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'Código fuente', Duncan Jones baja a la Tierra después de 'Moon'

'Código fuente', Duncan Jones baja a la Tierra después de 'Moon'
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Hace unas semanas estuvieron en Madrid Duncan Jones y Jake Gyllenhaal presentando su nuevo estreno, ‘Código fuente’ (‘Source Code’, 2011). Sus palabras de ánimo, ante un público juvenil y aficionado —supongo que para la prensa tendrían otro discurso preparado— fueron que la película que iba a proyectarse a continuación era trepidante y no dejaba un segundo de respiro.

No digo que no tuviesen razón o siquiera que sus apreciaciones fuesen exageradas, pues quizá lo bueno de ‘Código fuente’ es que mantiene un buen ritmo a lo largo de prácticamente todo su metraje, gracias al montaje del veterano Paul Hirsch. Sin embargo, esa emoción sostenida se puede quedar en nada cuando llega el final y se observa la película hacia atrás, como conjunto. Alguien acostumbrado a viajes en el tiempo y juegos similares puede abandonar la sala con ganas de que la premisa se hubiese explotado más.

‘Moon’ supuso una refrescante propuesta con loables ambiciones y grandes ideas detrás, a pesar de que a mí no me dijese tanto como a la mayoría de los espectadores. En el lado opuesto, este siguiente trabajo de Jones cuenta con un desarrollo más extenso y válido para un largometraje, pero se queda en menos en cuanto a su significación y envergadura. Quizá se ha forzado demasiado al británico hacia lo comercial o ha sido el propio autor quien, con esos condicionantes, no ha sabido dar todo de sí mismo. O también es posible que esa frescura se pierda tras la primera vez. Las expectativas con las que dejó entonces sobre el cine que podría llegar a hacer este debutante se han quedado en poco.

Código fuente

Atrapado en 8 minutos de tiempo

Por culpa de la excusa científico ficticia, la estructura de la película no tiene más remedio que ser reiterativa, de forma muy similar a la de ‘Atrapado en el tiempo’ (‘Groundhog Day’, 1993) y, algo menos, a la de ‘El efecto mariposa’ (‘The Butterfly Effect’, 2004) o ‘Déjà Vu’ (2006).

Al igual que en el film protagonizado por Bill Murray, el personaje de Gyllenhaal va aprendiendo de sus previos errores e incorporando sus conocimientos para interactuar con los seres que viven esa experiencia siempre por primera vez. No obstante, lo que allí resultaba jocoso y divertido de ver, en este caso acaba por cansar. Los autores, conscientes de ello, en seguida pasan al montaje resumen. Pero es entonces cuando deben buscar algo diferente que contar y con ello la premisa se pierde y la película comienza a hacer aguas. Sacar más partido a esas repeticiones, con variaciones más profundas, habría resultado más interesante que claudicar ante su inevitable agotamiento para pasar a otra cuestión. Un guionista bastante menos veterano que el montador, Ben Ripley, no ha sido capaz de llegar a eso.

Código fuente

Aspectos estéticos

Con una producción mediana, que cuenta con explosiones y efectos, pero que no es muy espectacular, la película es correcta en lo visual. Algunas de las decisiones de Jones, como un congelado que no os pasará inadvertido a nadie, se podrían discutir. Pero el director sale del paso con una realización competente. La casi total unidad de espacio provoca que el producto no se despegue por completo de esa sensación de amateurismo que en ‘Moon’ favorecía, pero que aquí no acompaña.

En el apartado actoral, Gyllenhaal ofrece el nombre de categoría para que ‘Código fuente’ pueda considerarse como producto de éxito y Vera Farmiga, tras su llamativo papel en ‘Up in the Air’, refuta esa calidad del reparto. Michelle Monaghan y Jeffrey Wright, sin embargo, rebajan este aspecto, no porque sus interpretaciones no sean correctas, que lo son, sino por cuestiones de fama y caché.

Código fuente

Las clásicas pegas

He comprobado a lo largo de años, ya sea charlando sobre las películas con amistades al salir de verlas o leyendo vuestros comentarios y las críticas de otras personas, que las tachas a la verosimilitud que se suelen tener no son comunes ni están generalizadas, salvo excepciones que se darán cuando un fallo clame al cielo. Quizá yo salgo del cine con algo en la cabeza que me ha chirriado tanto que no he podido disfrutar de la historia, pero otros salen protestando por una incongruencia que no he visto, mientras que la mía se les ha pasado por alto.

Así puede ocurrir con ‘Código fuente’ y por ello sé que mis reparos no suponen un argumento suficiente como para desmontar la película, sino que son cuestiones que debo hacer un esfuerzo por dejar pasar para poder entrar en la historia. De todas formas, las detallo a continuación por si alguien más pensó lo mismo. No habría que leer lo que viene a continuación sin haber visto la película, no solo por lo que pueda destripar, sino más que nada porque, yendo con ello pensado de antemano, la pega surgirá con seguridad:

Una de ellas se refiere a la estrategia de los que envían al protagonista a encontrar al artificiero. Si es una persona que, esa misma tarde va a poner una bomba en otro lugar, lo primero que tiene que quedarles claro es que no se trata de un terrorista suicida —vamos, por aquello de que los muertos no pueden poner bombas—. Para no suicidarse, la única opción que le queda al criminal es dejar la bomba y abandonar el tren. Con esta noción, a la cual es fácil llegar, el plan desde el principio debería haber sido buscar a alguien que se baja del tren. Sin embargo, Gyllenhaal por orden de sus superiores, siempre busca entre los pasajeros que permanecen a bordo.

La otra pega —aparte de algunas minucias que no merece la pena detallar— es más discutible, pues entramos en las teorías físicas de los universos paralelos. Me parece perfecto que al final él tenga su vida alternativa, feliz y maravillosa, pero ¿desde cuándo un universo puede comunicarse con otro vía SMS?, menuda cobertura hay entre dimensiones. Está claro que se trata de una licencia de los autores, pues sin ella no podría haber final, y ya dependerá de cada uno si la dejamos pasar o no (Fin del spoiler).

Conclusión

Como digo, ninguna de estas objeciones desmonta o desacredita la película, pues creo que el relato de ciencia ficción cien por cien verosímil para toda la humanidad —incluidos científicos de distintas vertientes— no se puede escribir. Pero lo que sí rebaja, desde mi punto de vista, la calidad del conjunto es que se podría haber extraído más del punto de partida, se podría haber ido más allá. En definitiva, ‘Código fuente’ se queda en una propuesta facilona y complaciente, con un final algo forzado. Entretenida es y en su inicio resulta muy sorprendente, pero de ahí en adelante no sube. Producto palomitero para disfrutar en grupo o para alquilar cuando aparezca en formato doméstico.

Mi puntuación:

2

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