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Cine y videojuegos, después de todo, no es más que la misma historia de siempre

Cine y videojuegos, después de todo, no es más que la misma historia de siempre
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La relación superficial entre cine y videojuegos ha resultado casi siempre vana y tremendamente decepcionante. Por un lado está esa larga lista de terribles adaptaciones a la gran pantalla que nunca han hecho justicia a las obras interactivas en las que se basaban (con lamentables nombres propios como Uwe Boll encabezando el despropósito) y por otro, una ingente cantidad de versiones jugables de películas de estreno que buscaban únicamente hacer caja con la actualidad.

Pero como digo, se trata de la relación superficial entre ambos medios, esa que alimenta la mirada crítica de quien se niega por sistema a profundizar en este asunto. Subyacente a la habitual polémica existe un largo camino de aprendizaje por parte de un medio de expresión joven, los videojuegos, por alcanzar las cotas de seriedad y reconocimiento del arte en el que se miran principalmente, el cine. Si lo pensáis un poco, no es más que la historia de siempre.

Lumiere

Cuando el cine hizo acto de presencia por primera vez allá por finales del siglo XIX, fue mirado con condescendencia e incluso con rechazo por parte de las gentes del teatro. Digamos que un arte casi tan antiguo como el hombre no podía tomarse en serio aquel invento que ya empezaba a tener éxito entre el pueblo llano. No hay otra explicación que ampare el nacimiento del Film d’art, corriente cinematográfica de principios del siglo XX que buscaba el beneplácito del teatro rindiéndole pleitesía formal.

Esta sevidumbre no tardó en diluirse, el cine encontró poco a poco líneas diferenciadoras que dieron alas a la creatividad y al desarrollo de un lenguaje propio. El montaje en paralelo, el travelling, la utilización de grúas o los distintos tipos de planos ofrecían en aquellas salas oscuras repletas de ojos asombrados un espectáculo inédito, una nueva forma de contar historias.

Hemos presenciado este enfrentamiento en otras ocasiones. Le pasó sin ir más lejos a la fotografía con la pintura, al rock´n´roll con la música clásica y al cómic con la literatura. El paso del tiempo ha dado y quitado razones. Todos sabemos en qué ha quedado la intelectualidad hermética e inmovilista que, a causa de la ignorancia o el miedo a lo nuevo, negó en su momento la validez de nuevas manifestaciones artísticas.

El caso del cómic es especialmente escandaloso porque, tras nacer con voluntariedad de crítica política y social, se asoció durante décadas posteriores a la niñez y a los jóvenes, negando ese hecho, salvo contadas excepciones, su reconocimiento como arte. Si el cine, coetáneo a la existencia de Yellow Kid en la prensa, fue capaz de erigirse a la vez en industria y en vehículo intelectual al poco de dar sus primeros pasos, los cómics tuvieron sin embargo que vagar por un desierto de incomprensión que este que suscribe todavía es capaz de recordar (y soy mayor, pero no tanto). En esas estamos con los videojuegos, que tras un largo periplo repleto a rebosar de frustración, incomprensión y ostracismo, parece por fin visible la llegada a buen puerto.

Last Guardian

El cine encontró inicialmente en el teatro y en la novela decimonónica la base sobre la que contar sus historias, el desarrollo y la aplicación de un lenguaje propio consiguió que esta narración ajena fuera percibida como original y portadora de una nueva forma de contar las cosas. De la misma manera, una rama de los videojuegos explora la narrativa clásica desarrollada principalmente por el cine para hacernos llegar lo que tiene que decir, utilizando para ello las singularidades que lo definen como medio único, esto es, la interacción directa entre el usuario y la obra.

Cine y videojuegos. Empieza aquí un viaje lleno de sorpresas y hallazgos. Trataremos de mostrar en próximas entregas las líneas reales pero tal vez sutiles que entrelazan ambos mundos, sólo hay que prestar atención, saber ver y querer escuchar. Partiremos de los inicios y arribaremos a lugares familiares, después de todo, no es más que la misma historia de siempre ¿O no?

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