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'Cult' es un bodrio

'Cult' es un bodrio
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En los últimos tiempos he tenido que reducir bastante la cantidad de series que sigo por una mezcla de falta de ganas y escasez de tiempo –un factor u otro es más importante según el caso específico-. Esto se ha dejado notar también en el hecho de que me resisto mucho a la hora de empezar a ver cualquier nueva propuesta, algo a lo que también ayuda el escaso nivel de los estrenos de los últimos tiempos. Imagino que es algo que le pasará a más gente, pero es la forma más saludable para no empezar a ver alguna porquería de serie que luego no puedas dejar por simple inercia. En mi caso, si empiezo una temporada, la termino tarde o temprano, aunque eso me pueda hacer caer en ocasiones dentro del hate-watching.

Dentro de las novedades de la midseason americana de este 2013 me llamó especialmente la atención la premisa de ‘Cult’, pues siempre he tenido especial curiosidad por conocer los engranajes de una secta y la capacidad de una persona concreta por subyugar a una gran cantidad de personas. Lo ideal sería que la ficción usase esas artes para enganchar al espectador, pero en el caso de la serie de CW el resultado es un cansino ejemplo de intensidad mal entendida que lo único que provoca es sopor en el espectador ante la falta de interés hacia lo que sucede en su pantalla.

Antes que nada me gustaría dedicar unas –breves- palabras hacia esos apartados de ‘Cult’ que creo que pueden salvarse de la quema: Robert Knepper –conocido principalmente por haber dado vida a T-Bag en ‘Prison Break’- es un acierto de casting reseñable, teniendo incluso la oportunidad de demostrar su maldad de una forma interesante en el cuarto episodio de la serie. Las escenas de ‘Get with the Program’ en las que tortura física y psicológicamente a un escritor que le ha estado tocando narices funcionan con corrección gracias a Knepper y su manejo de las expresiones gestuales y de una amenazante modulación de su tono de voz según lo que quiera transmitir.

Un completo desastre

Imagen de Robert Knepper en

Lamento deciros que ahí acaba lo bueno –quizá convendría ponerle unas comillas a esa palabra, pero seré generoso-, porque hasta el propio Knepper estaba siendo de lo más monótono como líder sectario hasta ese momento, pues lo que realmente puede llegar a acojonar al espectador no es que ordene hacer esta o aquella maldad o cómo hace saber a través de diálogos con otros personajes lo depravado y moralmente censurable que es, sino ver cómo las ejecuta directamente en escenas lo más íntimas posibles. Así es como deberían haber construido al personaje de entrada, porque lo contrario sólo funciona correctamente cuando es un líder en la sombra, a poder ser sin tan siquiera saber realmente quién es. Tampoco ayuda que todos sus lacayos tengan la misma personalidad que los masillas de los ‘Power Rangers’.

Uno de los principales problemas de ‘Cult’ es que quiere ser una serie intensa, pero no da ni una a la hora de trasladar esa sensación al espectador. Su primer error es la repetitiva música de suspense que aparece cada dos por tres y que no cuenta con el respaldo de estar en una escena en la que nos cuenten algo remotamente interesante. La puesta en escena también va encaminada de forma constante en esa dirección, buscando transmitir la sensación de que todo lo que sucede es importantísimo para el devenir de los acontecimientos, pero luego no hay problemas en recurrir a giros de guión cuya presunta capacidad de sorpresa parece salida del ingenio característico de una noche de borrachera.

Imagen de la serie

El reparto es otro fallo de proporciones épicas, ya que ha habido escenas entre varios personajes que daban vergüenza ajena porque personajes secundarios –o directamente episódicos- en los que mi atención se desviaba hacia la pared de la habitación en la que estaba. Imagino que en CW no andarán muy sobrados de dinero y tienen que recurrir a lo más barato que encuentren, pero la combinación entre diálogos huecos y aburridos con intérpretes sin talento es mortal de necesidad.

Este último punto se traslada también a los principales protagonistas –y pensar que en su momento iba a encabezar el reparto el carismático Matthew Bomer-, pero ahí la sensación reinante es que simplemente son incapaces de llevar más allá las limitaciones de los guiones y no que ayuden activamente a hacer ‘Cult’ aún peor de lo que es. No tengo nada especialmente en contra de Matthew Davis, Jessica Lucas y Alona Tal, pero aquí se dejan llevar por la negativa inercia de la serie despertando únicamente bostezos por mi parte.

Por un momento me llegué a plantear si el propio tono de la serie no sería una especie de crítica al programa de televisión que motivó la popularidad del líder sectario o incluso que puedan sorprendernos con algún giro en plan que lo que vemos en pantalla es también otra ficción. Apuntes complicados y demasiado ambiciosos para una serie que queriendo ser compleja lo único que consigue es caer en la mayor de las simplezas y lo peor de todo es que en ningún momento logra que nos interesemos por lo que cuenta. En definitiva, un bodrio.

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