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'Bandidas', Salma Hayek y Penélope Cruz insultan al Western

'Bandidas', Salma Hayek y Penélope Cruz insultan al Western
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Resucitar el western es algo que se lleva intentando desde hace años. A mediados de los 80 Clint Eastwood y Lawrence Kasdan firmaron sus respectivas 'El Jinete Pálido' y 'Silverado', y a pesar de sus buenos resultados comerciales se quedaron más solos que Tom Hanks en 'Náufrago'. En los 90, después de que Kevin Costner arrasara con 'Bailando con Lobos', fueron los mismos Eastwood y Kasdan los que volvieron a intentarlo con 'Sin Perdón' y 'Wyatt Earp'. Hay algún título más suelto por ahí. Incluso yo destacaría 'Tombstone', una pequeña sorpresa por venir de quién viene: el malogrado George Pan Cosmatos, que logró con ella su mejor película. Pero el Western sigue sin resucitar. A pesar de los premios y el éxito comercial de alguna de esas películas, los productores parecen no querer arriesgarse con un género que dio los últimos coletazos con esos films. De vez en cuando sale algún título de segunda categoría destinado únicamente a su explotación en dvd. O incluso tenemos la mala suerte de que alguno de esos títulos se estrene directamente en salas comerciales. Ese es el caso de 'Bandidas', vergonzoso ejemplar cinematográfico, que no sólo desprestigia al Cine en sí mismo, sino que va a lograr que absolutamente nadie se interese por un género que cómo sigamos así, va a dormir el sueño de los justos para siempre. Menos mal que siempre hay alguien interesado en hacer algo al respecto.

Sara Sandoval es una bella y altiva aristócrata mexicana que se ha educado en Europa y disfruta de los privilegios de una plácida existencia. Al otro extremo del espectro social está María Álvarez. Volcánica y rebelde, ella es la deslumbrante hija de un peón de campo. Provienen de lados opuestos de la escala social pero el destino une a estas dos mujeres cuando una banda de pistoleros a sueldo, que trabajan para unos avariciosos barones del ferrocarril, roba las tierras de sus respectivas familias, asesinando a sus seres más queridos. Empujadas por la necesidad, María y Sara forman de mala gana una alianza con la intención de hallar cumplida venganza. Un argumento más que manido par una película que no es más, o eso intenta, que un vehículo para el exclusivo lucimiento de dos actrices como Salma Hayek y nuestra internacional Penélope Cruz. Al respecto decir que las dos salen muy guapas, eso sí, ya está, se acabó. Si esperais que hable de sus cualidades interpretativas vais listos, poque no existen, no hay. De hecho no sabría decir cuál de las dos está más insoportable. Por lo que a mí respecta siempre preferiré a la Hayek, aunque aquí su personaje es totalmente ridículo, y su entrada en escena de lo más forzada. El personaje de la Cruz tiene algo más de coherencia, pero la actriz está verdaderamente inaguantable. Y es que no sé qué demonios le ocurre a nuestra Pe, que cuando se va fuera a rodar películas es totalmente repelente y mala actriz; en cambio, cuando se queda por estos lares, puede llegar a demostrar que conoce el significado de la palabra "actuar". Por lo demás, parece que ambas se lo pasaron de miedo rodando esta película, y eso no es criticable, es más, me parece fenomenal.

El film es de vergüenza ajena de princio a fin. El comienzo es delirante, mientras se van sucediendo los títulos de crédito asistimos a una secuencia que parece sacada de 'C.S.I.' (cualquiera de sus tres variantes, aunque un servidor siente más simpatía por Grissom y su equipo). La escena pretende tener su gracia y resulta original, cosa que evidentemente no es. Simplemente provoca desconcierto, y probablemente nos avisa de que lo qué vamos a ver no es nada serio. Y he aquí otro de los problemas de la cinta, aunque tiene partes de comedia, se toma demasiado en serio a sí misma.

Los responsables de este engendro han sido los debutantes Joachim Roenning y Espen Sandberg, que no quiero ni saber de dónde han salido. Desde ya mismo están en la lista negra de directores peligrosos, y cuando digo peligrosos no me refiero a que sean personas peligrosas, no. Me refiero a que hay que estar alerta para futuros posibles atentados contra la inteligencia del espectador y contra el Séptimo Arte. Algo que queda muy reflejado en algunas de las secuencias de esta película. Por citar sólo un ejemplo, y es que me sonrojo si tengo que citar alguno más, cierto tiroteo que tiene lugar en el interior de un vagón de tren cuando la película está próxima a terminar. A parte del ridículo homenaje a 'Matrix' (y es que esta película ha creado escuela), la escena está mal filmada desde todos los puntos de vista posible, pero sobre todo en lo que respecta a la utilización de la cámara lenta, algo que en el western hacía de maravilla el gran Sam Peckinpah, quién se dede de estar revolviendo en la tumba. En cuanto al guión, si tenemos en cuenta que uno de sus autores ha sido el inefable Luc Besson, que sólo ha hecho una película buena en su vida, pues ya está todo dicho.

A nuestras dos heroínas les acompañan dos actores muy diferentes entre sí. Por un lado Steven Zahn, que ya nos tiene acostumbrados a sus payasadas. Y por otro, el casi siempre efectivo Sam Shepard, que desde luego vivió tiempos mejores, y aquí es una pena verlo metido en la piel de un viejo pistolero protagonizando la que probablemente sea la parte más absurda y vergonzosa del film, la del entrenamiento de las protagonistas para ser atracadoras de bancos. En esa parte, en la que fácilmente podemos apartar la mirada de la pantalla, hay para colmo,un pequeño homenaje a un clásico del western, la maravillosa 'Dos Hombre y un Destino' y una de sus escenas más famosas. Paul Newman y Robert Redford deben de estar asqueándose en estos momentos.

Un auténtico bodrio de lo que hacen historia (y van...) y que en este caso me toca de lleno, por mi eterno amor hacia un género que vivió tiempos gloriosos de la mano de los citados al principio, o volviendo más atrás en el tiempo con otros como John Ford, Howard Hawks, Anthony Mann, Raoul Walsh, Henry Hathaway, Henry King, Budd Boetticher, King Vidor y muchos más. Hay un dicho que es algo así como que "las comparaciones son odiosas". Al cuerno mando yo ese dicho.

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