'La princesa Mononoke', ecologismo y una katana: así se fraguó el inabarcable relato que cambió para siempre la carrera de Hayao Miyazaki
Críticas

'La princesa Mononoke', ecologismo y una katana: así se fraguó el inabarcable relato que cambió para siempre la carrera de Hayao Miyazaki

Cuenta Hayao Miyazaki en no pocas entrevistas que su productor y compinche Toshio Suzuki eligió una violencia firme y amenazante al enfrentarse a Harvey Weinstein de cara a la distribución internacional de 'La princesa Mononoke', que vuelve a los cines tras el 25 aniversario de su estreno.

El malogrado pope de Hollywood, en caída libre desde sus condenas por abusos sexuales, era entonces parte de Miramax compañía que en aquel momento dependía de Disney y que era responsable de la distribución de la película que Studio Ghibli estrenara en Japón un 12 de julio de 1997, y estaba empeñado en meter tijeretazos hasta reducir el metraje de los 133 minutos a la hora y media de rigor.

Cuál sería la sorpresa de Weinstein y su equipo, especialmente agresivos según los describe Steve Alpert en su libro 'Compartir casa con el hombre interminable: 15 años en el Studio Ghibli', cuando recibieron un presente envenenado y nada sutil según el testimonio del ejecutivo. Dieron igual las sugerencias de recorte (que, como señala el libro, tendría lugar con un enfurecido Weinstein insistiendo en la necesidad de reducir el metraje durante el tour europeo de Ghibli en el Festival de Berlín de 1998), pues la respuesta unánime fue una katana junto a la voz de Suzuki aseverando en inglés "Mononoke Hime, NO CUTS!'", dando por concluida toda discusión posible.

El espíritu de 'La princesa Mononoke', de sus dioses insondables e incomprensibles para simples humanos, parecía infiltrarse en el propio equipo de Ghibli, incapaz de entender los caprichos de un hombre borracho de poder y ambición pero lleno de ignorancia y mediocridad. Veinticinco años después, la cinta mantiene su innegable rotundidad como una de las historias fundacionales del estudio, con la fabulación ecológica frente a la industrialización salvaje, la sensación agridulce de la humanidad como plaga y los peligros de la dominación de la naturaleza como particulares señas identitarias y señaladas marcas de presente.

Así las cosas, 'La princesa Mononoke' fue un hito y una consagración: Ghibli llegó a niños y adolescentes de finales de los noventa que, desde entonces, les serían fieles; Miyazaki se convirtió en uno de los directores más aclamados de todo el mundo, además de uno de los pocos reconocidos como autor en el ámbito de la animación, y aumentó, a su pesar, su presencia internacional en el circuito de festivales; la recaudación de la película fue la mayor de la historia para una película japonesa en la taquilla nacional (puesto que en la actualidad detenta 'Kimetsu no Yaiba…' tras superar a 'Your name' y 'El viaje de Chihiro') y una de las más exitosas a nivel internacional… Pero ¿cómo llegó a ser un fenómeno industrial y generacional?

La distribución de 'Nausicaä del Valle del Viento', un trauma para Miyazaki

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Ghibli nació tras las frustradas intentonas de Hayao Miyazaki, Toshio Suzuki e Isao Takahata de encontrar mayor libertad creativa, estabilidad laboral y respeto de sus derechos como trabajadores en la industria del anime, que aún padece males endémicos herederos de los esclavos y rentables sistemas de producción ideados por Osamu Tezuka para competir, precisamente, con Disney.

El germen del legendario estudio fue 'Nausicäa del Valle del Viento', cinta producida bajo el amparo de Tokuma Shoten tras un interesante movimiento de Suzuki: en la época, el productor era director de la revista Animage, también dependiente de la empresa de entretenimiento nipona y, tras la negativa de esta a realizar una película sin material preexistente, Suzuki animó a Miyazaki a publicar un manga con su idea para proponer a sus jefes la adaptación de la publicación a una película.

De estética steampunk, 'Nausicäa…' ya anticipaba las preocupaciones que 'La princesa Mononoke' retoma: la conciencia medioambiental, la decisión y arrojo de los personajes femeninos de Miyazaki, la ambición humana frente a la dominación de la naturaleza y un cierto vitalismo a pesar de todos estos males. La película fue un pequeño hito que permitiría crear Studio Ghibli como una filial de Tokuma Shoten encabezada por Miyazaki y Takahata que contó en sus inicios con Suzuki como colaborador, y que se convertiría en todo un hito en la industria del cine mundial entre los noventa y los primeros dos mil.

El éxito de la producción nipona, que llegó a la cartelera en 1984, conllevó lo que Miyazaki ha insistido en considerar un mal recuerdo que prefiere relegar al olvido: la distribución internacional de la película, que sufrió numerosos cambios para hacerla "más atractiva" para el público. Así nació 'Warriors of the Wind', versión apócrifa de 'Nausicä…' estrenada en Estados Unidos en 1987 de la mano de New World Pictures, y que poco o nada tenía que ver con el material original, llegando a incluir personajes masculinos que no aparecían en la película en ningún momento, como refrenda su material promocional.

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Esta experiencia ayuda a explicar la reticencia que Studio Ghibli ha mantenido desde su fundación hacia la distribución, y su preocupación por la integridad de sus obras, que se reflejaría posteriormente en el exigente trato de distribución que Walt Disney Company y Tokuma Shoten firmado en 1996. La Casa del Ratón arregló el desaguisado con el lanzamiento en DVD de la versión original de 'Nausicaä…' en 2005, pero el daño ya estaba hecho. La única reparación posible para Ghibli era proteger sus obras a toda costa, manteniendo un férreo control que solo permitiría el doblaje con traducciones que ellos aprobaran, y con la potestad de mantener las decisiones finales respecto a cualquier propuesta de modificación.

El trato dejó de estar vigente en 2017, año en el que GKids consiguió los derechos por la totalidad de películas del estudio en Estados Unidos (en 2011 ya había adquirido los de 13 títulos de la compañía), y que más tarde fructificaría en la sorprendente llegada de todos los largometrajes de Ghibli a streaming durante 2020. Antes de este movimiento, la compleja fórmula de distribución internacional de las obras de Ghibli quedaría sembrada con la enreversada experiencia de 'La princesa Mononoke'.

La fórmula Ghibli: el riesgo del éxito que consumó 'La princesa Mononoke'

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Si atendemos únicamente a los números en la taquilla japonesa, los noventa fueron una época próspera para Ghibli: todas sus películas amasaron cantidades considerables en cines nipones, con 'Porco Rosso' como la más taquillera de 1992 con 2.800 millones de yenes o 'Pompoko' como la que más recaudó en 1994 con 2.630 millones de yenes. Estas cifras explican el crecimiento y la consolidación del estudio, pero dejan entrever su idiosincrasia: cada producción, realizada con mimo, detalle, sudor y lágrimas, puede ser la última si no es un éxito.

Esta estrategia la explica el propio Toshio Suzuki, quien asegura en el libro 'Dans le Studio Ghibli. Travailler en samusant' que con 'La princesa Mononoke' empezaba una nueva era para la compañía: "Había que espaciar los estrenos con un año adicional, luego había que dedicar dos años a la realización de un filme todavía más denso, jamás visto e interesante". El sello Ghibli, que gozaba de gran salud financiera, apostó por alejarse del desarrollo masivo de obras y, por extensión, de la industria del anime y ciertos vicios del sector, si bien sus prácticas no resultaban tan lejanas a las que, a priori, se oponían.

Las jornadas extensivas e inacabables en la revisión obsesiva y casi maniática de Miyazaki de cada elemento de sus películas (dinámica que el director ha lamentado en ocasiones como el prematuro fallecimiento de Yoshifumi Kondo en 1998 a causa de un aneurisma) también son motivo de críticas para agentes clave en la industria del anime. Casos como el de Mamoru Hosoda tras su marcha de 'El castillo ambulante' o el de Mamoru Oshii, crítico habitual con Ghibli y sus dirigentes, a quienes no duda en comparar con el Kremlin, ponen de relieve algunas de las contradicciones en los modos de producción del mítico estudio.

'La princesa Mononoke' no fue una excepción en la línea creciente del estudio. La aún filial de Tokuma Shoten comenzó a trabajar en una nueva idea de Hayao Miyazaki en base a una historia sobre una princesa que vivía en el bosque con una bestia cuyos bosquejos había empezado a dibujar a finales de los 70 (que serían publicados en un libro de arte con una historia muy diferente a la definitiva en tono y argumento).

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Aspecto de los primeros bocetos de 'Mononoke Hime'

Miyazaki dibujó los primeros guiones gráficos en 1994, y, tras realizar el videoclip de 'On Your Mark' comenzó a adaptar ideas anteriores de un primer esbozo del relato que incluiría ciertas poblaciones primitivas de la historia japonesa y estaría ambientado, con pretendida imprecisión, durante el periodo Muromachi, situado en la cronología nipona entre el siglo XIV y el XVI y coincidiendo con el shogunato de Ashikaga.

El periodo Muromachi era un más que jugoso caldo de cultivo para las inquietudes que Miyazaki tuvo durante la concepción y desarrollo de la película: una época pre-moderna y más fluida, con menos distinciones en clases sociales o entre hombres y mujeres, en la que la naturaleza seguía siendo preponderante pero comenzaba a ser explotada, donde pequeños clanes marginales que se enfrentaban entre ellos para evitar su desaparición, bajo la existencia de un poder imperial implícito y presente en la lejanía.

Es decir: el director ideó un relato desde los márgenes sobre la propia historia de su país que también operaba como reflejo de la alerta ecológica, los riesgos de la industrialización salvaje y la falta de horizontalidad social desde un pasado fabulado que desafiaba conceptos históricos de Japón que el propio Miyazaki renegaba.

La producción de la película, que se extendió durante tres años tras el cambio de rumbo estratégico propuesto por Toshio Suzuki, comenzó en 1995 con un presupuesto de récord para Ghibli: una producción de más de veinte millones de dólares, dedicando un tercio a la producción directa, otro al CGI de la película y el último a la campaña publicitaria de 'La princesa Mononoke'. El abultado presupuesto aporta una pista fundamental: a pesar de su habitual consideración de película de culto, la celebrada película de Miyazaki fue concebida desde sus inicios como toda una superproducción.

Un blockbuster de récord con alma de culto

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Hasta entonces, Studio Ghibli había tenido clarísimas sus prácticas de producción, utilizando cels (láminas de celuloide pintadas parcialmente y superpuestas mediante capas que se cambian para simular movimiento) para crear sus animaciones, modus operandi que se mantuvo para 'La princesa Mononoke', que también se sirvió de animación por ordenador por primera vez en la historia de Ghibli. Se realizaron más de 144.000 cels, 80.000 de ellos revisados por Miyazaki, quien acabaría manifiestamente cansado tras la producción, como reflejaría su primera intentona de jubilación y, de hecho, su salida del estudio en 1998 para volver en 1999 con un nuevo cargo.

El excelso trabajo de fondos en 'La princesa Mononoke' respondía también a la representación de la conciencia medioambiental desde el énfasis del bosque, que los translúcidos kodama dejan ver tras su figura. A esto se sumó el novedoso uso de contenido generado por ordenador, trabajo que realizó la CG Room que el estudio creó para la ocasión, en partes clave del metraje: el monstruo infecto del inicio de la película o el dios del bosque decapitado, además de elementos menos perceptibles como la pintura digital para colorear imágenes, la creación de capas digitales en 3D para sustituir cels de dos dimensiones o, el uso de transiciones más suaves o sutiles detalles como motas de polvo. ¿El resultado? Un espectacular maridaje de animación tradicional y tecnología puntera para la época.

Gracias al intenso trabajo de Toshio Suzuki, 'La princesa Mononoke' no tardó en convertirse en un hito histórico para el cine japonés. Bajo la estrategia de éxitos anteriores como 'Porco Rosso', el productor de Ghibli se lanzó a la aventura sabiendo que, por presupuesto, la película tenía que convertirse en una de las más taquilleras de la historia nipona. Así, se realizaron preestrenos para público elegido por sorteo, la cinta se estrenó en 260 cines nacionales para poder competir con 'El mundo perdido: Jurassic Park', el tráiler incluyó imágenes viscerales y violencia explícita para subrayar que esta película de Miyazaki era diferente de las anteriores, el público respondió ante la posibilidad de que, realmente, fuese la última película del director…

Los resultados fueron espectaculares: 'La princesa Mononoke' amasó más de 160 millones de dólares y se convirtió en la película más taquillera de la historia de Japón tras superar a 'E.T.: El extraterrestre', que ostentaba el récord con 133 millones de dólares desde 1983, y estuvo en cartelera más de un año. Este éxito sin precedentes puede rastrearse en la popularidad de la película entre la prensa y la academia, que mostraron interés creciente en el análisis del anime desde una perspectiva crítica, o en el público que fue a verla en más de una ocasión, buscando nuevas capas en la obra. Todo eso sin contar el éxito del merchandising, negocio en el que Ghibli tiene poco que envidiar a Disney, y la distribución internacional de la producción.

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Ya adelantábamos que el estudio -y, especialmente, Hayao Miyazaki- solo toleraría que 'La princesa Mononoke' llegara al público internacional bajo unas concretísimas indicaciones que seguirían las líneas maestras que el estudio marcara. Así se fraguó el famoso contrato entre Tokuma Shoten y Disney, en el que la Casa del Ratón adquirió los derechos de distribución internacional, excepto en territorio asiático, de 'La princesa Mononoke', y se incluyeron cláusulas de revisión con potestad final sobre cualquier propuesta de edición.

Alpert, en nombre de Ghibli, tuvo que enfrentarse a las dificultades de trasladar las ambigüedades de la cinta (desde su propio título, puesto que mononoke es un término japonés que se refiere a bestia o espíritu con una polisemia de difícil traducción) al público occidental y, en concreto, a la visión de productores de cine que querían una épica lucha del bien contra el mal. Tuvo, eso sí, un aliados de excepción: Neil Gaiman fue el responsable de adaptar el guion al inglés, y voces como la de Billy Bob Thorton, Gillian Anderson, Billy Crudup, John DiMaggio, Claire Danes, Minnie Driver o Jada Pinkett Smith participaron en el doblaje de la película.

Tal y como narra en su libro, Alpert se vio obligado a entenderse con el equipo de Miramax, que propuso vender la película en Estados Unidos como una obra de culto y desdibujar en la traducción las ambigüedades de la historia para hacerla más claras para el público. 'La princesa Mononoke' se estrenó en Estados Unidos sin pena ni gloria, logrando algo más de dos millones de dólares, aunque las ventas domésticas de la película funcionaron mucho mejor. Sin embargo, la semilla del reconocimiento internacional a Ghibli y a Miyazaki ya estaba sembrada, y germinó definitivamente con 'El viaje de Chihiro', ganadora del Oso de Oro en Berlín y del premio Oscar que el director se negó a recoger.

'La princesa Mononoke': una obra total que no pierde su vigencia

Más allá de ser un hito industrial, 'La princesa Mononoke' supuso un auténtico revulsivo para jóvenes de todo el mundo. Tal y como lo describe la investigadora Laura Montero Plata en su excelente monográfico sobre la película, su alineación con las preocupaciones de su presente, como la Guerra del Golfo, el genocidio ruandés, la amenaza con la capa de ozono o el terremoto de Kobe, entonaron el cariz de la película hacia un tono más solemne y apesadumbrado, alejado de anteriores películas de Miyazaki, pero también hacia una continua subversión que aún mantiene su vigencia.

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El director quería retratar la historia de su país que él mismo denostaba a través del jidaigeki. Así, como señalan Shiro Yoshioka o la propia Montero, 'La princesa Mononoke' parte de las ideas de teóricos japoneses de los setenta como Sasuke Nakao o Yoshihiko Amino, quienes sugerían una contrahistoria frente la identidad japonesa que el relato oficial del país había configurado durante el siglo XX, poniendo en primer término del relato a poblaciones marginales: es el caso de Lady Eboshi, su séquito de mujeres trabajadoras o sus protegidos leprosos; o de las tribus ancestrales, como la del príncipe Ashitaka, que podrían relacionarse con los emishi o la cultura Jomon, antes mencionadas como primitivas precursoras de la sociedad nipona.

Pero Miyazaki no solo se fija en Japón para su particular reinterpretación. Sin ir más lejos, la figura de Ashitaka, que emprende un viaje tras una maldición, funciona como trasunto mesiánico por su papel mediador y de sacrificio, como propone Christine Hoff en el artículo 'Between the Worlds: Liminality and Self-Sacrifice in Princess Mononoke'. No es este el único: hay trazas de la cultura de países que habrían estado relacionados con Japón a lo largo de su historia, como Bután o Nepal, de donde Miyazaki toma inspiración para elementos tan dispares como las muchachas de la aldea de los Emishi o los Kodama.

Manteniendo la pretendida ambigüedad, Miyazaki construyó un interesantísimo juego de espejos deformados en el que la práctica totalidad de personajes relevantes son descritos desde el otro, desde visiones dispares donde la realidad siempre es aparente y aparece habitualmente distorsionada. Acompañamos, entonces, a Ashitaka como descubridor de estas figuras poliédricas y su prefiguración con casos tan reveladores como Lady Eboshi, tildada por igual de bondadosa y demoníaca, o el de San, una humana que reniega de sus raíces pero que también es repudiada por los protectores del bosque.

El ánimo revisionista de la cinta viene de la mano de un enfrentamiento insondable: el de los ambiciosos y destructores humanos y los indolentes y antiguos dioses. Y es que 'La princesa Mononoke' nace y se desarrolla en torno a esta dicotomía, que ya se observa desde el inicio con la bala que Ashitaka encuentra entre los huesos de Jago y que parece conducir a la idea de que el progreso indiscriminado, e incluso el milagro japonés de los 70, no puede acabar con la naturaleza, y sus ejecutores quedan condenados, malditos y a la espera de un castigo que destruye todo a su paso.

Este tono pesimista, con una ciudad de hierro que bien podría recordar a las explotaciones de Saruman en 'El señor de los anillos: Las dos torres', también refleja el sentido ecológico que siempre ha estado presente en la obra de Miyazaki. A este respecto, 'La princesa Mononoke' realiza una interesante comparativa desde el pasado nipón con la industrialización en las sociedades modernas, realizadas históricamente a ritmos acelerados y obviando consecuencias catastróficas para el entorno natural, algo aplicable a la deforestación nipona, pero también a la emergencia climática del presente.

El retrato de la futilidad y la gravedad de las perversiones humanas y sus consecuencias, habituales motores narrativos en las historias del director, no impide que la cinta sea más optimista de lo que podría pensarse. Con un vitalismo que es marca ineludible de la filmografía de Hayao Miyazaki, 'La princesa Mononoke' proclama que, incluso después de la destrucción sembrada por un dios sin cabeza en una noche que parece no acabar, el día siempre llega y, aunque no sean los mismos, los árboles vuelven a florecer.

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