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Enron era una cuestión de fe

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"Si todo el mundo está implicado, entonces nadie es responsable", la lapidaria frase sobre la escandalosa debacle de la compañía energética estadounidense Enron pertenece a Alex Gibney, productor y editor de documentales y director del documental Enron, The Smartest Guys in the Room.

La versión electrónica de la revista Filmmaker publica una entrevista con Gibney y Bethany McClean, en cuyo libro libro se basa gran parte del documental. La entrevista, aún para quien no haya visto el filme, resulta fascinante.

Los documentalistas nos recuerdan que el funcionamiento del mercado de valores depende en gran medida de una cuestión de fe. La gente de Enron lo sabía y obró en consecuencia: crearon todo un departamento de transacciones financieras falso, con secretarias que hacían el papel de brokers, con el sólo propósito de impresionar a inversionistas.

En este sentido, para los documentalistas, había poca diferencia entre Enron y un estudio de cine de Hollywood. "Era como una máquina de propaganda", dice Gibney en la entrevista.

El documental, cuya banda sonora es de antología, fue estrenada el 22 de abril pasado en los Estados Unidos con excelentes críticas. Sobre el escándalo, Penelope Spheeris había dirigido un telefilme, The Croked E: The Unshredded Truth about Enron.

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