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'Truman', amigos hasta la muerte
Críticas

'Truman', amigos hasta la muerte

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Creo no equivocarme al afirmar que fue en 2001 cuando el público de nuestro país empezó a familiarizarse con el nombre de Ricardo Darín gracias a que ese año se estrenaron en España las notables ‘Nueve Reinas’ y ‘El Hijo de la Novia’. Rápidamente se ganó el aprecio de los espectadores y desde entonces ha sido habitual verle protagonizando películas españolas o co-producciones con Argentina, donde su presencia poco menos que garantiza el éxito.

En esta ocasión ha vuelto a ponerse a las órdenes de Cesc Gay en ‘Truman’, una comedia dramática en la que da vida a un hombre que ha decidido que ya ha luchado mucho contra el cáncer y decide abandonar el tratamiento para vivir sus últimos días de la forma más digna posible. Acompañado por un estupendo Javier Cámara, Darín nos deleita con una gran interpretación en un tierno relato sobre la amistad, la fragilidad masculina y la necesidad de afrontar la muerte.

La amistad según ’Truman’

Ricardo Darin Y Javier Camara En Truman

Es evidente que todos preferimos pasarlo bien con nuestros amigos, pero es en los momentos difíciles cuando se demuestra la verdadera fuerza de esa amistad. Ese es precisamente el motivo por el que Tomás –Cámara- regresa durante cuatro días a su Madrid natal primero para intentar convencer a Julián –Darín-, pero sobre todo para darle todo su apoyo y ayudarle en cualquier cosa.

Por ello, Cámara tiene que lidiar con un personaje bastante más difícil de lo que parece, ya que en todo momento se ve supeditado a las necesidades del de Darín, funcionando así al mismo tiempo como gran amigo y también como representante del espectador –sus silencios dan a entender una reflexión interior equivalente o al menos similar a la que vamos haciendo nosotros según va pasando todo, convirtiéndose así sus emociones y reacciones en las nuestras-.

El resultado de ello es que está más definido por lo que aporta al protagonista que por sí mismo, ya que es cierto que se nos dan ciertos detalles sobre él, pero no van más allá de él hablando sobre su trabajo o de esos tatuajes que invitan a pensar en otro tipo de actitud que nunca llegamos a ver. ¿Tiene algo de malo todo esto? Para nada, y menos si tenemos en cuenta que Cámara vuelve a lograr que veamos a una persona diferente en pantalla en lugar de a un actor haciendo más o menos bien una variante de lo visto hasta ahora en su carrera.

Imagen Ricardo Darin Y Javier Camara En Truman

En cambio, con Darín sí que entiendo esa frase que he llegado a leer para promocionar la película de “Darín más Darín que nunca”, porque en este caso sí que le veo a él, pero mostrando otra faceta suya, sabiendo lidiar con su dolor de una forma limpia, intentando mantener el buen humor, pero sin olvidar esa terrible fragilidad que asola a Julián. Además, el actor logra transmitir todo eso con una facilidad asombrosa y sin caer en ningún tipo de exceso o de concesión para llegar al corazón del espectador.

Tampoco me gustaría olvidarme de la química impecable entre Darín y Cámara, ya que hubiera sido insuficiente con su gran trabajo individual si no logran una conexión que nos haga creernos que son amigos y que la dinámica entre ellos está más marcada por eso que por el hecho de que el primero vaya a morir en breve. Las bromas están ahí, también la disposición del segundo a ayudar en lo que sea al primero, pero por encima de todo hay una naturalidad ya buscada desde el muy efectivo guión que Cesc Gay firma junto a su colaborador habitual Tomás Aragay, pero realzada de forma brillante por su dúo protagonista.

El dolor de los hombres

Escena Pelicula Truman

Gay ya incidió en la muy interesante ‘Una pistola en cada mano’ en la fragilidad de los miembros sexo masculino -y aquí se incluye también al hijo en la ficción de Darín-, algo sobre lo que parece que sigue costando hablar en la sociedad actual. Aquí lo hace basándose más en los incisivos diálogos que permiten a Cámara y, sobre todo, Darín mostrarlo sin que la inevitable manipulación emocional sea nunca molesta o caiga en sobrecargas dramáticas que romperían ese tono ligero y casi cómico que hace que el visionado de ‘Truman’ nunca deje de ser agradable.

Sí que me hubiera gustado un poco más de arrojo en el trabajo de dirección, pero Gay opta por una sólida sencillez en la que los sentimientos estén siempre a flor de piel, pero de una forma honesta. Nunca busca la lágrima fácil, pero sí logra que conectemos con lo que sucede, en parte por la combinación de lo inhabitual de mostrarnos la fragilidad masculina, pero también por ser todo reconocible y creíble. Una gran base que luego sus dos protagonistas llevan un poco más allá, y todo ello aliñado con breves apariciones de lujo de otros respetados actores.

En definitiva, ‘Truman’ es una comedia delicada que lidia con un tema que el cine accesible al público no ha mostrado especial interés en reflejar. Y si lo hace con un gran guión y unos muy inspirados Javier Cámara y Ricardo Darín pues poco hay que objetar en una película que quizá nunca llega a asombrarnos, pero que funciona en todo momento. Una opción muy recomendable y que, obviamente, supera al otro desastroso estreno de esta semana del que ya os hablé.

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