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A ciegas, Fernando Meirelles tropieza

A ciegas, Fernando Meirelles tropieza
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‘A ciegas’ es el título que en España le han puesto a ‘Blindness’ (“ceguera”), la nueva película del director brasileño Fernando Meirelles. Con un reparto de lo más llamativo, encabezado por la siempre estupenda Julianne Moore, un interesante argumento, y el hecho de estar basada en una prestigiosa novela de José Saramago (‘Ensayo sobre la ceguera’), la película se presentaba como un plato muy jugoso. Al menos, en principio. En definitiva, yo no encontré casi nada de lo que esperaba; muy poca sustancia en un obra donde, irónicamente, la apariencia se lo ha come todo.

Una epidemia de ceguera se extiende a través de una ciudad, generando el caos. Ésa es la premisa argumental de ‘A ciegas’, y creo que no soy el único al considerarla muy interesante. Por varias razones, pero en lo que se refiere a este caso, a lo que esta película podía aportar, en mi opinión, porque puede dar pie a un inquietante drama con personajes al límite, así como a una jugosa reflexión sobre la sociedad, la naturaleza del ser humano o hasta qué punto la vista condiciona nuestra vida. Es lo que personalmente esperaba, enfrentado a la película sin haber leído la novela (cosa que corregiré pronto).

Y no es que la película me haya parecido totalmente fallida, encontré elementos interesantes en ella, pero no puedo negar que me haya decepcionado, en conjunto, pues todo eso que os he comentado que esperaba apenas se trata en la pantalla. Y sus imágenes pueden movernos a la reflexión, pero, ¿hasta qué punto eso nace de la propia película? Quiero decir, puestos a ello, todos podemos ponernos a reflexionar sobre cualquier cosa, sólo necesitamos una chispa y ganas de darle al coco. Pero si miramos por la ventana y vemos cómo una mariposa se posa sobre una pared sucia y nos ponemos a pensar en quinientas cosas (la belleza de las cosas pequeñas, la falta de respeto por lo que es público, lo caro que está el alquiler, etc.), no es mérito ni del bicho ni de los tipos que ensuciaron la blanca estructura.

Algo así creo que pasa con muchas películas. Que a menudo les damos más valor del que realmente tienen, que le queremos dar una profundidad de la que verdaderamente carece, sólo porque al ver alguna escena, empezamos a entretenernos con nuestros propios pensamientos. Lo que cuenta es la intención. La concreta intención del responsable (o responsables) de la obra. Y creo que ya todos sabemos que es mejor callarse y dejar que los demás interpreten lo que quieran, cuanto más mejor, porque a fin de cuentas, en muchas ocasiones, el azar, la torpeza y la necesidad se imponen, pero queda mal decirlo.

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De este modo, aunque es verdad que ‘A ciegas’ tiene sus aciertos, creo que es una película que no se ha llevado a buen puerto, que no ha aprovechado la premisa central, y que sus personajes daban para más de lo que se saca de ellos. Parece que Fernando Meirelles se queda satisfecho con tratar la superficie del asunto, buscando un impacto visual simple, vacío de contenido, en lugar de preocuparse por la fuerza de la narración, de los grandes conflictos que surgen tras la epidemia de ceguera que va afectando a todos los personajes (excepto uno). Quizá esto se deba a la diferencia de los puntos de vista que mantienen el director y el autor del libro sobre la historia y la visión (nunca mejor dicho) del mundo; el primero apuesta por la esperanza, el optimismo, y que la película va para los que piensan así, mientras que el segundo aboga por todo lo contrario, manteniendo que sólo los pesimistas pueden cambiar el mundo, porque son los que no se conforman con lo que hay.

Viendo ‘A ciegas’ (suena raro esto) no dejaba de pensar que Meirelles abusaba de artificios visuales innecesarios, que impedían que me concentrara en la historia y el drama de estos desgraciados individuos que se descubren desamparados en un mundo caótico y salvaje. Es la segunda vez que me pasa con el cineasta que nos ocupa. Me ocurrió con ‘El jardinero fiel’, su anterior y reputado trabajo, una película con un estupenda carga crítica y de denuncia, claro, pero que perdía (a mi entender) toda su fuerza y su dramatismo por culpa de los caprichos estéticos de Meirelles. Es genial que existan lo que llamamos “películas con mensaje”, pero si lo único que van a hacer es repetir lo que ya todos sabemos, sin aportar nada, sin ofrecer un producto con armas puramente cinematográficas, sólo discursos trillados, lágrimas y enfados muy bien fotografiados, el asunto me parece más bien indefendible.

De este modo, en ‘A ciegas’ volvemos a encontrar un excelente repertorio de imágenes de postal, estupendamente fotografiadas y coloreadas, pero que no aportan demasiado para lograr una mayor comprensión de los diferentes personajes, no se logra implicar al espectador, cuando lo que ocurre es realmente terrible. Precisamente, lo mejor de la película, en mi opinión, es cuando la historia se retuerce al máximo, desaparece tanta floritura visual y Meirelles nos introduce en un verdadero infierno, violento, sucio y repugnante. Una parte en la que sorprende la interpretación de Gael García Bernal, normalmente empleado para papeles de chico bueno, que aquí se pone en la piel de un auténtico animal. Muy desagradable todo lo que provoca él y su tropa, pero, como digo, uno de los aciertos de la película, porque a nadie se le escapa que lo que se muestra podría llegar a ocurrir (es más, creo se quedan cortos).

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Pero ni siquiera ahí, lo que hacen los personajes resulta demasiado convincente, a menudo hacen o dicen cosas que van en contra de la lógica (de la mía, al menos). En toda esa parte de Gael como líder del terror surgen ocasiones en las que se echa en falta una respuesta algo más contundente por parte de los desfavorecidos, de los marginados. También me parece forzado lo que sucede entre los personajes de Mark Ruffalo (que me encantó en ‘Zodiac’ pero desde entonces me está decepcionando, muy soso) y Alice Braga, es gratuito y contrario a la línea que estaba tomando la historia. Pero a Meirelles parece importarle poco, sólo que queda bien en pantalla y permite glorificar aún más al personaje de Julianne Moore, la madre de todos los desamparados. Moore, como es de esperar, ofrece un trabajo de altura, está sencillamente perfecta. Es una de las mejores actrices del planeta, no me cabe duda, y una de las razones para recomendar ‘A ciegas’, aunque no esa la fantástica película que podría haber sido.

Dicen, para promocionarla, que ésta es una película que no dejará a nadie indiferente. Bueno, desde luego, eso es lo que debería haber sido, pero lo que logra es justo lo contrario: dejar frío, que no te afecte, no te emocione lo que ocurre. Dicho esto, claramente, creo que los méritos de la película son más que suficientes como para acercarse al cine y darle una oportunidad. Además, es un producto que, a pesar de que algunas caras os suenen a cine comercial norteamericano, se sale de lo corriente y eso siempre es algo de agradecer. No es todo lo que podría haber sido, pero tiene momentos inquietantes y puede (quizá) despertar la reflexión y el debate sobre los límites y la naturaleza del ser humano. O simplemente, puede servir como entretenimiento para una tarde aburrida, eso también.

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‘A ciegas’ o con pocas luces

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