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Ciencia-ficción: 'The Angry Red Planet' de Ib Melchior
Críticas

Ciencia-ficción: 'The Angry Red Planet' de Ib Melchior

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En marzo de este año falleció Ib Milchior, novelista, guionista, productor y director de obras de ciencia-ficción. Su labor en el campo de los largometrajes se reduce a dos films dentro del género, ‘Los viajeros en el tiempo’ (‘The Time’ Travelers’, 1964), y la que hoy nos ocupa, ‘The Angry Red Planet’ (1960), un film de abierto carácter pulp, que relata la aventura sufrida por cuatro astronautas en Marte, el planeta de moda durante estos días gracias a la popular, nunca mejor dicho, película de Ridley Scott. El film de Milchior va por otros derroteros.

La película es una de las típicas producciones, de corte fantástico, salidas de la productora AIP (American International Pictures), comandada por James H. Nicholson y Samuel Z. Arkoff y que, entre otros, dispararon la carrera de directores como Roger Corman, sin duda el más célebre de lo que por allí pasaron. Con un presupuesto de 200.000 dólares y nueve días de rodaje, Milchior se lanzó a su primera aventura de ficción. Los resultados son bastante mediocres, aunque pueden apreciarse con cierta simpatía.

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‘The Angry Red Planet’ da comienzo con la noticia del regreso de una nave tripulada desde el planeta Marte, y sobre la que no se tenía contacto desde hacía tiempo. Esa parte mezcla imágenes documentales con escenas del film, tal vez con el propósito de dar a entender cierta “verdad” en lo narrado, como si se hubieran documentado seriamente al respecto. Muy pronto el film —de 83 minutos de duración— se pasa al lado de la ficción pura y dura, con el relato de una de las supervivientes, la doctora Iris (Naura Hayden), donde reside el verdadero interés del relato. ¿Qué le sucedió a la tripulación y qué es esa extraña sustancia que trae consigo uno de ellos?

Cutre, simpática y olvidable

A pesar de estar fotografiada por un maestro de la fotografía —Stanley Cortez, que trabajó con Orson Welles, Charles Laughton y Samuel Fuller, entre otros—, que le sabe dar el colorido adecuado a la cinta, muy típico en aquellos años, el film evidentemente es muy cutre. Puede apreciarse en esa planta carnívora que intenta comerse a Iris, y que es destruida a golpe de machete. Otros, como esa especie de roedor arácnido gigante, tienen un evidente encanto, aunque no pueda apreciarse del todo debido a la fotografía utilizada cuando la acción se desarrolla en la superficie del planeta rojo.

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Esas partes fueron filmadas mediante un proceso llamado Cinemagic —que de mágico no tenía nada— mediante el cual se unía imagen real con dibujos. Aunque el intento es loable, e incluso imaginativo, los resultados distan mucho que desear, y en casi su totalidad no deja ver con claridad qué está sucediendo en pantalla. La imaginación al poder. Qué conste que tal proceso fue causa del azar durante el proceso de filmación, al realizar una doble exposición en la película que le dio el aspecto que se puede apreciar en la misma.

Como en mucha de la ciencia ficción coetánea, el film va derivando de la aventura pura y dura a la denuncia, con mensaje final incluido. El ser humano sólo provoca, a ojos de los marcianos —atención a ese inquietante plano de lo que parece una ciudad en Marte—, caos y destrucción tal y como demuestra nuestra historia, así que peleémonos entre nosotros y dejemos a los demás —en concreto su planeta— en paz. Total, acaba de ir Matt Damon hace poco, a hacer un curso intensivo de supervivencia para el canal MEGA y allí ya no queda nadie.

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