James Cameron ha vuelto a estrenar otra película para terminar de vendernos la experiencia cinematográfica en 3D. Un espectáculo de sensaciones cruzadas por debajo de sus ‘Avatar’

James Cameron ha vuelto a estrenar otra película para terminar de vendernos la experiencia cinematográfica en 3D. Un espectáculo de sensaciones cruzadas por debajo de sus ‘Avatar’

El director colabora con una de las estrellas del momento para buscar otra dimensión cinematográfica

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Billie Eilish Hit Me Hard And Soft The Tour Live In 3d 2026 Billie Eilish
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Pedro Gallego

Editor

En algún punto muchos cineastas consolidados deciden que quieren morir en ciertas colinas, sean temáticas o técnicas. En lo primero, podríamos colocar a Baz Luhrmann y sus múltiples proyectos en torno a Elvis como su película concierto. En lo segundo, y sin salirnos del tema de las películas concierto, podemos colocar a James Cameron y su obsesión con el cine en tres dimensiones.

No fue el inventor ni el primero que en 2009 estaba mostrando las virtudes para la experiencia cinematográfica, pero su ‘Avatar’ sí que generó toda una ola de producciones que intentaron aprovechar un tirón comercial que quedó extinguido rápidamente. Pero el tiempo y la persistencia de Cameron en el formato ha vuelto a revitalizar el mismo, volviendo a ser reclamo para el último estreno del director: ‘Billie Eilish. Hit Me Hard and Soft - The Tour (Live in 3D)’.

Inmersión dura y blanda

En efecto, como indica el título, la película en cuestión retrata un concierto de la superestrella mundial Billie Eilish, que co-dirige la película con Cameron. Juntos tratan de recrear las sensaciones de estar dentro de una de las actuaciones de la gira de la cantante, aprovechando el 3D para redefinir la experiencia de la película concierto.

Es cierto que Cameron actúa más como técnico especialista para llevar a cabo la visión de Eilish, que claramente diseña la experiencia visual para capturar la vivencia del show que también ha elaborado con especial cuidado. El concierto queda interrumpido en varias ocasiones para ofrecer vistazos entre bastidores que alternar entre la confesión, con James siendo un entrevistador bastante estándar, y un making of bastante glorificado.

La técnica resulta mayormente encomiable, dando bastante vuelo a la propuesta y puesta en escena de Eilish en su equipo que emplea con bastante contundencia la iluminación así como elevaciones y el poder de la instrumentación en vivo. El repertorio se compone principalmente de su disco más reciente, y eso se traslada en una película principalmente azul y que trata de crear intimidad en un estadio gigante lleno de gente.

‘Billie Eilish. Hit Me Hard and Soft - The Tour (Live in 3D)’: buscando lo íntimo en lo mastodóntico

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Es ahí donde el 3D marca la diferencia con otras películas concierto, y presenta sensaciones encontradas. En cierto punto Eilish retrata que su experiencia en vivo ideal la involucra a ella sola sobre el escenario y conectando con las masas de fans. La inmersión de la técnica consigue recrear esa visión, aunque crea una paradoja. Vemos a una cantante en primer plano con un público que la rodea en todo momento, pero con el que tiene cierta distancia, a pesar de su voluntad de ser próxima.

Hay una contradicción en sus ganas de mostrarse cercana y un espectáculo a todas luces mastodóntico, casi imposible de volver personal salvo por una colección de canciones que claramente transmiten una voz diferente. En ese aspecto, ‘Billie Eilish. Hit Me Hard and Soft - The Tour (Live in 3D)’ no presenta tanta diferencia de la película concierto estándar que se lleva últimamente entre estrellas pop, que se dan una última vuelta de gracia con la experiencia cinematográfica de excusa que además les permite tener un control más férreo de su imagen pública.

Es cierto que igual peco de cinismo en este punto (cabe añadir que el setlist no es el que más me entusiasma de los que podría ofrecer), y que no empaña realmente una experiencia bastante viva y dinámica como la que ofrece la película. Sólo quedan palpables los problemas de la dirección de Eilish y Cameron en unas interrupciones que quitan cierto ritmo en lugar de añadir a la narración, y en cómo ver a los fans de manera tridimensional los hace un poco intrusivos, por no hablar de lo antiestético que resulta ver tanto móvil grabando. Pero consigue a menudo justificar su razón de ser, y deja secuencias encomiables en lo visual como la interpretación de ‘bad guy’, mostrando que la idea tenía su claro potencial.

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