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'Devious Maids' demuestra que es inteligente a la hora de sembrar las tramas de la segunda temporada

'Devious Maids' demuestra que es inteligente a la hora de sembrar las tramas de la segunda temporada
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Podríamos analizar ‘Devious Maids’ de dos formas distintas. Podríamos criticarla por ser la versión de rebajas de ‘Mujeres Desesperadas’, a la que copia en las formas y en prácticamente todo, o podríamos comentarla como la serie veraniega e inofensiva que es. Es lo que tienen las altas temperaturas, que algunos canales se comportan como si no pudiéramos ver algo digno con tanto calor. Pero sí es cierto que cuando llega el buen tiempo también apetece algo refrescante para pasar el rato y ‘Devious Maids’, si van las cosas ligeras, es como una cañita en una terraza.

El verano pasado consiguió asentarse en Estados Unidos. Arrancó con unos datos más bajos de lo esperado en el canal de cable Lifetime, sobre todo por tratarse de una serie de Marc Cherry y contar con Eva Longoria como productora, lo que ayudaba a vender muy bien la idea que era ‘Mujeres Desesperadas 2.0’. Pero consiguió subir y demostró que había gustado entre su público, más allá de si ofrecía estereotipos latinos ofensivos. Pero algunos detalles de como terminaron la trama obligaban a plantearse hasta qué punto podría mantener el (bajo) listón y el estreno de la segunda temporada ha disipado estas dudas.

Me refiero, por supuesto, a cómo se destapó que Marisol Suarez no era realmente una mujer de la limpieza humilde sino una profesora de universidad. ¿Qué iban a hacer con Ana Ortiz, que era el mayor reclamo a nivel interpretativo de la serie y la mejor actriz del reparto? No podían inventarse una realidad paralela donde prefería vivir en Beverly Hills quitando el polvo en lugar de aprovechar sus estudios, sobre todo cuando su hijo quedó libre del crimen del que le habían acusado. Pero los guionistas se lo han montado bien.

Marisol ahora es Rebeca

‘Devious Maids’ en ningún momento finge que no es la versión cutre de ‘Mujeres Desesperadas’ y la primera escena fue muy Cherry. Plantearon un nuevo misterio para el vecindario, la muerte años atrás de una esposa del barrio que se vendió en sociedad y a la policía como un suicidio. ¿Y qué tiene que ver Marisol con todo esto? Pues que ella es la nueva prometida de ese señor, que todavía vive traumatizado por el recuerdo de su difunta esposa en un argumento que recuerda muchísimo la película 'Rebeca' de Alfred Hitchcock o, mejor dicho, la novela de Daphne Du Maurier.

Como no recuerdo el desenlace de la película ni del libro, no hay peligro de que destripe ninguna de las dos cosas. Pero lo que sí está claro es que el triángulo formado por la recién llegada, el hombre de la casa y la ama de llaves muy, muy turbia no puede ser casualidad. La cuestión será por dónde nos llevará el enigma, que no estaría mal que fuera sorprendente, sobre todo después de lo evidente que era quién mató a Flora el año pasado. A veces la elección de los actores y sus colaboraciones son pistas mejores que la propia trama a la hora de adivinar quien es el autor de un crimen.

Susan Lucci y Judy Reyes en
Valentina ha vuelto para enrollarse con el jardinero.
Sea como sea, es una idea muy inteligente por parte del equipo. Así Ana Ortiz podrá seguir formando parte del elenco y aportará una dinámica distinta dentro del grupo. Ahora ella es una privilegiada y no sería de extrañar que esto conllevara algún que otro encontronazo con las demás, que también han vivido algunos cambios de estatus. Valentina también ha regresado de su viaje a Africa y estará en casa de los Powell (y tiene de jardinero al hijastro de Marisol), Carmen finge ser la novia de su jefe y Rosie todavía tiene que ubicarse en el vecindario. Vamos, que hay suficiente renovación en las tramas como para ofrecer tramas tan frescas como predecibles.

Y, más allá del misterio central y la posición de los personajes, ‘Devious Maids’ demostró que está en forma, en la suya. Repito que es una serie muy ligera, muy placer culpable. Es como echar de menos un buen Dry Martini (‘Mujeres Desesperadas’) y tener que conformarse con un San Francisco sin alcohol, pero regodearte en la idea que por lo menos te estás tomando un cóctel. Pero fue divertida en los momentos necesarios (Susan Lucci está pasadísima pero tiene frases muy graciosas como su necesidad de ir de compras para reactivar la economía americana) y es honesta consigo misma.

No pretende ser una buena serie y tampoco pretende ser trascendentemente dramática, así que tampoco podemos estar condenándola todo el día por no ser algo que ni tan siquiera intenta ser. Y ser lo que se pretende ser (no como ‘Scandal’, que cree ser un drama adulto e inteligente) es un punto a favor, por floja que sea la obra.

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