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'Habitación para cuatro', una brillante gamberrada de Mario Monicelli

'Habitación para cuatro', una brillante gamberrada de Mario Monicelli
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La reciente muerte de Mario Monicelli me de vuelto a la memoria una comedia que marcó mi infancia: 'Habitación para cuatro' ('Amici Miei', 1975). Durante años siempre hablaba de «aquella película en la que un grupo de señores ya entrados en edad se dedicaba a reunirse para hacer el gamberro: cosas como ir a la estación de tren a dar tortazos a la gente que se despedía desde el vagón». Cuando, tras mucho tiempo, pude revisarla, la película no había perdido en absoluto. Seguía siendo igual de única, vital, desesperada y divertida que aquella maravilla que había visto hacía tanto tiempo.

'Habitación para cuatro' nos cuenta la historia de un grupo de amigos que sólo se sienten verdaderamente vivos y felices cuando son capaces de escapar de su «vida» cotidiana. Son gente como el periodista Perozzi (Philippe Noiret), el arquitecto Melandri (Gastone Moschin), el barman Necchi (Duilio del Prete), dueño del bar en el que todos se reúnen por la noche, y el conde Mascetti (Ugo Tognazzi), un noble arruinado que malvive en un sótano, pero que no renuncia a intentar mantener las apariencias, y que, además de mujer e hijo, tiene una amante.

La película nos narra todas las bromas pesadas que estos gamberros creciditos se dedican a cometer, logrando no sólo un efecto desternillante – algunas escenas son de antología de la comedia –, sino también contagiar una euforia liberadora que produce esa búsqueda de la alegría de vivir que una vez tuvieron.

De alguna forma, 'Amici Miei' —que en realidad se traduciría por «amigos míos»— es una especie de respuesta o continuación a esa magnífica película de Federico Fellini que era 'Los inútiles' ('I Vitelloni', 1953). En aquella película, protagonizada por Alberto Sordi, se analizaba la falta de perspectivas o el no querer afrontar ciertas cuestiones que aparecen en puntos cruciales de la vida. La visión de Fellini, entre crítica, compasiva o triste sobre unos personajes que preferían seguir siendo unos «inútiles», tiene un interesantísimo relevo en la película de Monicelli: años después, unos personajes que han tomado sus elecciones vitales, reniega de prácticamente todo: familia, trabajo… En su camaradería masculina – un tema recurrente en Monicelli, a pesar de que 'Habitación para cuatro', en un primer momento, fuese a ser dirigida por Pietro Germi – es donde encuentran la verdadera felicidad.

Evidentemente, 'Habitación para cuatro' no se limita a ser una mera acumulación reiterativa de gamberradas. Contiene un crescendo, que se logra mostrando consecuencias cada vez más peligrosas de sus acciones, como acabar en un hospital o provocar un gran conflicto conyugal. Lo brillante, sin embargo, es la forma tan divertida y casi anarquista en la que la película sabe resolver cada situación. Como, por ejemplo, que Melandri, enamorándose de la mujer del doctor Sarassoli (Adolfo Celi), termine (spoiler) logrando no sólo que éste último se divorcie sino que, además, pase a formar parte del grupo (fin del spoiler).

Una película de este tipo exige mucho de sus actores para lograr funcionar. Y, con pesos pesados como Philippe Noiret o Ugo Tognazzi, está claro que 'Habitación para cuatro' cumple ese expediente con nota. Da casi vértigo pensar a qué cotas de calidad se hubiese llegado de contar – como llegó a estar previsto – con Marcello Mastroinni en el reparto.

Si algo se le puede reprochar a esta espléndida comedia es que no le hubiese venido mal un montaje más afinado. Sus 140 minutos de duración se hacen algo excesivos, sobre todo en escenas como la del hospital, que parece que fuese a constituir el segundo acto de la película en su integridad. Sin embargo, luego logra remontar el vuelo con gags memorables que no voy a relatar para no destriparlos. Como muestra, el siguiente escatológico momento:

Sin embargo, el radical, consecuente y espléndido final es el que termina por poner un broche de oro a 'Habitación para cuatro' y convertirla en una película coherente y poderosa. (spoiler) En un momento dado, el personaje de Philippe Noiret muere de un infarto. En la escena final, que es la de su funeral, sus amigos, en vez de tener una revelación con la que cambiar su actitud, lo que ven es otra posibilidad para gastar una de sus bromas. Nada es serio en la vida: ni la familia, ni el trabajo, ni la iglesia ni ninguna institución. Hasta la muerte es otro inmenso chiste y la muerte real de Monicelli parece una malvada respuesta del destino (fin del spoiler).

Monicelli dirigiría una secuela de esta película: 'Un quinteto a lo loco' ('Amici Miei, Atto II', 1982) y Nanni Loy rodaría la tercera parte, 'Amici Miei, Atto III', en 1985. 'Habitación para cuatro' me parece tan redondo que dudo que estas secuelas aporten algo más que el querer seguir escapando de nuestras miserias viendo a la gente que tuvo el valor de hacerlo hasta sus últimas consecuencias. No es poco.

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