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'Avatar', la técnica por encima del arte

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He necesitado de varias horas para que las ideas, agitadas por un cegadora montaña rusa visual, reposen y me devuelvan la verdadera y primera impresión de una película tan esperada. Cameron ha utilizado la última tecnología para llevar más allá lo que tan bien sabe hacer: un espectáculo de principio a fin de grandes dimensiones. Pero se ha olvidado que el verdadero cine se hace con algo más que un equipo de ordenadores superpotentes.

No se le puede negar que el tiempo que se ha tomado ha dado como fruto una película propia de la era que vivimos, y quizás todavía muy actual en los próximos años. Un espectáculo cuidado al mínimo detalle: sonido, efectos especiales, tridimensionalidad en estado puro. Hasta aquí, Cameron ha logrado hacer lo que buscaba.

Una película sorprendente en lo visual, que no deja descanso al espectador, que intenta trasladar la acción a una velocidad y con unas piruetas propias del mejor cine de ciencia ficción. Sobresaliente en su puesta en escena, siempre sacando el máximo partido al 3D (aunque no parece ser todo lo que se esperaba), pero tomándoselo tan en serio, como si fuera el único cineasta capaz de utilizarlo sin mesura. No como medio sino como herramienta para acercar al espectador a su historia.

Pero (y aquí viene el fondo de la cuestión) se olvidó que el cine es algo más. Que contar con un presupuesto de otra galaxia (y quizás del ejército de humanos que conquista Pandora) no soluciona la escasez de talento, la ausencia del verdadero genio de un artista que sea capaz de conmover la fibra sensible con un plano, o con una línea de diálogo. Es decir, Cameron, por mucho que nos lo quiera vender, nunca será un Jean Renoir ni un John Ford. Es más un cineasta de ego inconmensurable con gran ojo para los efectos especiales, y capacidad para trasladar un guión de manual de principiantes a unas imágenes sorprendentes.

Sorprendentes si. Pero también horteras, por mucho que se quiera ver a en los Na'vi a unos extraterrestres de concepto vanguardista (con demasiado parecido a la mirada de los animalitos del Disney de la época clásica). Y el mundo donde habitan, ese planeta Pandora que es una gran orgía del horterismo futurista. Un ambiente en tonos verdes y púrpuras, azules y blancos de neón, que nos intenta maravillar y lo consigue, a base de fluorescente cursi.

Pero detrás del artificio no hay nada nuevo. No hay ninguna revolución (como se venía clamando). Hay una película que utiliza una parábola sobre la paz, el respeto al medio ambiente y a las razas con tan escasa originalidad como falta de trasfondo. Con un mensaje tan maniqueo como ingenuo, y prueba de ello es la historia de amor que no podía faltar y que resulta, en los tiempos que corren, del todo ridícula. Un villano sin carisma (pero sí con espectaculares cicatrices, músculos y ganas de disparar a la menor ocasión), un protagonista convertido en la fe a la naturaleza con inusual facilidad (para ser un marine tullido), y unos monstruos bien diseñados, impactantes pero de decorado digital.

avatar 1

Sin embargo, no puedo hablar de decepción plena. Esperaba alucinar con el espectáculo en 3D y por momentos estaba metido de lleno en un videojuego increíble, atrapado en escenas con persecuciones nunca vistas antes, con efectos visuales brillantes (pero no mucho mejores de las vistas antes en cintas en 3D y, a falta de verla en el tradicional 2D, no parece que suponga demasiada diferencia con la común exhibición bidimensional, al contrario de lo que apunta 'Alicia en el país de las maravillas', cuyo tráiler previo a la película me puso el listón muy alto en este sentido). Aunque tampoco podía evitar tener la sensación de que todo ello resultaba demasiado plano, necesitaba apoyar el magnífico decorado en personajes fuertes y no tan sosos (Cameron ha desaprovechado las posibilidades de algunos de ellos, especialmente el protagonista y el villano, como se puede apreciar en el enfrentamiento directo y decisivo que suena a repetitivo hasta la saciedad en el cine, y que suele estar muy presente en películas de dudosa calidad) y en un relato más maduro y profundo. No he sido capaz de encontrar alma a una historia previsible, por momentos engañosa, esquemática y trazada con previsible desarrollo.

Tampoco se le puede negar a Cameron el mérito loable de haber logrado personajes digitales (o virtuales) con un alto grado de integración en el escenario, con gran verismo y convincentes, que resultan especialmente (aquí si) revolucionarios en las excelentes secuencias de persecución (personalmente lo mejor de todo el film y para lo que el director realmente está bien dotado).

Esta reflexión está realizada desde la más profunda sinceridad y he tenido la sensación de que a muchos de los que ya la han visto, piensan igual, aunque uno siempre se quede con la más fácil y común sensación de haber asistido a un soberbio espectáculo donde la historia es lo de menos y la aplastante virtuosidad visual es lo que trasciende. Siempre dependerá de lo que cada uno exijamos a una película.

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