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'Despedidas', a dos metros bajo tierra

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'Despedidas' ('Okuribito') se alzó con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en la pasada edición de los famosos premios. Al respecto coincido con mi compañero Jesús León, quien en su crítica afirma, no sin razón, que gracias a ese premio hemos podido disfrutar en nuestro país (y supongo que en muchos otros) de una película como la que nos ocupa. Y así es, me temo. Si el film ganador hubiese sido 'Vals con Bashir' o 'La clase' (las dos favoritas), es muy probable que 'Despedidas' no hubiese gozado ni de estreno en salas comerciales, que todo hay que decirlo, tampoco ha disfrutado de una distribución envidiable.

Sea como fuere, el estreno se ha producido, y eso ha hecho que muchos hayan podido disfrutar de una película que merece todos los elogios posibles, acompañados de los epítetos que tanto nos gusta utilizar, más unas cuantas alabanzas. Yôjirô Takita, que proviene de realizar cintas eróticas se ha marcado un inesperado tanto con una película a la que se ha tachado de ser demasiado occidentalizada. Creo que lo más correcto sería decir que 'Despedidas' es una película universal, su mensaje llega a cualquiera más allá de doctrinas, creencias o culturas. Al fin y al cabo, uno de sus temas centrales es la muerte, ésa que no conoce de fronteras ni nacionalidades y a todos trata por igual.

'Despedidas' (la traducción literal del título original tendría que haber sido 'El que envía') narra la historia de Daigo Kobayashi, un violonchelista que se tiene que buscar la vida cuando la orquesta en la que toca se disuelve porque no compensa económicamente el mantenerla. Terminará siendo ayudante en una funeraria, en la que realizan una ceremonia de despedida del difunto delante de sus familiares, limpiando y maquillando el cuerpo para que su tránsito al otro mundo sea más puro. Daigo se verá metido en un oficio que en un principio no entiende demasiado bien, teniendo que ocultarlo a su propia mujer y conocidos, ya que no está bien aceptado socialmente.

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'Despedidas' puede recordar a esa joya de la televisión llamada 'A dos metros bajo tierra' ('Six Feet Under') en la que la familia Fischer arregla sus propios problemas personales mientras día a día conviven con la muerte. Pero recuerda única y exclusivamente porque el personaje central del film trabaja en una funeraria, lo cual servirá de catalizador para hablar de otras cosas. La obra maestra de la HBO, a su modo trasciende sobre un tema muy común, pero al que todos tenemos un miedo atroz: la muerte. 'Despedidas' se acerca también a ella, desde una óptica localista, con sencillez aunque elevando el tono en determinados pasajes, lo cual servirá para ser tachada de sentimentaloide, cuando en verdad no debería ser así.

'Despedidas' recuerda en forma a otra película ganadora del mismo premio, y que suele ser la debilidad de todo cinéfilo: 'Cinema paradiso'. Algunos pensarán que la comparación es exagerada o errónea, pero si se comparan ambas películas se verá que los resortes narrativos son exactamente los mismos, y la forma de llevar al espectador a donde el director quiere, manejando a su antojo los sentimientos de éste (algo parecido sucede en esa joya de nombre 'Up'), pero lo hace descubriendo totalmente sus cartas, sin trucos ni manipulaciones, logrando ser un film honesto y sincero. Es el espectador quien decide (como ocurre siempre en esto del arte, tal y como decía Kubrick) entrar o no en ese juego. Por mi parte sólo puedo decir que entré de cabeza, dejándome arrastrar por todo un torrente de emociones expuestas a lo largo de una historia que trata no sólo de la muerte, sino del amor por el trabajo, la dedicación, el valor de la vida, el respeto, y sobre todo la comprensión.

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Masahiro Motoki da vida al personaje central con una vitalidad sorprendente, comprendiendo a la perfección la evolución del mismo, logrando una empatía con el espectador fuera de lo común. Él es el pilar fundamental de la película. Desde su fracaso inicial, que le lleva a la frustración por tener que aceptar un trabajo que no comprende, mientras regresa a su pueblo natal donde la memoria le jugará una mala pesada, recordando a un padre que jamás le atendió como quiso. De sus primeros contactos con la muerte, a través de cadáveres que le repugnará tocar aprenderá el valor de la vida en sí y lo efímero de la misma, pero también comprenderá gracias a su jefe (un inmenso Tustomu Yamazaki) el valor de las ceremonias de despedida de los difuntos. El film alcanzará su apogeo en la búsqueda interior de los recuerdos de Daigo, catalizados a través de la más perfecta de las ceremonias, aquella en la que todo cobra sentido, y el film se convierte en una experiencia catártica.

Joe Hisaishi baña musicalmente las imágenes de 'Despedidas'. El habitual compositor de Hayao Miyazaki es el intermediario entre la película y el público, son sus atemporales notas, cargadas de sensibilidad, las que nos introducen en la historia (cuánta importancia casi invisible hay en la banda sonora de este film, en las de tantos films...). Así pues, y sin cargar jamás las tintas, las melodías de Hisaishi, transportadas al cello de Daigo, acompañan con delicada pleitesía (como cada una de las ceremonias en los funerales) al protagonista, hasta esa explosión final en la que un enfoque de cámara alcanza dimensiones elegíacas.

'Despedidas' es un bálsamo en estos tiempos de incomprensión y prejuicios, una obra maestra instantánea e imperecedera, de sublime sencillez, a la que rendirse sin ningún tipo de rubor. Su sinceridad nos arropa con la misma delicadeza con la que Daigo viste a sus pacientes inmóviles, y nos hace recordar la importancia de estar vivos, no por la vida en sí, sino por lo que hacemos con ella.

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