John McClane arrastrándose por el túnel de ventilación, en camiseta de tirantes, es pura historia del cine. A todos nos gusta 'Jungla de cristal', y los homenajes constantes no son sino una muestra de admiración absoluta. Eso sí, hasta para homenajear hay que tener clase: no es lo mismo tomar un par de escenas como base que, básicamente, fusilar el guion entero. Eso es lo que hace 'Cleaner: Rescate Vertical', una película que solo impresionará a los que nunca entraron en el Nakatomi.
Jungla de cris-mal
Lo siento mucho por Daisy Ridley, a la que después de 'Star Wars' le está costando encontrar el sentido a su carrera, porque se nota que confía en 'Cleaner' como su pasaporte a convertirse en heroína de acción. Ojalá la película confiara tanto en ella. Las peleas están bien coreografiadas y su actuación es más o menos cumplidora y carismática, pero ella, por más ganas que le ponga, no es la elección apropiada. Tampoco puede hacer mucho más, eso es cierto, con el guion que le ha caído, un libreto que se centra en convertir a un grupo de activistas en los villanos de la función y a los ricachones millonarios en las víctimas. Podría haber sido una fábula moral o jugar mejor con los grises de sus personajes, pero, más allá de algunas escenas (incluyendo el final), los matices brillan por su ausencia.
¿Cómo asegurarnos de que el público no apoya a los activistas que no buscan dinero, sino que los billonarios del mundo, a los que han secuestrado en plena fiesta, reconozcan sus fraudes y pecados delante de la cámara? Por supuesto: convirtiendo a su líder en un psicópata asesino que pretende volar el edificio por los aires. Por suerte, ahí está la limpiadora de ventanas con entrenamiento militar para salvar el día y cargarse a todo el que pille por el camino. Es una película de acción tontuela perfecta para ver un domingo a la hora de la siesta, pero ese es el mayor halago que se le puede hacer.
Y es una pena, porque tras las cámaras de 'Cleaner' está uno de los mejores directores de acción de los 90 y los 00: Martin Campbell. Pero aquí no hay ni rastro de 'Goldeneye', 'Casino Royale', 'La máscara del zorro' o, más allá del título, 'Límite Vertical'. La mano de Campbell no es que esté aquí diluída: se muestra absolutamente inexistente, con unas escenas de acción, en su mayoría, funcionales, muy básicas, poco arriesgadas y menos creíbles aún, que sirven como entretenimiento tan solo para aquellos que se conforman con una sinfonía de explosiones, tiros, cristales rotos y porrazos en la nuca que podría estar sacada de cualquier cinta de acción de los últimos veinte años.
Yippi-ka-yei, otra vez
Al final, la película no consigue ninguno de sus objetivos. No consigue dar sensación de vértigo ni teniendo a su protagonista colgada en un piso 38, ni tampoco que estemos nunca del todo de su lado (especialmente en las insufribles escenas donde aparece su hermano, un deus ex machina doloroso), o que nos creamos del todo la supuesta amistad repentina entre ella y la policía que copia vilmente la de John McClane y Al Powell, solo que dejando a un lado la garra y la personalidad propia. Es como si hubieran copiado el guion de 'Jungla de cristal', pero dejándose por el medio todo lo que la hacía especial, quedando tan solo un triste imitador de marca blanca.
Quizá en otras manos que no dependieran tanto de su propio éxito hace dos décadas, 'Cleaner' hubiera resultado mejor. Sin embargo, cae continuamente en tópicos ya pasados de moda, desde la hacker que es capaz de entrar en todos los accesos tecleando un par de códigos hasta un terrorista que coge el teléfono a la policía haciendo bromitas repletas de confianza. Es como un viaje a los años 90, pero no a la parte divertida, sino a las películas a las que ibas por descarte y de las que salías habiendo echado la tarde, sin volver a pensar en ellas el resto de tu vida. Esta tiene algunos momentos logrados de acción descerebrada, pero empañados por una continua sensación insípida: no sabe a nada, porque tampoco intenta siquiera hacerlo.
Si la película hubiera tratado simplemente sobre una limpiadora de ventanas que se enfrenta a unos villanos que han tomado su edificio, copia o no copia de otras películas, la habría aplaudido como divertimento simple. Sin embargo, 'Cleaner' trata de resistirse a su propia definición y se lía ofreciendo trasfondos de personaje que no van a ningún sitio, relaciones forzadas y diálogos que solo dejan claro lo obvio: la magia de 'Jungla de cristal' es que parece sencillo lograr su fórmula alquímica. La copia barata es fácil de hacer, pero el perfeccionamiento es muy, muy complejo. Sobre todo cuando ni siquiera hay intención de conseguirlo.
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