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Ciencia-ficción: 'Rollerball ¿Un futuro próximo?', de Norman Jewison

Ciencia-ficción: 'Rollerball ¿Un futuro próximo?', de Norman Jewison
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Comentaba el pasado jueves en la entrada correspondiente a 'Divergente' ('Divergent', Neil Burger, 2014) que una de las funciones más obvias de la ciencia ficción ha sido —y será— servir de válvula de escape y crítica hacia las realidades sociales que, en el momento de concreción de una obra, rodeaban a la misma. Esta mirada se ha llegado a arropar tanto en literatura como en cine de muy diferentes formas, siendo una de las más usuales la descripción de un futuro distópico que ponga de manifiesto, con mayor o menor fortuna, la carga crítica con la que se arremete contra el sesgo de realidad que corresponda.

Ejemplo muy interesante de lo que el género arroja en este sentido, 'Rollerball' (id, Norman Jewison, 1975) es uno de esos filmes que se comprende —aunque, como es el caso, sólo sea en parte— si se considera la década en la que se produjo, jugando la cinta de Norman Jewison en términos desiguales dependiendo de si lo que se analiza es aquello que corresponde al ficticio juego que da nombre al filme o nuestra atención se centra en lo que el resto de la producción postula acerca de esa sociedad futura comandada por un estado de corporación global que sólo busca mantener adocenada a la población.

Al pueblo, pan y circo

Rollerball 1

Una posibilidad ésta que con el paso del tiempo ha adquirido espeluznantes tintes de realidad en este mundo globalizado en el que vivimos y que en manos de Jewison y el guionista William Harrison queda puesta de manifiesto a través de la sutileza y la insinuación, armas (casi) impensables en el cine de hoy en día, ese que todo tiene que darlo bien mascado no vaya a ser que el espectador medio tenga que pensar en exceso y se le agoten más neuronas de la cuenta tratando de sonsacar significados de diálogos y situaciones en los que la ambigüedad y la metáfora son norma.

Tanto es así, que en 'Rollerball' resulta indispensable ir montando el puzzle que conforma esa distópica situación futura a partir de las piezas que quedan diseminadas a lo largo y ancho del metraje. Efectuado éste trabajo, estaremos en condiciones de aprehendernos de ese mundo en el que, como decía, un estado-corporación ha logrado imponer una paz duradera y un control férreo sobre la población a través de un sangriento y violento juego que ha sustituido a todas las disciplinas deportivas de equipos y ha acabado con los conflictos bélicos, sirviendo de válvula de escape a los más primarios instintos del ciudadano de a pie.

Pero, como no podía ser de otra manera, lo que el Rollerball oculta tras su fachada de "entretenimiento" es la voluntad de aquellos que están en el poder de demostrar a la masa la futilidad de los esfuerzos individuales, un mensaje que, visto hoy, se posiciona de rabiosa actualidad y que habla mucho, y muy bien, de las lecturas acerca del ser humano y la sociedad que la ciencia-ficción puede llegar a ofrecer de manera anticipada cuando así se lo propone.

'Rollerball', jugando en frentes bien diferenciados

Rollerball 2

Como apuntaba al comienzo de la entrada, y ciñendo el discurso al campo puramente visual, 'Rollerball' funciona mucho mejor cuando la cinta discurre en los estadios en los que se juega el cruento "deporte" que en las secuencias destinadas a desarrollar personajes —unos personajes muy esquemáticos, todo sea dicho— y a exponer los modos en los que la sociedad vive en el tiempo en el que tiene lugar la acción. Dichos momentos son los que peor acusan el paso del tiempo y los que, por tanto, más ligados quedan a la estética setentera, aunque sea de agredecer la austeridad que, puntualmente, se consigue en su visualización.

Cargada esta vertiente de la cinta sobre los muy válidos hombros de un espléndido John Houseman, y con James Caan haciendo lo propio en la parte de los juegos de la trama, es en esta dónde reside el mayor interés cinematográfico de la producción, logrando Jewison exponer con precisa claridad narrativa todo aquello que va acaeciendo en la arena en la que esos gladiadores —espectacular el trabajo que llevaron a cabo los especialistas en todas las secuencias— sobre patines y motocicletas se dejan la vida.

Combinando en el terreno musical sonoridades propias de la década con las formas clásicas de la Tocata y Fuga en Re Menor de Bach, 'Rollerball' es uno de esos filmes que gana con la distancia por mucho que haya quedado ligado, en parte, a la época en la que se produjo: lo que propone y, sobre todo, cómo lo propone, es capaz de trascender el paso de los años y situar a la cinta como una de esas estaciones de muy recomendable peregrinaje a las que el aficionado al género de la ciencia-ficción debería aproximarse en algún momento.

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