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'Bienvenido a casa', problemas domésticos

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Tras mudarse a vivir con su novia (Pilar López de Ayala), un joven fotógrafo (Alejo Sauras) comienza a trabajar en una revista donde conoce un grupo muy particular de amigos, incluyendo un periodista deportivo (Jorge Sanz), un crítico de cine ciego (Juan Echanove), una intrépida cronista de sucesos (Ariadna Gil) y un comprometido sindicalista (Julián Villagrán). Con la noticia de que su novia está esperando a su primer hijo, se verá obligado a madurar y aclarar de una vez por todas su relación.

"El amor nace de la costumbre" dice uno de los personajes de esta película y habría que entender que 'Bienvenido a casa' (id, 2006) es una película donde la costumbre de su director y guionista, David Trueba, de admirar y trabajar con Rafael Azcona le ha pasado una mala factura, aunque se aprecie que lo hace de corazón y que resulta fácil apreciar las intenciones de aunar comedia coral con relato íntimo y privado, con retazos de buena escritura perdidos en un guión disperso.

El típico estilo de Azcona está aquí actualizado en forma de comedia romántica sobre la llegada a la madurez - un tema al que no ha sido ajeno Trueba desde su primera película como director 'La buena vida' (id, 1996) - y la reproducción de Trueba, que incluye una fanfarrona galería de personajes secundarios definidos por la excentricidad y hasta por una versión esperpéntica de la ideología, no parecen casar demasiado en una España democrática y precrisis como en la que se ambienta el relato, así que Trueba añade toques e influencias ya presentes desde su primera película, y no es extraño ver en el personaje de Alejo Sauras un eco del Antoine Doinel maduro de 'Domicilio conyugal' (Domicile Conyugal, 1970) de François Truffaut.

Tiene el inglés una palabra exacta para definir lo que sucede al relato de Trueba, pese a que a veces sea ocasionalmente ameno e incluso apreciable, y esa palabra es overwritten. Sus personajes sueltan aforismos memorables todo el tiempo, pero carece del tempo, algo que su maestro rara vez ignoró: velocidad en los diálogos y en las acciones, nunca sucesión de ingenios que hubieran funcionado de modo mejor como palabra escrita. La complicidad de los actores juega a favor, destacando un soberbio Jorge Sanz, torrente cómico que aquí encuentra un papel que bien merecería aventura en solitario, el del canalla e impresentable periodista de deportes incapaz de comprometerse con las mujeres y que proporciona las mejores risas del relato. Es memorable su truco para pedir perdón a las mujeres

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La mezcla de intriga y comedia no ayuda porque diluye la estructura y la capacidad de ahondar en sus personajes, y uno termina apreciando la paciencia inmensa que tiene Pilar López de Ayala con el mentecato protagonista, pero apenas comprende por qué razón decide perdonarlo o por qué no sabemos nada de ella, al margen de que es una chelista bella, dispuesta y pizpireta. Ciertamente, su interpretación, magnífica, suple los agujeros de guión y es notable que lo consiga con tanta facilidad.

Al mismo tiempo, el guión contiene puntuales hallazgos que no conviene desdeñar, como que el arco dramático del protagonista se resuelva con una doble paternidad, y que la llegada a la responsabilidad suceda a través de la toma de conciencia con una desgracia, hacen que la película, al menos, termine con una sonrisa. Así pues, película-ensayo y película-fallida, pero también con algunos pequeños encantos.

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