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'Cinco metros cuadrados', medio siglo después de 'El pisito'

'Cinco metros cuadrados', medio siglo después de 'El pisito'
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Se ha estrenado esta semana el drama crítico social de Max Lemcke, 'Cinco metros cuadrados', película a la que le tenía muchas ganas, por el tema que trata y por su dúo protagonista: Malena Alterio y Fernando Tejero. Como ya lo hicieran José Luis López Vázquez y Mary Carrillo en esa obra maestra escrita por Rafael Azcona y dirigida por Marco Ferreri, titulada 'El pisito' (1959), de la que hablé de refilón hace un par de años, los protagonistas encarnan a una pareja entrada en años –aunque los personajes dicen tener menos edad que los actores– que espera para casarse hasta obtener su vivienda en propiedad.

Si bien algunas cuestiones se han modificado en estos cincuenta y dos años, el problema de la vivienda es hoy día tan acuciante como entonces, por lo que la película mantiene su razón de ser y sigue partiendo de una premisa interesante. El film de Ferreri e Isidoro Martínez Ferry presentaba una injusticia que indignaba sobremanera, pero por encima de todo, encontrábamos la historia humana de dos seres desgraciados y sentíamos, junto a ellos, todas sus frustraciones. El guion escrito por Pablo y Daniel Remón, sin embargo, hace prevalecer el mensaje por encima de la ficción, resultando muy obvio y haciendo gala de un trazo excesivamente grueso. El drama se percibe de forma muy epidérmica: la pareja protagonista no deja de ser un vehículo que saca a la luz la corrupción y el desamparo judicial, pero no terminan de funcionar como personas reales por las que sentir apego.

En esta línea de irrealidad encontramos unos diálogos muy poco naturales –baste con citar la frase que abre la película: "¿Qué te impide ser feliz?", pronunciada por un constructor mientras a duras penas camina por el campo–, a veces porque trasladan directamente la idea subyacente y otras veces porque su construcción es literaria en exceso. Precisamente, el hecho de que la situación reflejada sea tan común e irritante y por ello, la crítica tan necesaria y fácil de comprender, debería haber servido a sus creadores para confiar más en la capacidad del espectador para captar las sutilezas. La naturalidad aparece únicamente en las escasas ocasiones en las que el director deja espacio al humor o al costumbrismo.

Cinco metros cuadrados

Más humor le habría dado mayor credibilidad

A pesar de que no se ha desdeñado su tirón comercial, sí se ha huido de gran parte de la comicidad que cualquiera esperaría encontrar al ver en un cartel a una pareja que ha hecho reír tanto en televisión. Supongo que la decisión de dirección de actores tenía la intención de que la película aparentase tener mayor importancia y calidad. Pero opino que el humor le habría dado mayor credibilidad en lugar de restársela. No es aquí mi predilección hacia la comedia la que habla, es que a 'Cinco metros cuadrados' le falta humanidad, le falta soltura y una mayor cabida a la risa –algo de cabida sí se da– podría haber ayudado con estas cuestiones. La película y su capacidad crítica se habrían beneficiado de un mayor acercamiento hacia la tragicomedia, es decir, de tirar del humor, pero sin perder nada del drama, ya que no resultaría tan estirada, los diálogos sonarían más verosímiles y sería más fácil compartir la desesperación de los protagonistas.

Max Lemcke declaró que tenía dudas, en un principio, con respecto a Fernando Tejero. Es probable que por ese motivo lo haya dirigido de una forma bastante distinta a la que estamos acostumbrados a ver en el cómico, hecho que el actor quizá también aceptaría de buen grado, pues será el mayor interesado en "desencasillarse" –que no quiere decir salirse de sus casillas–. De ahí que su interpretación dé lugar a un personaje seco y poco cercano. Con la idea de llevarlos a otro terreno, lo que se ha hecho es sacar poco partido de ellos, especialmente de Malena Alterio, una actriz de gran vis cómica y capacidades interpretativas, que aquí cuenta con un personaje del que se obtiene poco jugo. Intérpretes como Emilio Gutiérrez Caba o Manuel Morón no ayudan a que esas frases tan artificiales suenen más verosímiles. Sí lo consigue con bastante mérito Jorge Bosch, pero sorprende que incluso alguien como Secun de la Rosa suene forzado.

Malena Alterio en Cinco metros cuadrados

Conclusión

El tener algo que decir, una crítica que hacer o una situación injusta que reflejar, no debería estar reñido con contar una historia. La ficción permite difundir cuestiones y movilizar a las personas, pero se diferencia de otros caminos en que lo hace a través de unos personajes que deben sonar a auténticos y de su historia particular, que conmoverá tanto que luego podrá extrapolarse a la de todos los otros ciudadanos en situaciones semejantes. Si se desaprovecha esa posibilidad, es probable que la intención principal se cumpla menos, es decir, que, aunque suene paradójico, no por decir las cosas más claramente se marcarán más que por decirlas de una manera menos directa.

Ya declaré que acudí al cine con entusiasmo y me encontré con un film mucho menos entretenido del que esperaba. Aunque hallé en 'Cinco metros cuadrados' todo lo que pudiese suponer que iba a encontrar por separado, esos elementos no formaban un conjunto efectivo para mí. La escasa cercanía con los personajes y un planteamiento muy marcado y repetitivo hicieron que su breve duración pareciese más larga. Ni siquiera el fantasioso final sirvió como la catarsis que pretende ser. A veces nos preguntamos cuándo podemos llamar a una película "fallida" y cuándo, simplemente, mala. En un caso en el que se parte de un buen material y se tiene prácticamente todo para que salga bien, pero no termina de resultar, me parece que el primer adjetivo es el adecuado. Quizá esos elementos que en la teoría la convierten en una buena película fueron los que se consideraron a la hora de entregarle casi todos los galardones en el Festival de Cine Español de Málaga. O quizá a aquellos espectadores sí les llegó.

Mi puntuación:

2
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