética hasta bien entrada la consolidación del régimen- a través de una estructura fragmentada, dominada por flashbacks y largas conversaciones. Gran parte del metraje se apoya en intercambios verbales, muchos de ellos entre Baranov y un académico occidental que actúa como interlocutor, en escenas casi teatrales junto a la chimenea. Aquí asistimos a reflexiones sobre la verdad, la manipulación y la construcción del relato político que suenan profundas, pero que a menudo giran en círculos y se vuelven repetitivas.

Assayas filma estos duelos dialécticos en espacios cerrados, con iluminación tenue y composiciones impecables. El problema es que, pese a la densidad conceptual, falta tensión. Se habla mucho de poder absoluto y de sus peligros, pero rara vez sentimos el vértigo o la amenaza de la que se habla. Lo que debería ser paranoia y conflicto se convierte en una sucesión de conversaciones densas entre hombres con traje.

[]

El resultado es una sensación de distancia emocional constante que no termina de irse. Baranov es presentado como un enigma fascinante, pero el guion nunca logra penetrar en su interior. Sabemos que es brillante y calculador, intuimos sus contradicciones morales, pero no terminamos de comprender qué le lleva a actuar así. La película observa el poder con una frialdad quirúrgica, pero esa misma frialdad termina por dejarnos sin aliento en una espera interminable -porque la película dura más de dos horas y media-.

Actores brillantes que no despegan

Fotograma de la película

Lo que más me ha gustado del filme y que sin duda me lleva a darle el aprobado es el trabajo del elenco. Paul Dano nos ofrece una interpretación contenida y precisa, acorde con el tono general. Su Baranov es un hombre fascinado y repelido por su propia criatura política, alguien que manipula narrativas mientras justifica sus concesiones morales. Pero esa contención, sumada al distanciamiento del guion, contribuye a la sensación de que siempre estamos mirando desde fuera y de que nunca le conoceremos realmente.

Jude Law, en cambio, es electrizante. Su Putin no es una caricatura, sino una presencia calculadora y silenciosa, capaz de imponer con su mirada más que con un discurso. Cuando comparte escena con Dano, la película cobra vida y asoma el thriller político que tanto he echado en falta de ella. Es una pena que estas chispas sean esporádicas y queden enterradas bajo una estructura dilatada que casi que se acerca más al ritmo de un documental que al de un drama de suspense.

Técnicamente, eso sí, hay poco que reprocharle a la película. La fotografía de Yorick Le Saux envuelve Moscú en tonos invernales elegantes, y el diseño de producción recrea despachos y estudios de televisión con una precisión quirúrgica que mantiene nuestro interés. Pero esa perfección formal no logra compensar la falta de nervio.

Al final, se podría decir que 'El mago del Kremlin' es una película con unas ideas muy interesantes, como la manera en la que la política se convierte en espectáculo o cómo de importante es controlar el relato para controlar la verdad. Hay ambición, talento y materia prima de sobra para una gran película, pero el resultado es un rompecabezas político muy elegante con poca sustancia.

En Espinof | "Probablemente me pagaron demasiado". La película que Jude Law se arrepiente de haber hecho y el "agujero enorme" que hay en la actualidad

En Espinof | Jude Law admite que no quedó muy satisfecho de su trabajo con Marvel: "Me hubiese gustado que me dejasen divertirme más"

Inicio