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'An American Romance', cuando los maestros fallaban

'An American Romance', cuando los maestros fallaban
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Aún recuerdo cuando Televisión Española emitía ciclos cinematográficos de una calidad insuperable, no por el director, actor o actriz escogidos, sino por lo completos que eran dichos ciclos, en los que se emitían la mayor cantidad de títulos posibles. Como en el de King Vidor, de quien emitieron una gran cantidad de películas pertenecientes tanto a su etapa muda, en la que se encuentran joyas como 'El Gran Desfile' o 'Y el Mundo Marcha', como a su etapa sonora, a la que pertenecen films como 'Duelo al Sol' o 'El Manantial'.

Precisamente, antes de realizar la única película en la que Jennifer Jones está irresistible, Vidor se atrevió con una superproducción como 'An American Romance', film inédito en nuestros cines, pero emitido en el mencionado ciclo allá a principios de los 90. La película narra la vida y obra de un inmigrante que llega a la tierra de las oportunidades (efectivamente, los Estados Unidos), en la que prosperará económicamente, primero empezando como trabajador en unas minas, y terminando como importante industrial dedicado a la fabricación de coches y finalmente de aviones.

La película, después de un primer pase, fue mutilada por la propia productora, sin tener en cuenta el criterio de Vidor. Así pues, le quitaron 30 minutos, para que al final quedase un film de poco más de dos horas. Y aunque no estamos ante un film que pueda resulta aburrido por su metraje, se nota que está demasiado disperso, centrándose demasiado tiempo en algunas cosas y dejando de lado otras, como por ejemplo la relación del personaje central con sus hijos, a los que sólo se les presta atención a dos de ellos; el resto los va abandonando argumentalmente hablando, haciendo que lleguemos a preguntarnos qué ha sucedido con ellos. Y aunque la película se centra totalmente en su personaje principal,las cosas que le rodean, ya sean negocios, amigos o familiares, están tratadas por momentos demasiado intensamente y en otros como si no importaran demasiado.

Y ya desde el principio, uno se siente incómodo por la entrada en escena del personaje central: en la aduana de los Estados Unidos, sin dinero ni identificación, el protagonista es retenido para devolverlo a su país, hasta que se da cuenta de la situación y protesta enérgicamente diciendo que si le dejan podrá hacer grandes cosas por el país. Acto seguido, los aduaneros, entre sonrisas de felicidad extrema, le dejan pasar. Demasiado fácil y apresurado, incluso forzado. Pero estamos ante una película de propaganda americana así que hay que pasar por el aro. Lo curioso es que todo ese patriotismo, en ocasiones burdo y sin sentido, no le hacía falta a la película, y Vidor se pierde entre tanto mensaje de superación personal y ayuda a un país, considerado como el mejor sobre la faz de la Tierra. Demasiado pretencioso, y a día de hoy, esta cuestión ha envejecido a marchas forzadas. Todo lo que ocurre en la película, cuya historia fue escrita por el propio Vidor, está al servicio de ese mensaje de patriotismo, con lo que muchas cosas están descuidadas.

Incluso la elección de su actor principal, Brian Donlevy, no es del todo acertada, ya que el actor compone un personaje que prácticamente parece una parodia de sí mismo, resultando bastante convincente en el único momento en el que las cosas parecen ponerse feas, y que curiosamente es el único instante en el que el personaje no tiene la razón consigo, y tiene la sensación de que todos se han puesto en su contra. A su lado, Ann Richards, en el papel de su esposa, y cuya historia de amor está narrada a trompicones. Y Walter Abel que se convierte en su mano derecha y buen amigo durante muchos años, aunque su relación parece iniciarse un poco increíblemente. Aún con todo esto, y dado que los mayores problemas del film son de índole argumental y estructural, el trabajo actoral es de lo mejor del mismo.

Como también lo son algunos buenos momentos que nos regala Vidor, quien con esta película vuelve a demostrarnos que uno de sus temas favoritos era la superioridad del individuo por encima de la sociedad, una de las constantes de su cine y que alcanzó su apogeo en 'El Manantial'. 'An American Romance', que incluso tiene un título desafortunado, parece un biopic, evidentemente de nadie famoso, pero que bien podría ser la historia de cualquiera de los inmigrantes que llegaron a Estados Unidos y se convirtieron en importantes hombres para el país que les concedió una oportunidad de triunfar en la vida. Muy bonito todo, pero demasiado facilón, y puede que hasta falso. Y el Cine es una gran mentira, entre otras muchas cosas, pero cuando esa mentira no te la crees, algo falla.

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