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'Nebraska', cine atemporal

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Hace ya tiempo que conseguir rodar una película de cierto presupuesto en blanco y negro en Hollywood es algo reservado a directores consagrados, pero que pese a ello pueden verse forzados a hacer ciertas concesiones para conseguir la financiación necesaria --o al menos parte de la que deseaban tener en primera instancia--. La cuestión es que actualmente es visto como un veneno para la taquilla, por lo que todo van a ser problemas que mucho que esté justificado --hay que reconocer que también hay casos, normalmente en producciones con pocos medios a su alcance, en los que no es más que una forma de intentar llamar la atención--.

El anuncio de que el sexto largometraje de Alexander Payne iba a ser una cinta en blanco y negro es algo que me pilló totalmente por sorpresa, pero el director de la espléndida 'Election' (1999) se había hecho merecedor con sus anteriores trabajos de una confianza plena por mi parte, por lo que decidí ignorar toda reacción que pudiera tener ante cualquiera de sus decisiones y esperar pacientemente a poder verla. El día del visionado de 'Nebraska' (2013) finalmente llegó, dejándome con unas sensaciones que hacía tiempo que ninguna película de estreno conseguía, pero también con la certeza de que Payne no ha conseguido un relato tan fascinante como se proponía.

La atemporalidad de 'Nebraska'

Bruce Dern

El cine de Alexander Payne nunca se ha caracterizado por abordar temas de gran actualidad o relatos gigantescos, sino por atrapar momentos más o menos representativos de la vida de sus personajes con los que el espectador pueda sentirse identificado de una forma u otra. Eso es algo que vuelve a suceder en 'Nebraska', pero con la peculiaridad de que es el primer largometraje que dirige apoyándose plenamente en un guión ajeno, el primero para la gran pantalla de Bob Nelson, lo que le permite reforzar el carácter atemporal de sus obras, ya que 'Nebraska' es una cinta que, salvo por un par de detalles, podría haberse hecho perfectamente hace cincuenta o sesenta años, encajando así de forma inmejorable su fotografía en blanco y negro.

Payne tampoco ha sido un nunca un director interesado en grandes florituras formales y eso es algo que tampoco altera en esta ocasión, centrándose en recalcar la cotidianidad de las situaciones o los diferentes estados emocionales por los que pasan sus protagonistas --estamos ante una obra que abraza abiertamente el ser previsible, porque sencillamente es algo que le importa bien poco--. Eso sí, el responsable de excelente 'Los descendientes' ('The Descendants', 2011) no se limita a resaltar lo evidente e intenta profundizar a través de su aparentemente sencilla puesta en escena en la raíz de cada momento para capturar la magia y el encanto de la gris rutina y de la leve desviación de la misma por el pueril empeño de su protagonista --intachable Bruce Dern-- en conseguir un dinero que todos sabemos que jamás recibirá.

No faltan los detalles que el espectador impaciente encontrará prescindibles dentro del mosaico elaborado por Payne, ya que 'Nebraska' es una película que quiere ser importante sin recurrir a ese tipo de escenas que uno esperaría ver en un clip de presentación para las nominadas al Oscar. Tampoco hay reacciones altisonantes por parte de un compacto reparto en el que todos encajan como un guante en sus papeles, siendo quizá reseñable las libertades que permiten a la poco conocida June Squibb, con quien Payne ya había colaborado en la notable 'A propósito de Schmidt' ('About Schmidt', 2002), destacar por encima del tono melancólico --aunque sin prescindir en ningún momento de soluciones más informales-- que domina todo lo demás.

La familia no tan unida de

La tristeza es algo que se palpa en todo momento e incluso da pie a alguna licencia un tanto discutible --las apariciones de la antigua novia del protagonista--, pero por lo general no se recrea en ella más que para mostrarnos los pequeños grandes cambios que provoca el supuesto millón de dólares que ha ganado Woody, un pobre diablo que nunca ha sabido decir no a alguien. Esto posibilita que tanto Nelson como Payne se esmeren en una cuidada radiografía de sus personajes, ya que por un lado tenemos a una familia desestructurada que busca la redención emocional antes de que sea demasiado tarde, mientras que con el resto de secundarios se logra incidir en la esperable codicia humana. Y ojo, sin la intención de censurar esa reacción más allá de por los propios actos de los personajes, pues incluso hay varios detalles cómicos bastante inspirados.

Eso sí, la constancia de Payne deja poco espacio para la auténtica brillantez, por lo que no me costaría entender que muchos vieran en 'Nebraska' una película árida y que no aporta nada que no hayamos visto ya en infinidad en ocasiones. Hasta cierto punto tendrán razón, ya que 'Nebraska' también es un relato que nunca consigue alcanzar su pleno potencial, pues por mucho que quiera rascar más allá de lo aparente, lo que nos ofrece deja un desagradable pequeño regusto a superficial. Sí que se intenta evitarlo a través de una factura técnica casi impecable y del buen trabajo de unos actores que consiguen hacer lucir a sus personajes por encima de su interés sobre el papel, algo que me sorprendió especialmente en el caso de Will Forte, pero con este material hay que conseguir una obra que realmente te llegue dentro y no es el caso.

Will Forte en

En definitiva, 'Nebraska' es una película especialmente recomendable para aquellos que sepan paladear una cinta pausada y que no va a contarte nada que realmente pueda cambiarte la vida. Es una limitación --aunque no tenga claro que esa sea la palabra adecuada-- que la propia película se impone y que no consigue superar por más que haya varios intentos para lograrlo. Vamos, una obra sin defectos importantes --habrá quien hubiese recortado más el metraje, pero no es mi caso-- y una cantidad de importante de pequeñas virtudes, pero el todo no consigue ser realmente fascinante en ningún momento durante su viaje, y eso acaba volviéndose en su contra al saber ya todos que el destino es más una formalidad que cualquier otra cosa.

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