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El cine, ¿realmente se muere?

El cine, ¿realmente se muere?
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“En un año que sea un ‘buen reserva’, se producen cinco o seis buenos títulos en el mundo. No más. Puede estar bien ver esas cinco o seis películas. A veces también puede estar bien contentarse con lo peor, la verdadera mierda, sólo para aprender lo que no hay que hacer. Los malos filmes siempre serán más instructivos que los buenos.”

-Werner Herzog

En sus ciento quince años de existencia, se ha vaticinado la Muerte del Cine, o al menos la muerte del cine tal y como lo conocemos, casi cada año. Presentado de manera más o menos oficial el 28 de diciembre de 1895, en París, fue despreciado en un comienzo como un número de barraca de feria, una atracción que suponía, como mucho, una extensión de mal gusto de la fotografía. Pero ya Edison estuvo muy cerca de inventar el cine, aunque parece poco probable que su eminente ingenio hubiera previsto lo que han significado algunas películas. Ahora, con el cine convertido en una gigantesca industria mundial de entretenimiento, que maneja presupuestos multimillonarios y eclipsa casi por completo otras formas de expresión, parece que los grandes títulos escasean más que nunca, que los grandes maestros son cosa del pasado, que las formas están agotadas.

¿Significa esto que el cine ha entrado en una decadencia irreversible y que afronta sus últimos coletazos? No parece viable que las grandes compañías renuncien a continuar creando productos audiovisuales de masas durante muchos años, y a ganar grandes cantidades de dinero con ello, eso lo asumimos todos. Tampoco parece demasiado viable que el venerado cine de los años treinta, cuarenta y cincuenta vaya a conocer una réplica actual en cuanto a autores importantes y a número de grandes obras. Esto también lo asumimos todos. Pero, y aunque no tengo la menor intención de contestar a ese interrogante, sí se puede hacer una reflexión en torno a las razones que llevan a muchos a hacérselo, y así aprovechamos para hacer un repaso de la compleja situación actual del cine y de la no menos compleja figura del espectador en el siglo XXI.

Hace algunos días, leí un comentario de una entrada de alguno de mis compañeros (confieso que no recuerdo en cuál, lo he buscado y sigo sin encontrarlo…), en la que el autor afirmaba que 2010 no estaba siendo un año tan malo como otros comentaristas aseguraban, y daba varios títulos que apoyaban su idea. A grandes rasgos, estoy de acuerdo con él, porque también estoy de acuerdo con Werner Herzog, cuya cita de arriba del todo es muy ilustrativa de su forma de ser. ¿Por qué queremos, o necesitamos, o creemos que son posibles veinte o treinta grandes películas en un año? ¿Son muchos espectadores capaces de distinguir verdaderamente una gran obra dentro de la enorme masa de obras mediocres? ¿No tenemos el listón demasiado alto, o demasiado bajo en algunas ocasiones? ¿Por qué tanta gente se empeña en considerar las películas como mero entretenimiento y luego protestan cuando al cabo de un año le han entusiasmado verdaderamente muy pocas películas entre todas las que ha ido a ver al cine? Vamos por partes, y prometo que no es mi intención sentar cátedra, ni nada por el estilo. Sólo reflexionar e invitar a la reflexión en los comentarios:

1. Hacer cine hoy es muchísimo más difícil que hacerlo hace cincuenta años. No creo que esto se pueda discutir. Los espectadores y los directores que hacían cine hace medio siglo sólo habían podido ver, y muchas veces muy poco, el cine hecho hasta entonces, lógicamente, mientras que nosotros conocemos (o podemos conocer, al menos) todo ese cine y todo el de después. Es decir, es mucho más difícil sorprendernos, emocionarnos, enseñarnos algo que nunca hayamos visto. Por otra parte, ha de competir con otras formas de entretenimiento como la televisión o los videojuegos. Esto me lleva al segundo punto.

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2. Vemos, nosotros y los que hacen cine, demasiadas películas. Los grandes maestros del mudo y muchos del sonoro (Lang, Mizoguchi, Griffith, Murnau, Ford, Lubitsch…) inventaron algo que todavía no existía, y ahí radica gran parte de su fuerza. Ya no hay, y es una pena, espectadores ni creadores “inocentes”. Más bien imitadores de formas ya establecidas, en lugar de buscar sus propias formas. Hasta la televisión o los videojuegos imitan las formas del cine.

3. Hablando de formas, existe una gran limitación a la hora de considerar las formas del llamado “cine clásico norteamericano” como las únicas válidas, o por lo menos las mejores y las más perfectas, cuando se trata más bien de una artesanía esquemática, la cual sin embargo es prolífica en grandes títulos porque los grandes autores europeos emigraron allí debido a la Segunda Guerra Mundial o simplemente por ganar más dinero (¡lógico y normal!) y por disponer de mejores medios. Esa plenitud artesanal ha generado muchos prejuicios que arrastramos hoy día, hasta el punto que la mayoría valora una película en relación a lo que sería el modelo clásico, en lugar de valorarla sólo en relación a sí misma y a su director. Hasta que no nos demos cuenta de que el cine sigue cambiando, evolucionando, buscando su forma, seguiremos estancados y el cine seguirá desaprovechado. Así lo veo yo.

4. Se hacen demasiadas películas. No soy nadie para sugerir ningún tipo de criba ni de mínímos profesionales, pero creo que (según unos datos publicados hace pocos años) casi mil películas al año en Europa, más de mil en India, alrededor de medio millar en Estados Unidos, más de trescientas en China, más de cuatrocientas en Japón, cada año, es una barbaridad. Esto, además, provoca una consecuencia directa: que muchas películas que probablemente sean muy valiosas, nunca alcancen una distribución medianamente digna, y pasen al olvido, mientras solamente se potencia la carrera comercial de productos fabricados para entretenimiento de masas, no precisamene el cine de autor, que es el único que soporta el paso del tiempo.

5. Parece que no nos damos cuenta de lo que ha costado conquistar una serie de espacios y derechos para la libre opinión después de que Franco se fuera al otro mundo de una vez. Ha sido un avance lento y lleno de dificultades que, ahora, se ha visto interrumpido y ha conocido un gran retroceso, sobre todo con la llegada de internet. Y el lector dirá: ¿Adrián, qué me estás contando, qué tendrá que ver con lo demás? Muy sencillo: el cine no solamente son las películas, también son los espectadores y los especialistas que las reciben. Sería inútil que se hicieran 50 obras maestras al año si los medios de comunicación valoran más el pepinazo mediático y el morbo fácil, si no hay margen para lo diferente y lo personal, si los foros de opinión arrinconan de forma violenta cualquier punto de vista divergente o rompedor. Ver cine es muy fácil, y escribir sobre cine también (basta con juntar unas cuantas palabras, en realidad) pero elaborar criterios, llevar a la reflexión, practicar la coherencia, mojarse en el punto de vista, aceptar ideas diferentes a la tuya sin ofenderte (???)... eso es muy difícil, y también influye a la hora de ver y de aprender viendo cine. Y es cierto que todos tenemos una opinión, pero no todas las opiniones valen lo mismo. En caso contrario entramos en una dictadura de la opinión sobre la jerarquía del conocimiento.

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6. Con la llegada de algunos éxitos 3D (un fenómeno que, creo, va a ser muy efímero) los fatalistas repiten las letanías que ya se oían con la llegada del sonido o del color, “profetizando” un final más rápido aún para el cine. El 3D es solamente una herramienta más, y creo que como tal debe ser empleada. No creo que mejore o empeore una película, y dudo mucho que dentro de unos años todo el cine sea en 3D, ni siquiera un porcentaje considerable lo será.

7. Sería bueno abandonar ciertos fanatismos y ciertas posturas extremas. Al igual que ha pasado con otras artes, la intransigencia y la intemperancia, pueden hacer mucho daño al cine, aunque el cine no sea un arte (y no estoy seguro de que lo sea). Tal como digo más arriba: el cine no solamente son las películas, también sus autores y sus receptores (el público). Todos existen gracias a los otros dos. Y el fanatismo hace mucho más daño del que parece.

8. En el último punto me gustaría retomar la afirmación de arriba del todo de Herzog. Evidentemente, un año en que se produzcan cinco buenas películas, buenas de verdad, es un gran año. Y además estoy seguro de que la mayoría de los años se producen más de cinco buenas, aunque es probable que no veamos algunas de ellas porque lleguen tarde o directamente no lleguen.

Para terminar, y esperando que aportéis vuestras propias reflexiones, dejo dos citas más, muy interesantes, de Carl Theodor Dreyer y de Jean-Luc Godard, que digo yo que “algo” sabían de esto:


“Sin duda, estamos todos de acuerdo en que el cine, tal y como lo conocemos hoy en día, no es perfecto. Pero eso es motivo de alegría, porque lo imperfecto postula la evolución. Lo imperfecto vive; lo perfecto está muerto, fuera de competición, no nos tenemos que preocupar por ello. En lo imperfecto hay miles de posibilidades en conflicto.”

- Carl Theodor Dreyer

“Lo único que necesitas para hacer una película es una chica y una pistola.”

- Jean-Luc Godard

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