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'La que se avecina': Montepinar acusa cierto cansancio en un arranque de temporada 11 con momentos brillantes
Críticas

'La que se avecina': Montepinar acusa cierto cansancio en un arranque de temporada 11 con momentos brillantes

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A estas alturas de la serie, diez años después de su estreno, y convertida en un éxito casi garantizado para Tele 5, 'La que se avecina' guarda pocas sorpresas en su manga. Sus indiscutibles virtudes siguen ahí: el humor chocarrero e incorrecto, casi un desafiante bastión en estos tiempos que corren; su impresionante plantel de comediantes, casi todos con las vibraciones de sus personajes perfectamente medidas; o su ritmo sainetesco y paródico, heredado de formas narrativas tan grabadas a fuego en la psique colectiva española como son los tebeos de Bruguera.

Pero también es inevitable que la producción haya desarrollado ciertos vicios que han acabado erosionando su lustre de hace unos años. Algo inevitable teniendo en cuenta el larguísimo recorrido de la serie: personajes y tramas que se hacen repetitivos, recursos mil veces explotados (en el segundo de la temporada 11, todo empieza con un plan de Recio para erosionar la confianza en la Presidenta de la comunidad que culmina con un robo en la Atalaya del Arcipreste) y una ya arcaica duración de nada menos que hora y media por episodio.

Sin embargo, el esperadísimo reencuentro de los vecinos de Montepinar con los espectadores se ha saldado con el éxito habitual, al menos en su estreno: minuto de oro, audiencia media de algo más de tres millones de espectadores y programa más visto de ese miércoles, aunque fueron las peores cifras de un estreno de la serie desde 2011. El posible motivo de su espectacular retraso, que ha llevado a que pasen dieciséis meses desde el final de su anterior temporada hasta ahora es, quizás, que Telecinco no ha tenido necesidad de recurrir a ella, debido al éxito apabullante de la anterior edición de 'Supervivientes' y de las últimas iteraciones de 'Gran Hermano'.

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Está claro que, pese a que la aceptación de la serie sigue brillando en las cifras, acusa cierto cansancio en sus definidísimos códigos, de los que a veces en su propio perjuicio no se aparta casi. Algunas de las relaciones entre personajes (Enrique con Alba, los Recio, los Cuquis) son ya remanentes de otras relaciones previas que brillaron más (Alba y Teodoro, y los otros dos matrimonios en fases previas, a veces en modo triángulo como pasó con los Recio, o con los tira y afloja con los niños de los Cuquis). A veces el piloto automático en los guiones y cierto desgaste es obvio.

'La que se avecina': pinturas negras del paisanaje español

Sin embargo, lo que ha hecho grande a la serie sigue ahí, perfectamente a la vista. Por encima de todo, un retrato sin piedad de todos los vicios de la sociedad española: la envidia como pecado capital paradigmático, los arquetipos (el jubilado inútil, el matrimonio joven repelente, la vieja metomentodo, el pícaro liante, el porrero, la mindundi trepa clasista...) construidos con la suficiente habilidad como para que tengan vida propia, y a base de situaciones lo suficientemente desarrolladas gracias a la duración de largometraje de cada episodio. Solo así se pueden presentar historias con principio y fin como la del Fermín médium.

Otro de los grandes alicientes de la serie, los personajes secundarios encarnados por intérpretes notables, aparecen ya en estos primeros capítulos de la temporada con Carlos Areces (que ya hizo una intervención en la temporada anterior dando vida a un personaje episódico sin relación), dando vida al singular psiquiatra de Bruno. Su Agustín Gordillo se convertirá en nuevo vecino de Montepinar y en compañero de piso de Amador, y por las imágenes que se han visto de la evolución de su personaje, la serie explotará a fondo el talento de Areces para el transformismo radical.

la que se avecina

Y todo confluye en el reconocibilísimo estilo de humor zafio y extremo que, orgullosamente, sigue siendo marca de identidad de la serie y que se ha sofisticado hasta casi funcionar como en un idioma propio en cada capítulo. 'La que se avecina' sigue estirando los límites de las cosas que se pueden ver en televisión en un producto mainstream de este tipo, y chistes como el del precio que le pone Teodoro a la Cuqui para que vea a sus hijos son sencillamente inauditos de pura incorrección.

El auténtico sello de 'La que se avecina' es que ese humor de choque se convierte en la moneda de cambio entre los personajes: el chiste necio, el trompazo espontáneo, la persecución a gritos, el polvo cutre, el insulto gratuito... Todo ello describe las relaciones y las personalidades de los habitantes de Montepinar, más allá de un recurso comercial o una forma de disparar los gags. 'La que se avecina' es el retrato de un grupo de lamentables vecinos españoles, y el humor extremo, parece decir la serie, es el único fruto posible de las lamentables relaciones entre ellos. No hay otra producción en España de estas características y con semejante difusión y por ello, pese a los lógicos problemas derivados de llevar diez años en antena, deberíamos tenerla en mejor consideración.

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