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Animación | 'Cuando el viento sopla', de Jimmy T. Murakami
Críticas

Animación | 'Cuando el viento sopla', de Jimmy T. Murakami

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Contraída de forma inconsciente durante el transcurso del prolongado especial que cerré hace algunas semanas sobre el mundo del cómic en el cine, doy hoy pago a la deuda que supuso el olvidar en dicho rincón de Blogdecine el incluir 'Cuando el viento sopla' ('When the Wind Blows', Jimmy T. Murakami, 1986), la adaptación animada a la gran pantalla del demoledor y cáustico cómic homónimo que Raymond Briggs al guión hacía de la novela gráfica que él mismo había publicado en 1982 y que le había valido el amplio reconocimiento de la industria del noveno arte.

Trasladado a serial radiofónico un año después de su aparición en papel, este relato sobre el terror a la bomba nuclear visto a través de la cándida mirada de una pareja de ancianos que se prepara para el holocausto siguiendo las absurdas instrucciones de un par de panfletos gubernamentales, encuentra, tanto en las viñetas como en la asombrosa interpretación cinematográfica que aquí se hace, uno de los alegatos antibelicistas y antimilitaristas más elocuentes de cuántos han podido leerse en cómic o verse en cine a lo largo de la historia de ambos medios. Ahí es nada.

'Cuando el viento sopla', única y sobrecogedora

Cuando El Viento Sopla 1

'Cuando el viento sopla' arranca de forma poco usual con imágenes de archivo reales en las que se ve un convoy militar trasladando lo que parece ser un artefacto nuclear. Un comienzo nada común para una cinta de animación al que dicho epíteto, el de común, se le queda pequeño con muy pocos minutos de metraje. Ello es debido a que, de la misma manera que su contrapartida impresa gozaba de una personalidad única —que encontraba en el personal estilo de dibujo de Raymond Briggs y en lo minúsculo y abigarrado de sus páginas sus más brillantes cualidades—, el estilo animado que aquí se utiliza es de una singularidad incuestionable.

Para ello, el planteamiento del equipo comandado por Jimmy T.Murakami —director que había sido de ese esperpéntico vehículo de ciencia-ficción llamado 'Los 7 magníficos del espacio' ('Battle Beyond the Stars', 1980)— fusiona dos técnicas diferentes en un resultado de una especial belleza plástica: de una parte la animación tradicional que se aplica a Jim y Hilda, los únicos protagonistas del relato, calcándolos con exactitud de cómo Briggs los había caracterizado en las páginas del cómic; de la otra, un uso muy particular del stop-motion que se reserva exclusivamente para los objetos inanimados que componen los fondos.

La mezcla de uno y otro, conseguida con una maestría asombrosa —hay momentos en los que uno se plantea lo ardua que hubo de ser la planificación del rodaje de los fondos para después implantar sobre ellos la animación— otorga al filme una cualidad irreal y fantasmagórica, casi como si de un sueño se tratara; una cualidad que aumenta sobremanera cuando los peores temores del entrañable matrimonio protagonista se hacen realidad y una bomba atómica explota en Inglaterra provocando estragos y dejando tras de sí los efectos del invierno nuclear.

Cuando El Viento Sopla 2

Basada como es lógico en las conversaciones que se cruzan marido y mujer y en alguna secuencia de gran belleza plástica que pone en imágenes las ensoñaciones de ella o, en un breve y espléndido flashback, lo que fue la vida de ambos; son las primeras las que a poco que se rasque sobre ellas, sorprenden por su fuerte contenido crítico ante lo absurdo de la guerra, por la enorme y demoledora elocuencia que encierran las inocentes miradas de los protagonistas ante todo lo que les rodea y por cuánto son capaces de reflejar éstas desde su acotada particularidad una universalidad tan incuestionable como sobrecogedora.

'Cuando el viento sopla' es por todo ello, y por todo aquello que descansa en lo que resulta casi imposible de verbalizar, una joya con mayúsculas del cine animado de todos los tiempos. Una joya que a todo lo comentado añade unas impresionantes capacidades pedagógicas que deberían ser aprovechadas para imprimir en las actitudes más belicosas de nuestra absurda especie la clarísima idea de que la guerra, en cualquiera de sus muchas formas, nunca es solución sino principio y que la vida, esa que hace pocos días le era arrebatada de forma horrible a más de un centenar de nuestros congéneres, es un bien demasiado precioso como para derrocharlo batallando.

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