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'Candy', días de vino y rosas

'Candy', días de vino y rosas
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Con un pelín de retraso, como ya es costumbre desde hace siglos, nos llegó el pasado viernes 'Candy', película australiana sobre el mundo de la heroína y sus fatales consecuencias. Si bien podríamos encontrarnos ante un film de las mismas características que la magnífica 'El Hombre del Brazo de Oro' o 'Hasta el Límite', por poner dos ejemplos de films sobre drogadicción, lo cierto es que el referente más claro de esta película es 'Días de Vino y Rosas', de Blake Edwards, esa impresionante obra maestra sobre el mundo del alcohol reflejado en una pareja de enamorados, interpretados increíblemente por Jack Lemmon y Lee Remick.

'Candy' es más o menos lo mismo, pero con heroína corriendo por las venas en vez de alcohol, y aunque ni de coña llega a la misma altura que el famoso film de Edwards, sí es verdad que después de su visionado uno no se queda precisamente bien. La Candy del título es una jovencita aspirante a pintora que se empareja con Dan, un vive la vida adicto a la heroína, lo cual comparte con su preciosa novia. Ambos se quieren con locura, y ambos se drogan con pasión, pero pronto empezarán a sufrir las horribles consecuencias de tan caro vicio, llegando a hacer cualquier cosa simplemente por darse un "viaje" más.

'Candy' se divide en tres actos, Cielo, Tierra e Infierno, los nombres que aquí reciben los clásicos planteamiento, nudo y desenlace, y que simbolizan perfectamente el viaje de nuestra pareja a través del mundo de la heroína. Neil Armfield, su director viste toda la película de un aire de cine independiente que no le queda nada mal, dando la sensación de que el propio film sufre con los protagonistas, y se sustenta sobre todo en lo bien que se compenetran los dos actores principales. Por un lado el archiconocido Heath Ledger, al que yo siempre he defendido como actor desde prácticamente sus comienzos, está bastante bien, dando vida a ese caradura que ama locamente a su novia, pero que es incapaz de mover un dedo para conseguir un trabajo cuando lo único que le interesa es olvidarse del mundo y sus problemas viajando gracias a la heroína.

Pero Abbie Cornish, vista en 'El Buen Año', es realmente la reina de la función, la verdadera droga de la película, una actriz en estado de gracia componiendo a la perfección, y sin ningún tipo de artificio o exageración, un personaje lleno de matices. Cornish resulta hermosa, triste, desesperada, loca, y logra transmitir casi sin esfuerzo por lo que su personaje pasa y que logremos entenderla. Es en sus momentos con Ledger donde se encuentran los mejores momentos del film, ya estén drogados, peleándose, intentado desintoxicarse, o totalmente limpios. Como si de una droga se tratase, el espectador sólo quiere ser testigo de las andanzas de estos dos personajes cuando están juntos sin importar todo lo demás.

En un papel secundario tenemos a Geoffrey Rush, como un profesor que además ejerce de suministrador y también consumidor de la sustancia anhelada por la joven pareja. Rush nos ofrece una de sus buenas interpretaciones, y además no cae en el histrionismo, algo en lo que podría haber caído fácilmente dadas las particularidades del personaje que interpreta, apareciendo lo justo y necesario.

Es posible que en algunos momentos el film se quede un poco estancado, y la acción no avance hacia ningún lado, como también se da el hecho de que algunas de sus partes están planteadas como pequeños bloques ya preparados, sin que nos sorprenda nada de lo que suceda. Aún así, una película correcta, muy llevadera y que habiéndose estrenado en medio de la arañita y los piratitas, no creo que tenga mucha suerte en las carteleras. Además, no es una historia fácil ni amable, no se anda con concesiones al espectador, es dura y directa, y al acomodado espectador no le gusta demasiado que le estampen la verdad en la cara, por lo menos de una forma tan brutal.

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