La quinta temporada de 'The Boys' llega a su final y con este último episodio se cierra el círculo de una serie que durante años convirtió la sátira política, la violencia grotesca y el desencanto de los superhéroes en una de las propuestas más salvajes de la televisión reciente.
El episodio final nos deja varios momentos emocionales potentes -sobre todo relacionados con Kimiko, Frenchie y el agotamiento de Carnicero-, pero también deja la sensación de que la serie ya venía arrastrando demasiado desgaste.
A partir de aquí habrá spoilers del final de 'The Boys'
Se cierra una puerta y... Se mantiene cerrada
El final arranca con el funeral de Frenchie y una Kimiko completamente devastada, incapaz de usar sus nuevos poderes porque ya no logra conectar con la rabia que antes la impulsaba. Y en lugar de convertirla en una máquina de destrucción total, la serie apuesta por algo mucho más emocional: entender que su verdadera fuerza siempre estuvo ligada al amor y no a la violencia. De hecho, lo que ocurre con Frenchie funciona como el gran empujón emocional del episodio.
Y mientras el mundo se desmorona, Patriota está a lo suyo, acabando de entregarse a su delirio mesiánico y organizando una especie de "segunda venida" televisada, convencido de que ya es una figura imposible de derrotar. Los protagonistas intentan detenerlo infiltrándose en la Casa Blanca, pero el plan rápidamente deriva en traiciones, sacrificios y enfrentamientos desesperados que dejan claro que nadie va a salir ileso.
Todo desemboca en el Despacho Oval, donde Kimiko, Ryan y Butcher consiguen reducir a Patriota a una versión débil y agotada de sí mismo. Al final es Carnicero quien lo mata frente al mundo entero, aunque la escena no es tan heroica como cabría esperar. Después de años esperando este momento, la serie lo presenta más como un alivio incómodo y agotador que como una gran catarsis.
Además, aunque logra derrotar a su mayor enemigo, Carnicero sigue atrapado en la misma espiral destructiva de siempre. Su obsesión por acabar con Vought lo lleva incluso a intentar usar el virus hasta las últimas consecuencias, demostrando que nunca supo vivir fuera del conflicto. De hecho, su despedida junto a Hughie termina teniendo mucho más peso emocional que la propia caída de Patriota.
En resumen, el episodio funciona como un cierre parcial para la historia principal, aunque deja suficientes puertas abiertas para futuras continuaciones -que, en mi opinión, no son necesarias-. Soldier Boy sigue vivo, los personajes de 'Gen V' todavía tienen un papel importante dentro de este universo y Vought continúa existiendo como un sistema corrupto. El problema es que, pese a varios momentos muy emotivos, el final se queda a medio gas, dejando claro que, aunque la serie ha llegado exhausta a su última batalla. Aunque yo personalmente la recordaré más por sus virtudes y por la lagrimilla que me ha sonsacado, que no es fácil conseguirlo.
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