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¿Puede ser 'Watchmen' la mejor adaptación de Alan Moore?

¿Puede ser 'Watchmen' la mejor adaptación de Alan Moore?
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Contrariamente a lo que piensen algunos, creo que un gran guión “de hierro” – como los solían llamar en el Hollywood clásico – puede sacar lo mejor de un director mediocre. Pero rara vez hemos visto a un director genial imponerse a un guión catastrófico. Por eso, con motivo de la adaptación de ‘Watchmen’, el que para muchos es el mejor cómic de la historia – y del mejor guionista de cómic de la historia: Alan Moore – me gustaría repasar qué posibilidades y qué peligros supone adaptarlo, ayudándome de anteriores adaptaciones al cine de su siempre deslumbrante obra.

Lo primero: 'Watchmen' es una serie. Que a nadie le engañe que sea una obra cerrada o publicada en un solo tomo. Watchmen nació como una miniserie de 12 números y un virtuoso del formato como es Alan Moore juega con la condición de serie hasta las últimas consecuencias. No me refiero únicamente a los números centrados en un único personaje (los juegos temporales del número dedicado al doctor Maniatan, la historia de Rosrschach, ganadora de varios premios en su momento…), sino hasta a juegos formales como el de un número planificado de forma simétrica, teniendo gran contenido la doble página central. Creo que está meridianamente claro que la estructura de serie permite cosas que a la unidad de una película no le sientan nada bien. No puedes parar la trama central para dedicarle 15-20 minutos a un personaje, y luego a otro y a otro… A su vez, hay una historia de piratas que crea una narración en paralelo durante demasiados números (el propio Alan Moore llegó a reconocer que se le fue la mano). En suma, es imprescindible una supresión de subtramas muy grande de cara a contar ‘Watchmen’ en una película. Por supuesto, los fans del cómic original hablarán de simplificación de personajes, de que no se muestran sus motivaciones, pero eso es inevitable: tienes el tiempo que tienes, y una película no te permite ser tan centrífugo como en una serie. El propio carácter unitario de la obra cinematográfica hace que esas “excursiones” queden vetadas, y si a alguien no le gusta este tipo de narración, hará bien en quedarse en el cómic y no dar el paso a las salas.

En segundo lugar, el cómic tiene una serie de recursos difícilmente transferibles. Y no me estoy refiriendo a los colores de los trajes de superhéroes o a arquitecturas imposibles, sino a aspectos mucho más profundos. En el genial libro ‘Understanding Comics’ de Scott Mcloud se explica todo en mayor profundidad. Lo esencial del cómic, que es la identidad entre el espacio y el tiempo – la composición de página determina tiempos y sentidos de lectura – es intraducible tal cual. Y, en el caso de Alan Moore, uno de los mayores virtuosos de la narración de cómic y de composición de página – junto con Osamu Tezuka y Will Eisner – el problema para las adaptaciones es todavía mayor. Llega con saber que, en líneas generales, cada viñeta de 'Watchmen' era descrita en dos páginas de texto que recibía por el abrumado dibujante Dave Gibbons.

Los amantes de la planificación de Moore también tendrán que afrontar que una gran parte de sus juegos formales no funcionan en la narración cinematográfica, empezando porque en el cine no existe la composición de página, por poner un ejemplo sencillo. Eso sí, los avances en postproducción permiten aproximaciones a algunos logros del cómics impensables hace años. Llega con ver las afortunadas imágenes de ‘Sin City’.

Por último, está el “espíritu” de la obra. Todos recordamos la catastrófica ‘From Hell’. Cómo a alguien se le ocurrió adaptar una obra tan compleja para cambiarle la pura esencia es algo que me supera. En la original, desde un primer momento, se sabía la identidad de Jack el Destripador para, a continuación, sumergirnos en un apasionante estudio sobre un ser enfermo como símbolo de una época enferma. Por el contrario, en la nefasta adaptación, se convierte esa historia en una investigación detectivesca sobre la identidad del destripador. Encima, con el patético personaje de Johnny Depp a quien, en uno de sus múltiples “viajes” se le debió “ocurrir” que el detective lo descubriría todo a través de visiones inducidas por el opio (sic). Del papelón de Heather Grahan, mejor ni hablar.

En ‘La liga de los hombres extraordinarios’ todo el juego cultural de Moore se desvirtuó con una errada dirección artística y con la necesidad de introducir un personaje norteamericano, por aquello de la “identificación del público” en ese gran país donde no deben ser conscientes de que el resto del mundo también existe. Y es que Tom Sawyer no tiene nada que ver con todos los personajes victorianos de la obra original.

En el caso de ‘V de Vendetta’ creo que hay decisiones narrativas muy inteligentes que evitan muchos problemas con las subtramas. Pero existen críticas que sí comparto sobre cómo se ha simplificado ideológicamente una historia mucho más rica que lo que hemos visto en el cine. O más bien lo que ha ocurrido es que no era una historia muy trasladable, pues lo más interesante es la atmósfera opresiva y no la trama terrorista y no es por este lado por donde se decantaron.

Parece ser que quienes han leído las primeras versiones de guión de ‘Watchmen’ están muy esperanzados. La esencia y la seriedad de la obra se respeta y, donde se crea un debate, es en torno al final.

Quienes no conozcan la obra de Moore, que se salten el siguinte párrafo por SPOILER (es decir: porque desvela cosas de la trama).

‘Watchmen’ es una obra de los años 80. A día de hoy, después del 11 de Septiembre, su final queda en entredicho. Ya hemos visto que las grandes tragedias, antes que crear unidad, ahondan el las diferencias. Así pues, aunque manteniendo la identidad del villano, se han matizado sus motivos y métodos. A los talibanes de Moore: si habéis leído ‘Miracleman’ habréis observado cómo la perspectiva e intenciones del autor evolucionaban con los años, así que no sería de extrañar que, de haber escrito hoy ‘Watchmen’ el propio Moore hubiese cambiado el final. FIN DEL SPOILER

En suma, parece que los indicios existentes sobre la labor de David Hayter en el guión de ‘Watchmen’ son esperanzadores. Pero lo fundamental, de cara a los fundamentalistas del cómic, es que entiendan que los cambios son inevitables si se quiere hacer una buena película, y que la síntesis y la concreción no tienen por qué significar simplificación: ahí está la colosal autoadaptación de John Irving en ‘Las normas de la casa de la sidra’ para demostrarlo. Si buscan la fidelidad absoluta, harán bien en alejarse de las salas de cine y volver a leer el cómic original. Al fin y al cabo, las múltiples sutilezas de ‘Watchmen’ se disfrutan más a la segunda lectura, y a la tercera, y a la cuarta…

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