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Reflexiones sobre la piratería (II): Copiar no es robar

Reflexiones sobre la piratería (II): Copiar no es robar
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Daniel Sánchez Arévalo responde con su 'Buenos días', el revuelo montado con el arrebato de su anterior artículo. Aquí no sé si es por lo que se ha levantado en Internet al respecto, o si fue porque le llegó la respuesta de un lector enfadado con su artículo. Su opinión en el nuevo artículo iba dirigida contra los que se han sentido ofendidos por sus palabras, comparando situaciones de la vida normal con la vida digital, como si comparas peras con manzanas, cuando son cosas diferentes. No es lo mismo robar que copiar. Me quedo con su último párrafo.

Tenía siete años, estaba en Almería, íbamos a un cine de verano a ver Las doce pruebas de Astérix. Antes de entrar robé en un supermercado una Pantera Rosa. Me la comí a escondidas en mitad de la película. Me supo a gloria. Nació un chorizo dentro de mí. Sé que es mejor no hacer ciertas cosas, pero si se hacen es mejor asumirlas, incluso disfrutarlas, nunca justificarse. Papá, soy un chorizo, pero te quiero mucho por llevarme tanto al cine (pagando). Quiero pedir disculpas a los que se han sentido ofendidos por llamarles ladrones, gilipollas, incultos y paletos. Rectifico, sólo quería llamarles ladrones. Hala, ya está, cada uno a seguir con lo suyo.

Mirando el RAE y consultando las definiciones de una serie de palabras, encuentro que, por piratería se refiere al robo o destrucción de los bienes de alguien, y por piratear, a cometer acciones delictivas contra la propiedad, como hacer ediciones sin permiso del autor o propietario. Si buscamos la palabra robar, ésta se define como tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea, pero resulta, y es lo que me llama la atención, que una de las acepciones indica que entre colmeneros, se entendería robar como sacar del peón partido todas las abejas, ponerlas en otro desocupado, y quitar de aquel todos los panales, poniendo el peón en el potro, y dándole golpecitos hasta que pasen al vacío las abejas (traslademos el ejemplo a Internet). Por último, copiar se define como sacar copia de un dibujo o de una obra de pintura o escultura (no hace referencia a la parte digital).

Uno no busca justificar la acción de no ir al cine o de descargar películas, lo hace sin más, lo cual no implica que por ello uno se convierta en un ladrón. Me pongo en el siguiente ejemplo: si veo películas en mi casa descargadas, pero también voy al cine, ¿ya no sería un ladrón? Tomo de nuevo la entrada de pianista en un burdel para reseñar esto:

(...) Yo podría bajarme la película y luego ir al cine a verla, pagando la entrada. Y no sólo eso: también podría ocurrir (de hecho así ocurre) que yo ni me la descargue ni vaya al cine a verla. Es decir, que yo puedo, en un arranque de lucidez, no ir al cine a ver [una película que no me atrae], sin que de ello se derive que la causa es que me la he descargado. O sea, que podría ser –sólo es una teoría, ¿eh?- que el P2P no signifique EL FIN DEL CINE. En cualquier caso, hay algo que no es: no es robar. El usuario de P2P no sólo no obtiene beneficio ilícito, sino que genera beneficio lícito. Sí, sí. ¿O no le[s] suena la palabra CANON? Se paga por los CDs y DVDs, por los discos duros, por los reproductores digitales, por los teléfonos móviles...

Como indiqué hace casi un año, el P2P no es piratería ni es tan malo. ¿Por qué? Algunos cineastas miran el lado positivo de este nuevo canal de distribución que les permite dar a conocer sus obras, como una herramienta de marketing que le permita a la gente valorar si ver sus próximos estrenos, más cuando no habían visto sus trabajos anteriores, seguramente por desconocer su existencia. ¿Qué destino les esperaba antes? Un rincón escondido en uno de los estantes del videoclub, guardando polvo. Todo porque no se metió el suficiente dinero en marketing para dar a conocer el film, o porque antes el público no tenía opciones para poder al menos verla. Claro que es mejor un cliente que te ignora y no pasa por caja, que un cliente que te empieza a valorar, aunque tampoco pase por caja.

Pero regresemos al punto de las personas, no cineastas, que toman la alternativa de descargar películas y pueden ir o no ir al cine. De hacer uso de una copia privada, como antaño, pero en la era digital. Ahora tomó unas frases de casiopea, poniendo puntos sobre las íes en el tema de la copia/descarga:

Hay dos grandes afirmaciones que sostienen el debate en torno a la copia en la red. Un[a] es [aquella] que dice que una copia realizada equivale a una entrada no vendida. Es decir, que si yo me copio una película dejo de ir a verla al cine. Eso implica que, para empezar, tenía intención de verla en un primer momento y he dejado de hacerlo porque tengo una opción gratuita. (...) La otra afirmación es que el mundo físico y el mundo digital funcionan con las mismas reglas. Y al igual que la primera, esta afirmación es falsa. Copiar algo es una cosa, robarlo es algo muy distinto. Si uno se compra un DVD original y lo copia y esa copia se la da a un amigo. El tipo de la tienda sigue teniendo la misma cantidad de DVDs para vender. No tiene porque perder un cliente. ¿Puede perderlo? Si. O no. Porque puede que a) ese chico nunca fuera a comprarse ese DVD; b) ese chico quiera tener el DVD original porque la película le ha gustado; c) ese chico ha descubierto un director (o un actor/ actriz) que le gusta y, aunque no compre el DVD, querer ver otras películas suyas; d) ese chico quiere regalar el original DVD, que es más bonito que el copiado.

Y esas alternativas las realiza informándose, a traves de Internet, cierto, pero asegurando su opción.

Si me pongo en el ejemplo de Daniel, que no olvidemos partió del echo que implican las descargas como razón del cierre de los cines y de los males del cine patrio, pienso en cómo la gente conoció su trabajo y su obra. Si Internet permitió a muchos de los espectadores que luego pasaron por taquilla conocer y ver su película, fue gracias a que copiadores sin ánimo de lucro compartieron sus cortometrajes en Internet para que la gente los disfrutara, bien en streaming, bien en descarga. Una vez hecha la primera idea de lo que se podían encontrar, se acercaron al cine, y valoraron como correspondía su película. De tal forma, que permitió, gracias al primer empuje del boca a boca, que la película se mantuviera en pantalla los seis meses que en principio era difícil lograr.

Los espectadores de provincias leían y oían los parabienes de su película. Como la curiosidad llamaba a sus puertas, y nadie les ofrecía lo que demandaban, buscaron las alternativas para tener una opinión al respecto. Los goyas fueron un espaldarazo, y siguió la gente yendo a las salas a ver al nuevo valor. Luego apareció el DVD, en una versión pobrísima, generándose las copias correspondientes para que el público que, por un lado, aún no la había visto pensase si iba a merecer la pena acercarse a ver su próximo estreno, y por otro lado, llevar a cabo los puntos que comenta casiopea, un regalo para un ser querido, y desde su experiencia en el maldecido P2P.

Lo que quiero comentar es que Daniel se debe sentir un afortunado, ganado muy bien con su talento, pero que se vuelve a equivocar al señalar con el dedo a quienes de una manera diferente a la que él piensa, han ayudado a apoyar su trabajo. Esos a quienes llama ladrones, por ver las cosas diferentes a él, copian lo que les gusta, no se llevan dos barras de pan y pagan una, ni cogen un coche nuevo porque en Internet se hace uso de las películas. No son ejemplos comparables. Muchos de los que hacen uso de las descargas, van también al cine. Lo contrario es una idea equivocada, y un no querer ver la realidad. Llamar ladrón al que va al cine y consume películas en la intimidad no es la solución. ¿Se sigue yendo al cine? Menos, cierto. Pero ahora sucede que la gente es más selectiva, y exige, no consume sin más.

Por cierto, con respecto a lo del cine de verano, de pequeño yo me llevaba las golosinas de casa, hasta que un día me prohibieron entrar con comida, que lo que quisiese llevar lo tenía que comprar dentro del cine, me dijeron educadamente. Desde ese día no volví a entrar al cine de verano. ¿Dejé de ver películas? No. Busqué un lugar fuera que me permitiese verlas, sin tantas comodidades, pero donde me podía comer mis golosinas. Como yo, otros niños lo hicieron. ¿Eramos ladrones? Yo tenía claro que no. ¿Qué pasó? Que el encargado al ver el panorama, preguntó por qué esos niños se quedaban fuera e intentaban ver a su manera la película sin pasar por taquilla. Le explicaron lo que sucedía, y en vez de levantar una muralla para que renunciásemos a nuestras golosinas y pagásemos por ver la película y por las golosinas, directamente quitó la norma y dejó a los niños que entrasen con sus golosinas. A partir de ese día, los padres también acompañaron a los niños, y el cine de verano, pudo llegar a ofrecer una mejor programación.

El vaso no está medio vacío. Al contrario, está medio lleno. Mal que pese, la cultura es libre.

ACTUALIZACIÓN: Se siguen generando comentarios al respecto en otros blogs. Destaco dos interesantes. Por un lado la versión en dos partes de Chico Santamano (parte 1ª y parte 2ª), y por otro lado la de la palabra de un mentiroso con su recuperación de las teorías de Darwin. Ambas merecen ser leídas.

Más información | The Future of Internet - And How To Stop It En blogdecine | Reflexiones sobre la piratería En blogdecine | La gente del cine español no conoce el dilema del prisionero

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