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'The Following', una serie revelación en el peor de los sentidos

'The Following', una serie revelación en el peor de los sentidos
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Existe la creencia de que un actor de cine se pasa a la televisión cuando el proyecto es ambicioso y el personaje le supone algún tipo de reto. Así que, cuando hubo los estrenos del midseason, la crítica americana prestó especial atención a The Following sobre todo porque tenía a Kevin Bacon de protagonista. Y, si bien ha sido el estreno que mejor ha funcionado en Estados Unidos durante lo que llevamos de 2013, puede que no haya dado el resultado esperado en términos de calidad.

La premisa era novedosa para la televisión. Joe Carroll (James Purefoy), un conocido psicópata del país, había construido un culto a su alrededor, un grupo de asesinos que mataban en su nombre mientras él estaba en la cárcel. Y el policía que le metió entre rejas, Ryan Hardy (Bacon), un tipo solitario y con una petaca en el abrigo, se obsesionaba con pararle los pies otra vez. Sobre todo al ver que su némesis tenía en su punto de mira a su ex mujer y antigua amante de Ryan.

Heredera de Hannibal Lecter

Puede que el argumento lo hubiéramos visto en cine muchas otras veces desde que ‘El silencio de los corderos’ (Jonathan Demme, 1991) popularizara la figura del psicópata carismático y brillante, pero no había tenido presencia en la televisión en abierto dirigida al gran público. Y la implicación de Kevin Williamson, autor de la saga ‘Scream’ (Wes Craven, 1996) (y de ‘The Vampire Diaries’), daba a entender que tenía cierto potencial. Puede que los sustos del piloto fueran bastante de manual pero también eran resultones y nada frecuentes en el medio.

Pero la televisión no es tan benevolente con los guiones que ponen énfasis en la trama y se olvidan de perfilar unos personajes decentes. Más todavía si su responsable descuida la originalidad y tira de recursos vistos demasiadas veces. Así, a partir del segundo episodio, se fue viendo que ‘The Following’ no cumplía y los sustos, lo único interesante que aportaba al panorama televisivo, encima fueron menguando.

El ‘macguffin’ de Poe

La admiración de Joe Carroll por Edgar Allan Poe, por ejemplo, se quedó en anécdota. La validación de la vida a través de la muerte y el simbolismo de los ojos se explicaron al principio y no se exploraron. Eran simples excusas para fingir darle profundidad a un personaje en realidad bastante plano. Y la lectura meta-literaria que podría otorgársele a la serie se quedó en nada.

El relato que quería escribir Joe Carroll no solamente estaba absolutamente trillado, encima evidenciaba que no era el gran villano que todo espectador querría. Una cosa era que no tuviera talento a la hora de escribir, algo de lo que nos habían advertido, y la otra es que fuera incapaz de montar una performance atractiva, teniendo en cuenta que sus víctimas caían como moscas, tenía al país pendiente de el y un ejército de máquinas de matar a sus órdenes.

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De hecho, en el episodio final hay una escena que bien evidencia lo mal llevado del personaje de Joe y su proyecto. ¿Tanto asesinato para preguntarle a Ryan cuando se enamoró de su mujer? ¿Una pregunta de la que, por cierto, ya sabía la respuesta? ¿Y cuántas veces tenía que recalcar la maldición de Ryan, como si no lo hubiéramos podido pillar a la primera? Vamos, que James Purefoy creía estar firmando por interpretar un psicópata icónico y se encontró con un matado de inteligencia limitada.

Un detective sin olfato

Y Kevin Bacon tres cuartos de lo mismo. Creía interpretar un policía torturado y le dieron un estereotipo con patas que demuestra cuan limitado es como actor (al igual que Purefoy por otra parte). Perdió su adicción a la bebida sin explicación alguna (puede que porque la crítica dijo “¿otro detective alcohólico?”) y le mantuvieron supuestamente porque conocía a Carroll mejor que nadie.

No obstante, en todo momento fue un paso por detrás, no tomó decisiones acertadas y perdió el control en numerosas ocasiones. Como en el penúltimo episodio, cuando no piensa automáticamente que el centro de acogida puede convertirse en una matanza. O cuando decide demostrar sus debilidades a Joe una vez tras otra. O no desconfiar de su vecina, como si Claire Matthews no fuera la prueba viviente de cómo no puedes fiarte ni de tu niñera.

Pero no todo eran los personajes. Kevin Williamson rápidamente perdió el tono inquietante del primer episodio y convirtió ‘The Following’ en una versión retorcida de un culebrón cualquiera. No supo manejar la psicología de ninguno de los asesinos, ni la interacción entre todos ellos, ni la capacidad de Joe de convencer a sus discípulos para hacer casi cualquier cosa. Y la dicotomía entre quienes eran como asesinos y como individuos que buscan cariño era prácticamente sonrojante, incluyendo ese triángulo amoroso formado por Adam, Jacob y Emma.

Además, tampoco ayudó que repitieran recursos muy manidos como los psicópatas por sorpresa, o que no aprovecharan esa mansión repleta de mentes perversas. Como si Williamson, al igual que Carroll y Roderick, hubiera pensado las bases de algo grandilocuente y se hubiese olvidado de desarrollarlo como era debido. Porque ese plano, el de las personas normales y corrientes saliendo del refugio, fue tan impactante como poco consecuente. Ni aprendimos quienes eran, ni hicieron nada más interesante que matar a alguien mientras recitaban otra cita sacada de la obra de Allan Poe.

¿Adiós, Joe?

Williamson, en otra mala idea, decidió acabar la temporada con el falso asesinato de Joe Carroll. Diría que en estos momentos estamos demasiado curtidos para creernos una muerte sin ver el cadáver ni ver cómo le entierran, aunque nos vendan que su dentadura y ADN concluyen que se trataba del cuerpo quemado de Carroll. Lo cual, que conste, hubiera sido más interesante de ser verdad. Que ‘The Following’ tuviera que reinventarse y perseguir otro culto psicópata, uno cuyo capataz tuviera más visión a la hora de llevar a cabo sus planes y con un actor algo más apto que James Purefoy. Pero dejan a Ryan y a Claire en el suelo, en una escena previsible, y con la posibilidad de que todo siga igual.

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Y, como las renovaciones no dependen de la calidad, tendremos una segunda temporada de Ryan Hardy cometiendo errores y demostrando sus pocas dotes como detective. De Kevin Bacon fingiendo que tiene registros dramáticos. De gente que muere sin humedecer los lagrimales. Y apunta maneras, aunque no las que ellos creen.

En ¡Vaya Tele! | 'The Following': Lo que necesitas saber

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