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'The Broken', la invasión de los ladrones del entretenimiento

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'The Broken' es la segunda película tras las cámaras de Sean Ellis, fotógrafo de moda y realizador de varios cortos. 'Cashback', su anterior trabajo, fue uno de esos films que se me escapó en el momento de su estreno (supongo que a muchos de vosotros se os ha escapado, por una u otra razón, una película que tenéis intención de ver y al final la rescatáis en DVD o por la televisión, o por... eso). Casi todo el mundo alabó la ambientación y atmósfera de dicha película, y viendo la presente, queda claro que Ellis sigue obsesionado con lo mismo: atmósfera sobre todas las cosas.

El crear una atmósfera en una película es un ejercicio más difícil de lo que parece. No llega con una buena fotografía y punto. Además se requiere una puesta en escena adecuada, con un uso de la planificación sugerente, por no hablar de la total implicación de los actores. Al final, todo hay que mezclarlo y utilizarlo como un elemento que imprime vigor a la narración. En el caso de 'The Broken' nada de eso ocurre; Ellis sólo se ha preocupado de fotografiar muy bien su película, por no hablar de que ésta es un remake no oficial (utilícese la palabra plagio y homenaje según se desee) de una de las grandes obras maestras de la Sci-Fi.

No leer si no se ha visto la película.

'The Broken' narra la historia de Gina McVey, una radióloga de un hospital en Londres, que un día acude a la típica reunión familiar con motivo del cumpleaños de su padre. Durante la íntima celebración sucede algo que exalta a todos: sin motivo alguno el espejo de pared del comedor estalla en mil pedazos. Al día siguiente Gina ve a una mujer idéntica a ella, y la sigue hasta su domicilio donde descubre horrorizada una fotografía de ella con su padre. A partir de entonces creerá que algo a su alrededor va mal.

El mayor problema de 'The Broken' es que, durando menos de hora y media, se hace eterna por un mal manejo del ritmo. Está claro que las intenciones de Ellis no son las de hacer un film frenético de terror o suspense, sino variar un poco al respecto de lo que siempre se hace en este tipo de películas. La pena es que el director fracasa estrepitosamente a pesar de ciertas atractivas ideas, como por ejemplo sugerir un mundo al otro lado del espejo, nada nuevo que no se haya contado antes, pero con algo más de interés. Éste se pierde cuando Ellis no hace más que subrayar una y otra vez la premisa, jugando todo el rato con los espejos, con las imágenes reflejadas, sin avanzar en la trama, bastante tramposa y efectista por otro lado.

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Esa tendencia a un excesivo subrayado es la que hace perder el interés en lo que la película nos está contando, y que Don Siegel o Philip Kauffman contaron mucho mejor hace tiempo. Así Ellis se recrea hasta la extenuación con un importante accidente de tráfico, filmado desde todos los ángulos posibles, y que gracias al inútil uso de la cámara lenta se pueden llegar a apreciar las cutreces del mismo. Siendo más claro, el coche no es conducido por una persona, sino por un muñeco al que no le han pintado la cara, lamentable. Dejando esa anécdota a un lado, uno pierde la cuenta de las veces que nos muestran el accidente en cuestión, y lo mismo ocurre cuando hacen acto de presencia los miles y miles de espejos que pululan por el film.

Como si el espectador no se diera cuenta de que Ellis intenta jugar con la posibilidad de que todos tengamos un doble, con la suplantación de la personalidad, el film no deja una y otra vez de caer en los mismos errores, repitiéndose hasta la saciedad. Como esto enseguida empieza a hacer mella sobre el sufrido espectador, a éste le da por intentar adivinar qué narices le ocurre a la protagonista. Cómo no hay que ser muy listo para adivinarlo, eso sucede a los dos segundos de ponerse a pensar; al espectador no le queda más que aburrirse hasta el supuesto final sorpresa para sentenciar: "ya te lo decía yo".

Además de esas ideas parciales y de la excelente fotografía (obra de Angus Hudson, que recibió en Sitges un premio por su trabajo en esta película), hay que destacar la labor interpretativa de Lena Headey y, cómo no, Richard Jenkins. Ambos siempre han permanecido en segunda fila, muy injustamente a mi parecer. Aunque a Headey le quedan cosas por aprender o mejorar, se le nota una versatilidad que no poseen otras actrices de su generación. Y qué decir de Jenkins, sólo por su personaje en la extraordinaria serie de televisión 'A dos metros bajo tierra' (de futuro análisis por parte de Adrián Massanet en Vaya Tele) ya merecería estar en un pedestal. Ambos son capaces de dar algo de esencia a unos personajes que parecen vacíos, protagonistas de una historia más vacía aún.

Una película tiene que ser siempre entretenida, y con ello no me refiero a que tenga un ritmo rápido o trate temas poco trascendentales con el único fin de divertir, no. Cuéntenme la historia que sea, utilicen el ritmo que haga falta, lento o rápido, pero háganlo de forma que me interese, lo cual ya me hace estar entretenido. Servidor se entretiene de lo lindo con '2001' o 'Jungla de cristal, y me aburro soberanamente con 'Azul' o 'Superdetective en Hollywood', por poner dispares ejemplos para explicar lo que quiero decir. Evidentemente, no hace falta decir en qué grupo meto a 'The Broken', y mientras me aburro más que una piedra, me retiro a mis aposentos a escribir sobre Josey Wales.

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