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'Perfect Blue', la obra maestra de Satoshi Kon

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Ayer le decía a alguien que se había muerto uno de mis directores favoritos, que el mundo me parecía un poco más triste, y me respondió: “Siempre tendrás sus películas”. Satoshi Kon abandonó esta realidad el 24 de agosto de 2010, dejando inacabada su nueva obra (‘The Dream Machine’), pero ciertamente su legado es envidiable, y uno podrá siempre recuperar la sonrisa y renovar su admiración por este peculiar creador acudiendo a alguno de sus anteriores y excelentes trabajos. A modo de homenaje, me ha parecido una buena idea recuperar la que considero que es su mejor película, y comentarla aquí entre todos. Si os parece, vamos a hablar de su primer trabajo como director, ‘Perfect Blue’, su gran obra maestra.

Nacido en la localidad de Kushiro en 1963, Satoshi Kon estudió Bellas Artes y en un principio quiso dedicarse a la pintura. Empezó su carrera como dibujante de cómic (“mangaka” en japonés), trabajando junto a Katsuhiro Ôtomo (‘Akira’), quien le dio la oportunidad de debutar en el cine como guionista de ‘Memories’ (1995), para el que escribió el segmento ‘Magnetic Rose’ (basado en una idea de Ôtomo y dirigido por Kōji Morimoto), sin duda el de mayor belleza e interés de los tres que componen el largometraje. Dos años después terminó su ópera prima, ‘Perfect Blue’, basada en la novela homónima de Yoshikazu Takeuchi; un proyecto que le llegó de rebote, ya que en un primer momento la adaptación no iba a ser animada y tenía como meta el mercado doméstico. Pero llegó a sus manos, hizo suya la historia, y la película se estrenó en cines, convirtiéndose en un inesperado (Kon es el primero que lo reconoce) y rotundo éxito de público y crítica.

La pesadilla de la fama

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Dice el artista japonés que nunca leyó la novela, sólo el guión, que el propio Takeuchi había escrito, pero le aburrió y exigió realizar cambios antes de comprometerse a dirigir el film. La respuesta que le dieron fue que podía modificar lo que quisiera, siempre que conservara tres elementos: fanatismo, acoso y terror. Sobre esos pilares, con la ayuda de Sadayuki Murai (acreditado como único guionista), Kon reconstruyó la trama e incorporó ideas nuevas como la del rodaje dentro de la propia película o la de difuminar la barrera entre el mundo real y el de la imaginación. Conceptos sobre los que volvería a jugar en sus posteriores trabajos; el caso más claro es su siguiente film, ‘Millennium Actress’, de 2001, sobre una actriz que mezcla los recuerdos de sus películas con los de su vida, aunque la confusión entre realidad y fantasía aparecía ya en ‘Magnetic Rose’, siendo el recurso más característico de su obra.

‘Perfect Blue’ (‘Sennen Joyū’, 1997) comienza con la despedida de Mima Kirigoe a sus fans. Mima, la estrella de un grupo pop llamado “CHAM”, aprovecha un concierto para comunicar públicamente que ha decidido abandonar la música para empezar una carrera en el cine, soñando con llegar a ser una gran actriz. Sin embargo, pronto se verá inmersa en la mayor de sus pesadillas. Insegura, desamparada, Mima emprende una nueva aventura profesional en la que no lo tiene nada fácil, y para la que no estaba realmente preparada. Con su anterior grupo alcanzando un mayor éxito, el declive personal de la joven se agrava cuando descubre que alguien ha suplantado su identidad en la página web ‘Mima´s Room’ (‘La habitación de Mima’), donde se revelan secretos y detalles que sólo ella podría conocer. Pero lo peor está por llegar: personas de su entorno comienzan a ser atacadas y asesinadas, y en su locura, Mima ve a una doble fantasmal que le recrimina haber cambiado de vida.

Infierno e identidad

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El progresivo e imparable descenso a los infiernos de la protagonista se muestra de una manera brutal y despiadada, llegando a momentos asfixiantes, pero resulta grandioso que siempre quede intacta la búsqueda de la belleza, incluso en los momentos más duros, y que nunca tengamos la sensación de un sufrimiento gratuito, por mero espectáculo; algo insólito en una película, incluso en una animada. Por eso llega a resultar incomprensible que algunos aún mantengan que la animación es cosa de niños, o que el “anime” es para (lo que comúnmente llamamos) “frikis”, que está hecho por y para perturbados; claro que es gente que no tienen ni la más mínima idea de lo que habla, pero estamos en una Internet libre (o eso dicen). Quizá estas personas conozcan la obra del prestigioso realizador Darren Aronofsky, y si es así, puede que les sorprenda descubrir lo mucho que le impactó el visionado de ‘Perfect Blue’, hasta el punto de comprar los derechos y filmar una secuencia calcada para su aclamada ‘Requiem por un sueño’ (‘Requiem for a Dream’, 2000). He aquí la prueba:

A pesar de su intrincada estructura, el tema central de ‘Perfect Blue’ es bastante sencillo y comprensible para cualquiera: la toma de conciencia de una nueva etapa vital, el dificultoso proceso de aprendizaje y superación personal de la protagonista. Mima pierde la seguridad de su anterior existencia para abordar nuevos retos, afrontar situaciones diferentes a las acostumbradas, debiendo superar sus miedos y esa espiral de degradación para poder transformarse en una mujer adulta, en una nueva persona. Satoshi Kon quiere sumergirnos en la crisis de esta muchacha, en su cabeza, de ahí que se entremezclen las escenas reales con las imaginadas, y a veces no podamos distinguir entra una y otra, pues así es exactamente como se siente ella, da igual que suceda de verdad o no, le afecta. Así que, en definitiva, lo importante no es entender siempre qué está pasando, sino dejarse llevar y disfrutar del alucinante viaje propuesto.

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