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'Pitch Black', reconciliarse con la especie humana

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En el año 2000 llegaba a las pantallas uno de esos filmes de relleno de las majors estadounidenses, que les hacen ganar un cierto dinero en taquilla, y otro cierto dinero en la venta de Dvd’s, y que luego es olvidado, porque tampoco tiene nada de especial. Y así sucedió con ‘Pitch Black’, que recuperó el dinero invertido, e incluso más, y que llegó a conocer una secuela. No, no vamos a decir ahora que ‘Pitch Black’ es una maravillosa joya escondida. No lo es. Y esto salta a la vista. Tampoco es un buen ejemplo de Sci-Fi. Pero esta película tiene algo potente, y a continuación vamos a hablar de eso.

De modo que el que no la haya visto, que no siga leyendo, porque ahora vamos a cometer eso que ha venido a llamarse en los últimos años ‘espoilerazo’, dicho malamente. Y lo vamos a cometer porque nos gusta hablar de películas (sobre todo de aquellas que tienen varios años, pues en una crítica de un estreno no debería contarse nada de la historia, ni siquiera poniendo delante y detrás spoiler), y no sólo decir si son buenas o malas, sino hablar de lo que late dentro de ellas. En el caso que nos ocupa, lo que late es algo que le ocurre a un personaje tremendamente interesante, aunque quizá a algunos no les parezca nada interesante en un principio. Pero Riddick tiene un serio problema con la raza humana. Vayamos por partes.

Esta es la tercera realización de David Twohy, un tipo que sin ser un genio, tampoco es un completo inútil. Sus dos primeras películas no eran nada del otro mundo pero tampoco nada desdeñables. Todas Sci-Fi, por cierto. Las he visto peores. La de ‘The Arrival’ (1996), con un curioso Charlie Sheen, se veía bastante bien. ‘Pitch Black’ es, con toda probabilidad, su película más lograda. Sin embargo, está lejos de la excelencia.

El comienzo es bastante potente, con la tremenda decisión que toma el personaje co-principal Carolyn (interpretado con más que simple convicción por Radha Mitchell), de dejar o no vivir a la tripulación superviviente de una colisión con un meteorito. Y es que el transporte espacial que pilota se viene abajo, estrellándose contra un planeta desconocido. Entre los supervivientes, un mercenario (al que en un principio creemos una especie de policía interestelar, interpretado por Cole Hauser) y su presa, el fugitivo Riddick (al que da vida un más cachas imposible Vin Diesel). El comienzo, la culpa que siente, marcará a Carolyn y tendrá mucho que ver con la conclusión.

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El guión, firmado por Twohy y los hermanos Wheat (sí, vaya nombres…), la verdad que no está mal. Se toma su tiempo en ir presentando a los personajes, sin prisas. Lo malo es que los caracteres, salvo Carolyn y Riddick, pues no son gran cosa, y que a Twohy se le olvida que no está dirigiendo una superproducción, sino una película de serie B, con suerte. Su escritura se resiente de decisiones, como poco, erradas. Ese color azul, esos planos distorsionados dignos de un estudiante poco aplicado de la escuela de cine, te sacan completamente de una puesta en escena que pedía más sobriedad. Sin embargo, está claro que el director no confiaba lo suficiente en su historia.

El progresivo desvelamiento de la desesperada situación del grupo, que no puede imaginarse lo que le espera en cuanto se ponga la luz de los tres astros que iluminan el planeta, tampoco está mal hecho. Pero una vez que por fin llega la oscuridad, las limitaciones de los guionistas y el director se hacen más que evidentes. Y no tienen nada que ver con el poco dinero que ha costado el producto (recordemos que ‘Aliens’ es una película de bajo presupuesto, aunque no lo parezca, y es una obra maestra), sino con la falta de ingenio. Una vez el reducido grupo decide hacer acopio de todas las fuentes de luz disponibles e intentar un desesperado regreso a la nave de salvamento rodeados por los alienígenas (cuya presentación y diseño recuerdan demasiado a otros…), el espectador tiene que hacer acopio de gran parte de su voluntad para creerse lo que le están contando.

¿Por qué una vez que se dispersan y se quedan sin luz unos segundos, no mueren, todos, devorados al instante? Pues porque los cineastas no quieren, y punto. ¿Por qué Riddick parece capaz de desaparecer y ser casi inaccesible a los alienígenas en la oscuridad, a pesar de que ellos son miles? Pues porque los cineastas quieren, y punto. Ahora bien. Esta peliculita tiene algo más que una aventura física de fin de semana. Y ese algo más es Riddick. Un personaje que está muy bien escrito. Quizá por azar, pero lo está. Y es que Riddick es un superviviente, y al final lo que más nos importa es su viaje interior. De pronto, nos creemos esas trampas de guión que cantan ópera: qué casualidad que el personaje interpretado con gran coraje por Vin Diesel tenga los ojos preparados para la oscuridad de ese planeta; qué casualidad que el crío sea una cría, y que comience su periodo menstrual mientras les rodea la oscuridadad…

Riddick será lo que sea, pero tiene sus códigos, y no los traiciona. Al contrario que Johns, que es un falso de los pies a la cabeza, y un traidor al grupo. Es decir, tenemos un malo-bueno, y un bueno-malo.

“Por supuesto que creo en Dios, y odio a ese cabrón a muerte”, dice en cierto momento al más creyente del grupo, interpretado por Keith David, y que le pregunta si quiere rezar con él antes de morir. En realidad Riddick en lo que no cree es en el género humano. Le pregunta Carolyn: “¿Querrás volver a ser parte de la raza humana?”, a lo que él contesta: “Sinceramente, no sé cómo”. Se trata de un hombre que conoce, porque la ha experimentado en sus carnes, lo cruel que puede ser la vida. Y que pese a todo ha salido adelante. Para él, las posibilidades de creer en un ser humano no son ya remotas, sino utópicas.

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Pero hete aquí que se ve inmerso en una aventura que no sólo pone al límite su instinto de supervivencia, sino que le obliga a replantearse cosas. Finalmente, es el único que alcanza la nave de salvamento, arrastrando con su gran fuerza las células de energía imprescindibles para hacerla volar. No tiene intención de volver a por Carolyn y los otros dos supervivientes. Lo ha logrado una vez, y sabe que arriesgarse por ellos es muerte casi segura. Es más, está convencido de que ellos, en su posición, harían lo mismo: le dejarían atrás. Sin embargo Carolyn sale del escondite a por él, y antes de que se largue le alcanza en la nave. Y por supuesto le pide que le ayude a volver a por los otros. Él se niega, mejor que se vaya ella con él.

En este punto, la identificación es muy alta con ambos personajes. ¿Qué haríamos? Seguramente largarnos. Y no porque seamos malas personas, sino porque si volvemos a rescatar a los otros, igual morimos todos. Pero ella, que comienza a subir, entre lágrimas, a la nave, se siente culpable por lo sucedido al comienzo de la historia, y en un arrebato de furia totalmente creíble, se lanza a por Riddick y le ordena regresar. Él le pone el cuchillo en el cuello, pero en vez de matarla, le pregunta “¿Morirías por ellos?”, a lo que ella responde “Sí”. Lo que son las cosas, tener que estrellarse en un planeta maldito para encontrar a una persona (quizá entre varios millones) capaz de entregar su vida por otra. Riddick, que tan claras tenía sus ideas sobre la gente, ha dado con alguien que vale la pena. Y está dispuesto a regresar.

¿No me digáis que la historia no es potente? La interior, claro. Es decir, lo que le sucede al personaje de Riddick. La secuela fracasa porque Twohy cree que lo difícil está en hacer secuencias faraónicas, aunque lo difícil es que a un personaje de ficción le pasen cosas por dentro. Pero la cosa sigue, porque esta vez los otros dos, y Carolyn, logran regresar a la nave, pero Riddick se ve en serios aprietos para volver a lograrlo. Tal como suponía el cachas cínico, los otros dos piensan lo mismo que pensó él: vámonos y dejémosle atrás. Pero Carolyn, una vez más, regresa a jugarse la vida por otro. Está malherido, después de un encuentro con dos alienígenas a la vez. Ella le ayuda a levantarse. “No quiero morir por tí”, le dice. Pero muere. Llega una criatura, la agarra y se la lleva a ella en lugar de a él. Todos pensábamos, un poco ingenuamente, que sería Riddick la víctima, pero es ella la que desaparece en la oscuridad. Él no puede creerlo: “¡no mueras por mí!”, le grita a la lluvia nocturna…

Desde luego él no cree merecer el último gran sacrificio de Carolyn. Con la descrita sucesión de hechos, esta película logra confrontar al espectador con su visión personal sobre Dios, el destino, la muerte…Hay algo triste, oscuro y verdadero en esta floja y predecible historia de ficción científica. Un poso amargo se nos queda en el paladar cuando concluye este digno ‘Pitch Black’. ¿De qué estamos hechos? ¿Somos sólo animales supervivientes? ¿O acaso alguno de nosotros tendría los redaños de jugarse la vida por alguien? ¿Existe la justicia poética? ¿Estamos solos en el universo? Desde luego, al final de la película nos sentimos muy solos. Pero también sentimos que hay una llama en nuestro interior que quizá nos haga libres, algún día.

No sé qué opinaréis vosotros…

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