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Cuando la visibilidad de realidades incómodas levanta las costras de la polémica
Series de ficción

Cuando la visibilidad de realidades incómodas levanta las costras de la polémica

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La semana pasada se celebró en Barcelona una nueva edición del Serielizados Fest, un encuentro que gira en torno a la industria televisiva. Italia era el país invitado de este año y contaba con la presencia de varios guionistas y productores del país. Dos de ellos eran Leonardo Fasoli y Maddalena Ravagli, guionistas de la exitosa ‘Gomorra’ que ofrecieron una masterclass de cuatro horas cuyo objetivo era exponer los procesos y técnicas de adaptación de material periodístico a la ficción.

Aunque se habló más de los entresijos de las mafias italianas que de asuntos de narrativa, la duda de una de las asistentes llevó a una anécdota interesante y muy exprimible. Resulta que había trascendido la noticia de que los niños jugaban "a Gomorra" en los parques, interpretando el papel de los criminales protagonistas con sus pistolas de juguete.

Esto había provocado reacciones negativas de algunos colectivos sociales, que se oponían a la emisión de este tipo de productos que (supuestamente) muestran el mundo criminal como algo aspiracional. Maddalena Ravagli dejaba claro que ‘Gomorra’ nunca pretende construir ese universo como algo glamuroso, sino que su intención es hacer un reflejo de cierta realidad y exponer sus riesgos. En todo momento queda claro que es un modo de vida terrible, mueren muchos; es duro. Ellos mismos lo llaman «la mala vida».

Siempre me sorprende cuando aparecen ese tipo de voces contrarias a mostrar ciertas realidades incómodas. No les dejemos ver ‘Gomorra’, no vaya a ser que quieran hacerse criminales; como si lo de jugar a polis y cacos no fuese algo recurrente en la infancia. Claro, que este tipo de exposición de realidades exigen como respuesta algo que para muchos parece un fastidio: educación.

La violencia y la ira son sentimientos y reacciones que forman parte del ser humano. Al igual que la soledad, la búsqueda de la identidad, el desenfreno y la inseguridad. Esto último viene a colación de ‘Por trece razones’, el drama adolescente que ha generado polémica porque algunas voces reclaman que hace apología del suicidio.

Os remito a este artículo en el que exponemos los motivos y el origen de la controversia con la serie de Netflix, para no desviarme del tema. Estoy de acuerdo que en ningún caso debe mostrarse atractivo algo tan terrible como el suicidio, pero veo tan o más peligroso construir estos tabúes gigantescos en lugar de generar posibilidades de discusión y aprendizaje sobre estos temas.

Visibilidad es educación

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La adolescencia es un momento crucial de exploración individual. Entrenar y educar la inteligencia emocional debe ser un pilar de esa etapa. Es importante aprender a analizarnos e identificar nuestras emociones y su origen. Entenderlos y aprender a lidiar con ellos. Comprender nuestras reacciones y decisiones. No soy ninguna experta, pero ‘Por trece razones’ se me antoja una oportunidad estupenda para sentarse con un adolescente a educar de forma natural y cercana a través de un producto con el que conectar fácilmente.

En todo momento se muestra la decisión de Hannah como algo devastador para todo su entorno y como un sufrimiento horrible para ella en el momento que decide llevarse a cabo [una decisión en la que profundiza uno de los guionistas en este editorial]. Las acciones tienen consecuencias en ‘Por trece razones’, y como exponía en este otro artículo, es una serie donde** la empatía es un núcleo muy importante** de la narración.

Pienso en otros ejemplos. 'Sweet/Vicious' y la cultura de la violación o ‘Skins’, en la que quizá es más complicado ver las similitudes. Aquella fabulosa serie inglesa mostraba a jóvenes de familias mayormente desectructuradas y el efecto que eso tenía sobre su comportamiento. También mostraba muchos ambientes y dinámicas sociales que, aunque estilizados, escondían tanta crudeza como verdad.

Por supuesto, ‘Skins’ levantó muchas ampollas y una fuerte corriente de asociaciones de padres cabreados (casa de ‘My Mad Fat Diary’, otra serie adolescente con mucho potencial educativo.) porque sus hijos iban a volverse fiesteros alcohólicos. No está lejos de cuando censuraron un episodio con un aborto en 'Degrassi' o de esas quejas de que 'Bob Esponja' tiene agenda gay por la relación entre Bob y Patricio; y «a ver cómo explico yo eso a mi hijo».

Cuando leo estas reacciones, perdonadme, solo puedo pensar en sobreprotección y en padres con pocas ganas de afrontar las dificultades de educar sobre estos temas. Es cierto que de jóvenes somos impresionables e influenciables, pero precisamente por ello se pueden aprovechar estas ficciones –que reflejan realidades- para darle la vuelta y enseñar. Hablar sobre la serie y sus personajes para conocer su visión de las cosas y así poder orientar en consecuencia.

Es una reflexión que me vino a la cabeza escuchando a los guionistas de ‘Gomorra’ hablando sobre cómo ellos pretenden hacer un relato de todas las emociones complicadas relacionadas con el acto criminal (sic) y que he transcrito aquí para abrir el debate al respecto. Soy la primera interesanda en conocer y tratar de entender otros motivos que generen este tipo de reacciones.

En ¡Vaya Tele! | ‘Por trece razones’ es un melancólico relato sobre la importancia de la empatía

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