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57º Festival de San Sebastián: insoportable '10 to 11', estimable 'Los condenados'

57º Festival de San Sebastián: insoportable '10 to 11', estimable 'Los condenados'
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Esta mañana el cielo prometía una lluvia que, de nuevo, no ha tenido lugar. En lugar de eso, un sol radiante (y algo cansino, todo sea dicho) ha hecho acto de presencia después del pase de las 9 de la mañana, y se ha quedado un día de esos que la gente desde siempre ha convenido en llamar “espléndido”. Yo siempre he considerado una desgracia que luzca el sol durante tantas horas, y una bendición que caiga una buena tromba de agua, mientras que a casi todo el mundo le parece triste y gris que haga aparición el más maravilloso y escaso de los elementos. La vida es así.

Pero ha habido más desgracias, pues a primera hora hemos tenido que tragarnos una película insoportable. Menos mal que luego hemos podido ver cine del de verdad, el que importa, el que se ocupa de la gente común con problemas auténticos, no de pajas mentales, el que independientemente de lo que ocurra en la pantalla, podría suceder en cualquier parte del mundo, sin localismos estúpidos, de esos que a algunos cinéfilos tanto les gusta ver, por eso del exotismo, que tan “cool” resulta.

Inaguantable ’10 to 11’

Delante del Kursaal ocurre una cosa sobre la que está claro que los responsables del festival no han reparado. Existe un carril bici que recorre toda la ciudad, paralelo a la calzada. El problema es que la alfombra roja, situada a la entrada del edificio, se come casi toda la acera, y el poco espacio disponible es ocupado todos los días por cientos de personas haciendo cola tanto en Zabaltegi como en la sección oficial.

De modo que a los que nos dirigimos a otros menesteres, vayamos o no en bici, tenemos que pelearnos por un palmo de terreno. No sé cómo no se han producido ya alguna clase de accidentes. Ayer casi me arrolla un bus. Y podría haberlo hecho, porque así no habría perdido dos horas de mi tiempo en ver una cosa titulada ‘10 to 11’, que junto con ‘Yo, también’ y ‘La mujer sin piano’, me han hecho plantearme si de verdad me gusta el cine.

Un anciano, residente en Estambul, colecciona periódicos desde hace más de medio siglo. Un día, le dicen que tiene que deshacerse de ellos porque el edificio se va a venir abajo. Lo hace. Esto es todo. Esto es la película. No hay más. No sé si la gente aplaudió porque se acabó, ya que duró dos horas de suplicio, o porque pensaron que era genial. No entiendo cómo esta película está concursando en un festival de esta categoría, aunque como exotismo está bien.

Claro que por los corrillos, cafeterías y pasillos del festival, que son un ir y venir de acreditados, resulta que la estúpida, indigna ‘Yo, también’ ha gustado muchísimo, y que puede ganar algo importante, con lo cual empiezo a sospechar que no tengo ni puñetera idea de lo que es una buena película (lo digo en serio, y me da lo mismo). Personalmente, prefiero con mucho ‘Blessed’, que ha sido recibida con total indiferencia, pero que habla de gente de verdad, y que al contrario de la película española, lo hace con un par de huevos, algo que el cine de este país no tiene. En fin, esto es así.

A las 11 el director Javier Rebollo y sus actores hicieron la rueda de prensa de su cretinez ‘La mujer sin piano’. Me pasé por allí dos minutos, y pude comprobar cómo este hombre habla acerca de sus historias, con gran capacidad de sugerencia, mucho mejor de lo que son en sí mismas. Según él mismo decía, sus imágenes eran poderosas, sus ideas profundas y su forma de hacer cine sensible y sincero. Para qué hace falta que nadie diga nada…

La cosa se arregló porque a las 12 tuvieron la sensatez de programar ‘London River’ (a la que pertenece la captura de arriba del todo, por si no lo sabían) con la que su protagonista, un impresionante Sotigui Kouyaté, ganó el Oso de plata en el pasado Festival de Berlín. Tanto él como Brenda Blethyn están increíbles en esta sencilla y conmovedora tragedia que nos pone los pelos de punta sin el paternalismo, la ñoñería y la falsedad rotundas de esa memez de ‘Yo, también’.

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Estimable ‘Los condenados’

El otro día estuve una hora antes del pase de prensa cerca del Teatro Principal, y comprobé cómo el famoso crítico Carlos Pumares acude 50 minutos antes del comienzo de la película para estar siempre el primero de la cola. Me divirtió verle estar siempre el primero todos los días, y me propuse arrebatarle el sitio, al menos una vez. Pero finalmente desistí de hacerlo, porque mientras él está ahí de pie, yo me leo un libro estupendo, con una cerveza y un pintxo a mi lado, sentado cómodamente en una estupenda cafetería a dos metros de la entrada.

Hoy, como siempre, el primero era Pumares, y pronto se formó una larga cola. A todo el que puedo le pregunto lo que opina de ‘Yo, también’. Algunos, más sensatos que otros, al menos no la califican de maravillosa y me dicen que se rieron, y que con eso basta. Yo también me reí un par de veces, y me sigue pareciendo un despropósito. Pero estoy comprobando la poca exigencia de muchos profesionales (o lo que sean) aquí en San Sebastián. Desde luego, tenemos el cine que nos merecemos, y no otro.

En cuanto a la segunda película a concurso, ‘Los condenados’, de Isaki Lacuesta, pues es fácilmente la mejor película española a concurso, y precisamente por ello será ignorada, seguro, en el palmarés del sábado. Al contrario que la película con un protagonista con Síndrome de Down o la bobada de película de Rebollo, Lacuesta tiene algo que contar, dirige bien a los actores, arma bien las secuencias. En pocas palabras, es un director con hechuras de buen cineasta. La película no es redonda, ni mucho menos, pero creo que este hombre tiene talento y en el futuro, si continúa indagando en la ficción, puede hacer algo importante.

Mañana tenemos la última película a concurso, y la de Rodrigo García, que no compite. Ah, y en perlas la de Gilliam, que dará, espero, rueda de prensa. Todo eso lo contaremos.

Agur

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